FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

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Despedida de Viena en bicicleta

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 09-01-2010 en General. Comentarios (1)

Aquel 28 de septiembre fue nuestro último día en Viena. Fue una jornada que aprovechamos al máximo. Para ello alquilamos una bicicleta con la que nos movimos por la ciudad. Era la manera perfecta de despedirnos de la capital austriaca. Después de una treintena de kilómetros, devolvimos las bicicletas y emprendimos el viaje a Bratislava, donde comenzaba nuestra vuelta a casa al día siguiente. Después de diez días de viaje, el periplo europeo tocaba a su fin.

 

Aquella mañana, como de costumbre, también madrugamos. A eso de las nueve de la mañana salíamos del albuerge después de desayunar. Lo primero que hicimos fue buscar una tienda de alquiler de bicicletas situada en las proximidades. Como era nuestra última jornada en la ciudad, quisimos celebrarlo dando un buen paseo por las zonas más turísticas y por otras algo más alejadas a golpe de pedal. A las diez de la mañana estábamos subidos en nuestros vehículos cual Perico e Indurain.

 

Lo primero fue habituarse al sistema del carril bici 

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La verdad es que es un lujo ir en bicicleta por esta ciudad. Todas las calles principales tienen carriles especiales. Además hay semáforos, cedas el paso, cambios de sentido, indicaciones... Vamos, como en la mayoría de ciudades españolas. Así que con tanta preparación no fue difícil desenvolvernos con nuestro nuevo medio de trasnporte.

 

Llevábamos buen ritmo, aunque cada poco parábamos a tomar fotos

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Detalles del cafe Rudiger Hof, de estilo modernista

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Al principio de la excursión nos dejamos llevar por la ruta que nos aconsejaron donde alquilamos las bicis. Era una zona tranquila, sin apenas tráfico y nos llevaba directamente a la zona del mercado. Allí, entorno a la calle Linke Wienzeile, también se levantan unos cuantos edificios ideados por Otto Wagner. Así que fue como matar dos pájaros de un tiro: Hacernos a la ciudad en bici y seguir los pasos del arquitecto, que a estas alturas ya era como uno más de la familia.

 

La arquitectura seguía impregnando el recorrido vienés

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Detalle de una de las casas ideadas por el tío Wagner

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Aprovechamos la situación y nos metimos en el mercado

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En un bar del mercado hicimos una pequeña parada para tomar un café. También aprovechamos para planear el resto del paseo en bicicleta. Desde allí, nos dirigimos en busca de otra de las joyas arquitectónicas de la ciudad. La casa de Hundertwasser.

 

Levantando las manos por la arquitectura creativa

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De camino a las afueras, vimos más señas modernistas

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Y tras un par de kilómetros llegamos a la Hundertwasserhaus

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Este peculiar edificio fue ideado por Friedensreich Hundertwasser a principios de los años ochenta. A parte de los colores y las formas irregulares, se combina la existencia de plantas en el interior del edificio. Un auténtico derroche de creatividad que no nos sorprendió gratamente.

 

Cargando el instrumento, otra visión de la creatividad vienesa

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Vista parcial de la Hundertwasserhaus

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La verdad es que quedamos alucinados con la obra de este vienés. Así que pensamos en seguirle la pista por la ciudad, donde tiene algún que otro edificio. Para ello nos dirigimos hacia una alta y llamativa torre que veíamos a lo lejos. Para llegar hasta allí tuvimos que recorrer unos cuantos kilómetros a orillas del canal del Danubio.

 

A veces parecía que cruzábamos el Bronx de Viena

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La incineradora de Viena, obra Hundertwasser

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Cuando llegamos allí estábamos algo cansados de tanto pedalear. A lo tonto y a lo bobo llevábamos unos quince kilómetros en las piernas y el ejercicio nos había abierto el apetito. Junto al curioso edificio comimos un bocadillo que nos supo a gloria. Luego continuamos con el paseo en bicicleta.

 

Otro de los puentes de metro diseñados por Otto Wagner

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Poco a poco fuimos regresando al centro, al fondo la incineradora

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El paseo después del bocadillo fue más que improvisado. Nos olvidamos del mapa y nos dejamos llevar por la intuición. De vez en cuando seguíamos las calles más concurridas. Otras, seguíamos por zonas casi peatonales. Estábamos disfrutando como niños.

 

Por casualidad dimos con esta vivienda modernista

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Y vimos un parque wifi en la plaza de Sigmund Freud, cosas de europeos

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También nos dejamos caer por el banco nacional de Austria

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Los kilómetros caían entre calles solitarias y otras más tumultosas

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Después de recorrer los alrededores de la zona central, decidimos que había llegado el momento de meternos en pleno casco histórico con la bicicleta. Ya que estábamos de despedida, teníamos que decir adiós a esta zona repleta de callejuelas y edificios portentosos.

 

La bici nos llevó hasta las puertas del parlamento

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Después de callejear un rato, llegamos al reloj Anker, construido en 1914

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Del modernismo al románico o la iglesia mas antigua de Viena, San Ruperto

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El paseo continuó por el centro de Viena

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Donde a veces teníamos que apearnos de la bici

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Bucando una sinagoga encontramos esta llamativa imagen ¡Redios!

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Como si las bicicletas fueran para Viena

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El tiempo ya corría en nuestra contra. La tarde avanzaba y las horas de estancia en Viena llegaban a su fin. Teníamos pensado dejar las bicis antes de que anocheciera para despues ir a dormir a la vecina Bratislava. Así que apuramos los últimos instantes para tomar una cerveza y decir hasta la próxima a esta ciudad que también nos había dejado encandilados.

 

Apurando los reflejos de Viena

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Le dijimos hasta luego al palacio de Hofburg

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De camino a la tienda de alquiler, pasamos por el barrio de los museos

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Y en vez de seguir la ruta más frecuentada, optamos por otra más tranquila

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Lo de tomar las calles menos frecuentadas lo hicimos para que los últimos pedaleos por la ciudad no fueran estresantes. El paseo fue más tranquilo y también más corto. Cuando aún nos quedaba un kilómetro para llegar, el que suscribe pinchó la rueda delantera. Cosas del directo.  

 

Caminando con la bici de la mano o curiosas viviendas

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Myriam haciendo gracias cerca de la tienda de alquiler

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Devolvimos las bicicletas y regresamos al alberge a por las mochilas. Desde allí tuvimos que tomar un par de tranvías para llegar a la otra punta de la ciudad, donde está la estación del sur. Desde allí partía nuestro tren a Eslovaquia.

 

Después de la etapa el cansancio se reflejaba en nuestras caras

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Ya en la estación, compramos un par de billetes para Bratislava. Allí pasaríamos la noche antes de emprender el viaje de vuelta a casa que nos llevaría por Brno (República Checa) y Londres. De camino a la capital eslovaca una cierta sensación de tristeza nos invadió. No solo dejábamos atrás Viena. Lo peor es que el final del viaje y de las vacaciones estaba a la vuelta de la esquina. 

Viena la vieja, sus canales y norias

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 02-01-2010 en General. Comentarios (3)

Después de pasar la mañana de domingo entre palacios y templos modernistas, llegaba el momento de conocer a fondo el centro histórico de Viena. El día anterior ya habíamos paseado por estas estrechas calles, pero nos había sabido a poco. Así que teníamos que repetir la experiencia para empaparnos al máximo del ambiente imperial que impregna la capital de Viena. Aquella tarde también aprovechamos para conocer la zona próxima al canal del Danubio y para acercarnos al parque de atracciones. Era la última noche en la ciudad y había que festejarlo por todo lo alto.

Lo primero que hicimos fue comer en el alberge y darnos una ducha antes de salir a patear la ciudad. Después, nos subimos en el metro en las proximidades de la estación del oeste y pronto llegamos al mismo centro de Viena. Allí, las primeras calles estrechas nos dieron una impresión distinta de la ciduad. Las grandes avenidas se convertían aquí en manejables y agradables calles por las que pasear.

Un centro urbano peatonal y lleno de terrazas 

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Los edificios seguían siendo majestuosos

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Una zona con muchas galerías y pasadizos

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Aunque parezca lo contrario, Viena también es de esas ciudades que tienen un complicado trazado. En la zona más céntrica abundan las callejas, los callejones, los pasadizos y también las galerías. Nuestro paseo fue más que entretenido, siempre dejándonos llevar por la propia ciudad y obviando el mapa.

 

Así dimos con grandes plazas como la de la imagen

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Y con edificios decorados de manera imponente

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El baño de estilo clásico fue enorme, como la ciudad

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Hubo tiempo para detenernos en los escaparates

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y en uno de los puentes más modernistas de la ciudad

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El paseo por el centro histórico de Viena estaba dando sus frutos. Al ser domingo, las calles no estaban muy abarrotadas y era un placer caminar. Apenas había coches y ello nos permitía pasear por el medio de las calles, disfrutando de los edificios que se levantaban a uno y otro lado. El estilo neoclásico era la norma, aunque seguíamos buscando detalles modernistas para hacer menos monótono el recorrido. Poco a poco, dejamos las callejuelas más recónditas para acercarnos a las proximidades de la Catedral. Allí, el gentío fue a más.

 

Como los edificios, que cada vez eran cada vez más suntuosos

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A veces, las estatuas eran tan grandes como las casas

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Unas curvas modernistas para romper la rutina clásica

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Solemne construcción y solemne bocado al helado

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La torre de la catedral en un escaparete de moda

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La catedral de San Esteban es un enorme templo gótico que hace las veces de centro de Viena. Fue, como la propia ciudad, testigo de importantes hechos históricos. Así que no tuvimos más remedio que meternos en sus entrañas para conocer un poco más de cerca el pasado de la capital austriaca.

 

Un templo de dimensiones sobrehumanas, casi imperiales

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Uno de los muchos retablos de la catedral

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Visión fantasmagórica del órgano y las bóvedas

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La verdad es que nos quedamos con las ganas de husmear por todos los rincones de la iglesia para comprobar su riqueza. Pero en el interior se estaba celebrando una misa y no se permitía la entrada a los turistas. Así que nos tuvimos que conformar con ver la catedral desde poco más que la puerta. Aun así, valió la pena.

 

Seguimos callejeando por la zona del centro

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Donde dimos con la casa de Mozart y con curiosas plazoletas como esta

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También nos colamos en la suntousa iglesia de los Franciscanos

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Los carruajes, tan típicos de Viena como los bombones

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Carros a parte, la arquitectura seguía siendo soberbia

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No tardamos en dar con el palacio de Hofburg

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Al pasar por una de las dependencias de este enorme palacio escuchamos una pieza de vals. No nos lo pensamos ni un momento y cumplimos con uno de nuestros deseos del viaje: bailar uno de estos pasodobles austriacos en Viena. Fue una delicia, sobre todo para los turistas que nos miraban perplejos.

 

Después del vals paramos a tomar un refrigerio en una terraza próxima. Llevábamos caminando más de tres horas seguidas sin contar la pateada de por la mañana. Así que iba siendo necesario un descanso. Sin darnos cuenta la noche empezaba a caer. Pero todavía nos quedaban unas cuantas cosas por conocer. Así que apuramos los tragos y continuamos con la visita.

 

Comenzaba la última noche vienesa del viaje

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Desde las proximidades del palacio de Hofburg planeamos una ruta en metro. Queríamos conocer la ciudad más allá de lo meramente turístico. Así que nos fuimos hasta las orillas del canal del Danubio, donde la ciudad es muy distinta al centro palaciego. Antes, hicimos una pequeña parada en la estación de metro de Stadtpark de la línea U4, diseñada por el arquitecto Otto Wagner.

 

Bajamos, rendimos tributo y nos subimos en el siguiente convoy

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Junto al canal del Danubio vimos una torre con luces cambiantes

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Unas luces que también hacían de las suyas en la noche vienesa

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El canal del Danubio, una Viena distinta a la de los touroperadores

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Seguimos el canal y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos bastante alejados del centro. Eso no era bueno, pero tampoco malo. El paseo nos había llevado a las proximidades de la noria de Viena, que la guía marcaba como interesante. Así que aprovechamos y nos fuimos en su búsqueda.

 

Un parque de atracciones nos dió la bienvenida

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Esta enorme noria es una de las primeras que se construyó en Europa. Fue levantada allá por el año 1897 y en ella se aprecia el uso del hierro como material de construcción. Un viaje costaba algo así como ocho euros por persona. Nuestro presupuesto solo dió para dar pasear por el parque y para una ración de vista.

 

Las cabinas de la noria son vagones de tren sin ruedas

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Desde el parque de atracciones, situado en el segundo distrito de Viena, regresamos en metro hasta el centro. Queríamos aprovechar las última noche en la ciudad para conocer algún que otro edificio que aún nos quedaba en el tintero.

 

Empezamos por el Parlamento de Viena, neoclásico puro y duro

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Seguimos por la farmacia modernista de Engel (1902), obra de Oskar Laske

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Y continuamos por las calles más clásicas de Viena

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Donde las luces de los comercios alumbraban la noche

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Estábamos más que cansados. Aun así, sacamos fuerzas para tomar un par de cervezas junto a la catedral de Viena. Era la manera de celebrar la última noche del Komando Gorteak en la capital de Austria. Tras los brindis, regresamos en metro al alberge, cenamos algo y caimos rendidos.

Primer contacto nocturno con Viena

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 15-12-2009 en General. Comentarios (0)

Después de la llegada imperial a Viena, se acercaba el momento de pasar la primera noche en la capital de Austria. Los primeros paseos por esta ciudad nos habían servido para comprobar que esta urbe era mucho más señorial y distinguida que las que habíamos visitado durante el resto del viaje. No obstante, el lugar parecía muy tranquilo y con muchas cosas por disfrutar más allá de sus palacios. Aquella tarde - noche nos dejamos llevar por la intuición y acabamos perdidos en las calles más céntricas de Viena. La ciudad seguía sorprendiéndonos a cada paso. Estaba claro que llegar hasta la capital austriaca había merecido la pena.

Durante la primera parte de la jornada habíamos descubierto la zona más o menos próxima al centro de la ciudad. Pero todavía no nos habíamos metido de lleno con el centro histórico. Así que despues de conocer la zona de Karlsplatz, el palacio del Belvedere y los alrededores de Stadtpark, nos fuimos directos al centro de la capital.  

 

De camino, las últimas luces jugaban con los edificios

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Poco a poco nos acercamos al centro, donde abundan galerías como esta

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Reflejos del auténtico centro de la ciudad

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Nos fuimos guíando por las calles gracias a una alta torre, la de la catedral de San Esteban. Este templo es conocido por ser el verdadero centro neurálgico de la ciudad. En torno a él se agrupa el casco histórico, donde hay numerosas tiendas de alto nivel, callejuelas y comercios de chocolate. Continuamos el paseo en busca del palacio de Hofburg, otro de los principales lugares de la ciudad.

 

Una de las calles principales del centro de Viena

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Con la noche a cuestas y en busca del espíritu de Sisi emperatriz

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Entrada al palacio por la escuela de equitación española, en Michaelerplatz

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El palacio de Hofburg es la fortaleza más grande de la ciudad. Aquí vivió gran parte de la monarquía austriaca, incluida la conocidad Sisi emperatriz, a la que tienen dedicado un museo. Hoy en día, sus dependencias aglutinan una serie de edificios como la biblioteca, la escuela de equitación, varios salones imperiales o el palacio presidencial. Es uno de los lugares más visitados y peculiares de la capital austriaca.

 

Detalle de la cúpula y muestra de la opulencia y riqueza real

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Parte de las dependencias de Hofburg, con más de dos mil habiaciones

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Zona del palacio dedicada a la biblioteca desde la plaza de los héroes

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Después del breve recorrido por las dependencias exteriores del palacio, acabamos un poco aturdidos. No estábamos acostumbrados a tanto lujo, ni aunque solamente fuera para verlo. Continuamos el paseo caminando hacia la plaza de Maria Teresa, situada entre el palacio de Hofburg y la manzana de los museos. Allí, en unos agradables e imperiales jardines franceses, descansamos un poco. Junto a una fuente, estiramos las piernas cual príncipes austriacos.

 

Haciendo el animal junto al museo de historia natural

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A decir verdad, estábamos un poco cansados. Desde que llegamos a la ciudad no dejamos de caminar. Solo habíamos parado a tomar un café y poco más. Aún así, todavía quedaba noche por delante y quisimos apurar las fuerzas para seguir conociendo Wien. Aun nos esperaban unas cuantas sorpresas.

 

El Volskstheater, muy cerca de la plaza de los museos

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Curiosos reflejos nocturnos en un edificio singular

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Nos acercamos al Rathaus o Ayuntamiento, donde había otro circo

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Muy cerca disfrutamos del Burgtheater

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Y a partir de este momento nos dejamos llevar por la improvisación. Guardamos el mapa y seguimos el paseo por calles cada vez más oscuras. Llegó un momento en el que nos creíamos perdidos. Eso si, el recorrido fue tan divertido como entretenido.

 

La noche era cada vez más oscura

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Una peculiar exposición antifamélicas o la belleza está en tu cabeza

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Recuperando el rumbo en la noche vienesa

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O eso creíamos, pues la ciudad nos volvió a confundir en nuestro paseo

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Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos de nuevo en la zona más céntrica de la ciudad. Atrás quedaban calles oscuras y alejadas. Cuando llegamos a la parte antigua, callejeamos y callejeamos hasta que dimos con una curiosa plaza que nos llamó la atención. Allí vimos una terraza que nos atrajo desde el primer momento. Nos sentamos para disfrutar de la noche vienesa y también para descansar, que ya tocaba.

 

Nos tomamos unas cuantas cervezas del país tamaño medio litro

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Después de un buen rato y unas cuantas cervezas, pensamos que había llegado el momento de regresar al alberge. Todavía quedaba Viena para rato y no era plan de agotar todas nuestras fuerzas el primer día. Así que pagamos e intentamos buscar la boca de metro más cercana. Algo que se convirtió, casi, en una odisea.

 

Callejeando por un centro histórico nocturno y en busca del subterráneo

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La cerveza nos abrió el apetito y picamos algo antes de desfallecer

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Con tanto lío de calle, tanta cerveza y tantas risas, acabamos completamente perdidos. Llegó un momento en el que solamente dábamos vueltas en círculo. Seguíamos en las mismas calles y sin encontrar una boca de metro que nos llevara al albergue. Así que aprovechamos la ocasión para disfrutar de la noche vienesa y de las callejuelas más pintorescas y oscuras de la ciudad.

 

Callejones sin salida ni parada de metro

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De vez en cuando las calles se abrían y aparecían plazas como esta

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Tras casi media hora de paseo, logramos dar con una boca de metro, señalizadas con la letra U. Como el albergue estaba muy lejos, pensamos en ir en transporte público. Compramos un billete que nos permitía viajar durante las próximas 24 horas en bus, tranvía y metro y que aprovecharíamos el día siguiente. Tras la compra, no exenta de peculiaridades, bajamos al subsuelo para encontrar la dirección correcta.

 

Parada de Subtentor, en las proximidades de Stadtpark y fuera del centro

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Cuando llegamos al alberge solamente tuvimos tiempo para comer un buen bocadillo en la zona del bar. Serían las once y media de la noche y todas las estancias comenzaron a cerrar. Así que no nos quedó otra opción que echarnos a dormir. Al día siguiente, tocaba madrugar. Todavía quedaba mucha Viena por delante.

Llegada imperial a Viena

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 14-12-2009 en General. Comentarios (1)

Aquella mañana del 26 de septiembre traspasamos la frontera una vez más. Después de casi tres días en Budapest, había llegado el momento de viajar hasta Viena, la capital de Austria. Fue una jornada extraña, más que nada porque tuvimos que cambiar el chip. Budapest no es mejor ni peor que Viena. Simplemente son distintas y tienen ambientes muy diferentes. Por lo demás, la jornada fue igual de intensa que las anteriores, con una mañana de aproximación y una primera noche a la vienesa. Un primer acercamiento que nos sirvió para comprobar el ambiente señorial y palaciego de esta capital del centro de Europa.

Madrugamos para aprovechar la jornada. A eso de las ocho ya estábamos en pie. Desayunamos y abandonamos nuestro albergue en Budapest. Nos daba pena dejar atrás esta ciudad que nos había cautivado de lo lindo. Pero había que continuar con el viaje. Del albergue fuimos en metro hasta la estación de tren. Desde allí, a las nueve y media partió un tren hacia Viena. El viaje hasta la capital austriaca duró algó así como tres horas. Pasadas las doce y media llegamos a la ciudad del vals.

 

Lo primero fue dar con el alberge, próximo a la estación

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Ya habíamos reservado una noche en este lugar cercano a la estación del oeste (Westbahnhof). Llegamos, dejamos nuestas mochilas en la habitación y nos fuimos a recorrer la ciudad. Corría la una del mediodía cuando salimos a las calles de esta ciudad imperial que poco tiene que ver con Budapest.

 

Amplias avenidas y edificios de corte neoclásico

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La ciudad de Viena también tiene unas grandes dimensiones. Para llegar desde nuestro albergue hasta la zona del centro tuvimos que recorrer algo así como un par de kilómetros. La pateada diaria estaba asegurada por enésima vez consecutiva.

 

Camiando por la central y comercial Mariahiffer

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Edificios junto a una de las calles principales

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Pronto aparecieron los primeros reflejos de la ciudad

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En principio, teníamos la intención de pasar dos noches y tres días en Viena. Así que planificamos un poco nuestra visita. Aquellas primeras horas las dedicaríamos a conocer a grandes rasgos la zona del centro. Pero lo haríamos de una manera peculiar. El viaje por Europa había tomado unos tintes muy culturales y creimos conveniente seguir en esta línea. Así que lo primero que visitamos fue la casa de la Secesión. Era como continuar con el recorrido modernista, pero esta vez por la capital de Austria.

 

Uno de los laterales del edificio, proyectado por Joseph Maria Olbrich en 1898

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Pequeño homenaje creativo a la creatividad

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Panorámica del edificio con su peculiar cúpula dorada

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Este edificio fue construido para albergar las exposiciones de un variado grupo de artistas que conformaron el grupo de la secesión vienesa. Su meta era la renovación artística y la reinterpretación de los estilos pasados. Cansados del neoclasicismos dieron un nuevo aire al arte y a la arquitectura de la ciudad.

 

El paseo continuó por las proximidades, disfrutando de la ópera

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No tardamos en llegar a la plaza de Karls

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No llevábamos ni dos horas en la ciudad y ya habíamos caminado más de tres kilómetros. Además, el hambre comenzaba a hacer acto de presencia. Así que tuvimos que buscar un supermercado para comprar algo de comida. Elegimos la Karlsplatz para comer por ser un lugar céntrico. Pero sobretodo porque allí se levantaron los pabellones de metro más famosos de la ciudad, diseñados por Otto Wagner.

 

Visitamos su interior, dedicado al arquitecto

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En este museo conocimos un poco más de cerca la vida y obra de este arquitecto, uno de los precursores del modernismo en Viena. A partir de entonces, la visita a la ciudad se planearía siguiendo la estela de Wagner y otros arquitectos de la época.

 

La iglesia de Carlos, situada muy cerca de los pabellones del metro

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Escena cotidiana de verano a finales de septiembre

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Las grandes avenidas no dejaban de sorprendernos

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La verdad es que el cambio de ciudad y de país se hizo notar. Llevábamos tres días en Budapest y más o menos nos conocíamos sus calles y su estructura. Así que al llegar a Viena tuvimos que empezar de cero para entender la ciudad. Fue una experiencia algo confusa pero también gratificante.

 

A todas estas seguíamos pateando al ritmo de bici

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Sin darnos cuenta llegamos al palacio de Belvedere

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Donde sus dimesiones y riqueza nos acongojaron

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Viena también es conocida por ser la ciudad de los palacios. El de Belvedere es uno de los tres que marcan el caracter imperial de la urbe. Pasear por sus jardines fue como regresar a la época en la que los Habsburgo gobernaban casi toda Europa.

 

Los jardines de Belveder, un lugar perfecto para pasear en carruaje

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Parte posterior del Palacio, construido entre los años 1714 y 1723

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En el interior del palacio destaca una importante colección de pinturas. Entre todas ellas, una de la más llamativa y conocida es la representación del beso de Gustav Klimt, otro de los precursores del modernismo en Austria. Debido al precio de la entrada, una vez más nos tuvimos que conformar con la visita exterior gratuita. Luego continuamos con el recorrido vienés ayudándonos con una guía - mapa sobre la arquitectura de la ciudad.  

 

Konzerthaus, otro edificio de principios del siglo XX

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Casi sin darnos cuenta los kilómetros se iban acumulando en nuestras piernas, que a esas alturas estaban más duras que una piedra. Aprovechamos la coyuntura y paramos en un bar en el que ondeaban banderas piratas. Allí nos tomamos un café vienés y una cerveza del país. Brindamos por haber llegado a Viena, una ciudad que nos estaba causando una primera impresión muy buena.

 

Seguimos el paseo buscando más edificios modernistas

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Y así llegamos hasta Stadtpark, agradable zona verde

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Regierungs gebäude, uno de los edificios más portentoso edificio de la ciudad

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La verdad es que después de la visita a Budapest las comparaciones eran más que inevitables. Viena nos estaba gustando, pero quizas era algo más monótona. Sobretodo porque en sus calles predomina el estilo neoclásico. El hecho de ir buscando sus edificios modernistas fue una especie de antídoto contra la monotonía.

 

Oficina de correos, levantada según planos de Otto Wagner en 1905

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Un vistazo al interior en forma de reflejo modernista

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La tarde tocaba a su fin. El sol prácticamente había desaparecido pero aún quedaban muchas cosas por ver y conocer. La llegada imperial a Viena estaba más que consumada. Pero lo mejor de todo es que todavía, nos quedaba por delante la primera noche en la capital austriaca.