FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

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Sopot y Oliwa (Polonia y 5)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 30-06-2009 en General. Comentarios (0)

Aquel lunes 11 de mayo fue nuestro último día en Polonia. Nuestro avión con destino a Frankfurt Hahn salía a última hora de la tarde del aeropuerto de Gdansk. Así que dedicamos la mañana a los alrededores de esta ciudad. Nos centramos en dos lugares marcados por la guía de turismo: Sopot y Oliwa. También tuvimos tiempo para despedirnos de Gdansk como se merecía antes de abandonar el país.

 

Después de tres noches en Gdansk, el viaje por Polonia tocaba a su fin. El día se había levantado despejado, casi tanto como nosotros. A pesar de que una especie de pena nos rondaba el cuerpo, dejamos el albuergue y nos fuimos a patear la ciudad y sus alrededores. Había que aproevchar la mañana como si fuese la última.

 

Una vez más, la primera parada fue en la calle principal

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Después de unas pequeñas compras en el mercado y teniendo en cuenta que ya nos habíamos pateado Gdansk en varias ocasiones, optamos por salir a conocer sus alrededores. En la oficina de información y unos compañeros de albuergue nos habían recomendado Sopot, como a media hora en tren. No fue difícil decidirnos.

 

Llegamos a la estación de Sopot en un tren de cercanías

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Gdansk, Sopot y Gydinia forman la triple ciudad del norte de Polonia. Están conectadas por numerosos trenes y cada una tiene su caracter personal. Sopot destaca por ser la ciudad residencial, por decirlo de alguna manera. En sus calles abundan las casas señoriales y las construcciones palaciegas. Es una especie de Getxo. Pero también es un poco Benidorm, pues hasta aquí llegan muchos polacos en busca de playas.

 

No fue difícil dar con el centro de la ciudad

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En comparación con Gdansk, Sopot es una ciudad pequeña y muy manejable. Pero como nosotros no andábamos muy bien de tiempo y teníamos que volar ese mismo día, no perdimos un instante para concer los rincones de este lugar. Lo primero que hicimos, fue entrar en la iglesia principal.

 

Aunque nos quedamos con las ganas por culpa de un funeral

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Tras el intento fallido, continuamos nuestro paseo por la calle central de Sopot, que comunica la iglesia con las playas y el casino. Ésta es una de las rues más conocidas y concurridas de la ciudad. Sin embargo no destaca por sus construcciones.

 

Aun así, nos encontramos este curioso edificio

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Y junto a la playa aparecieron otras casas más tradicionales

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A parte de ser un importante foco turístico, Sopot también es conocido por tener el muelle de madera más largo de Europa, con algo más de 500 metros de longitud. También dicen que éste lugar es un buen lugar para ver el golfo de Gdansk.

 

El precio de entrada rondaba los dos euros, así que pasamos de largo

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Luego nos acercamos al casino, otro emblema de la ciudad

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A partir de ese momento, nuestro recorrido fue pura improvisación en busca de casas señoriales. A pesar de que el diseño de la ciudad es bastante cuadriculado, conseguimos perdernos y encontrar unas cuantas construcciones que nos dejaron de piedra. O mejor dicho, de madera.

 

La primera que nos encontramos nos dejó pálidos

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Los detalles eran siempre diferentes y llamativos

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Y cada vivienda guardaba una forma y color peculiar

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Fue un paseo de lo más señorial, eso si, de puertas para adentro

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Después de regresar a la calle central y tomar un café mañanero, optamos por salirnos del circuito habitual. Habíamos visto la mayoría de las calles del centro, pero nos quedaba conocer un poco más de cerca los alrededores de esta ciudad.

 

Cuanto más lejos más descuidado pero no menos interesante

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De regreso a la zona VIP de la ciudad

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El reloj corría sin descanso, pero queríamos apurar nuestra estancia en Sopot. Lo visto hasta el momento nos había dejado un buen sabor de boca. Así que nos dispusimos a recorrer hasta el último recodo de esta ciudad. Eso sí, seguíamos con un recorrido guiado por las casas más llamativas.

 

Torreones de cuento o el modernismo polaco a su manera

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De calle en calle y detalle tras detalle

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Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos de nuevo en el paseo marítimo

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Rodaba el mediodía y nuestros estómagos pedían pan y circo. Así que aprovechamos para comer la mayor parte de las viandas que nos quedaban en la misma playa. Con el golfo de Gdansk al fondo y con unos cuantos cisnes revoloteando a nuestro alrededor, dejamos Sopot y nos dirigimos hasta la estación de tren.

 

Sólo tuvimos que seguir la encrucijada de caminos de Sopot

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En la estación tomamos el primer tren, en llegar y en construirse

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Nuestra siguente parada fue Oliwa, un tranquilo barrio situado a las afueras de Gdansk. Aquí llegamos en busca de la catedral, uno de los principales reclamos de este lugar donde también hay interesantes casonas señoriales.

 

Aterrizando en las calles de Oliwa

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De camino a la catedral encontramos casas caprichosas

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Como íbamos sin mapa, acabamos un poco perdidos. Cuando salimos de la estacion de tren vimos una torre a lo lejos que creimos la catedral. Sin embargo, cuando llegamos allí, nos dimos cuenta de que estábamos equivocados. A parte de este pequeño error de cálculo, el paseo por este barrio estaba mereciendo la pena.

 

La torre de esta iglesia fue la culpable de nuestro despiste

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Para más cachondeo, la iglesia estaba cerrada, así que tuvimos que volver hacia la zona de la estación para centrarnos. Antes de llegar divisamos otra torre. Ésta si que era la de la catedral. Pero antes de llegar a sus pies, nos adentramos en los jardines de Oliwa, un capricho barroco con palacio y todo.

 

Paseando en busca de Luis XIV y sus ecuaces

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El palacio de Abbots, hoy convertido en museo

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Y por fin, postrados ante la catedral de Oliwa

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Este templo destaca por sus dimensiones y por su rica ornamentación interior. A parte de interesantes cuadros, lo más llamativo es su enorme órgano. Una pieza inigualable que incluso tiene ángeles con trompetas que suenan durante los conciertos. Todo un derroche que denota la importancia que tuvo el templo cuando fue construido.

 

La foto no refleja las dimensiones del órgano

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Y es que estaba prohibido hacer fotos.... aquí el altar principal

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Después de la visita a la catedral pensamos que iba siendo hora de dejar este barrio. Teníamos un par de horas antes de que nuestro vuelo partiera con destino a Frankfurt, así que nos acercamos a la estación de tren. Pero de camino se nos ocurrió la brillante idea de volver al centro de Gdansk en tranvía. Era el único medio de transporte que no habíamos utilizado en el viaje. Y eso había que remediarlo.

 

Antes, nos despedimos de Oliwa con una cervecita fresca

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Comprar los billetes y encontrar la línea que iba al centro fue toda una aventura. La mujer del kiosko no entendía ni papa de ingles. Nuestro polaco, por supuesto, era bastante peor. Al final, por señas y símbolos, conseguimos nuestro proprósito. Eso si, durante el viaje llegó un momento en el que creíamos estar en el tranvía equivocado. Finalmente llegamos al centro histórico de Gdansk sin mayor problema.

 

Un brindis por Gdansk, se lo había ganado a pulso

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Antes de abandonar la ciudad, dimos un último paseo por la calle principal. Era una manera de apurar los últimos minutos de nuestra estancia. Como si quisiésemos llevarnos un trozo de Gdansk con nosotros. O que un trozo de nosotros se quedase allí.

 

La puerta de entrada nos despidió en nuestra salida

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Y dejamos Gdansk en el mismo lugar en el que nos encontramos

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De camino al aeropuerto conocimos la cara más soviética de la ciudad

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El día, junto al viaje por Polonia llegaba a su ocaso

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La pena era que el viaje por Polonia tocaba a su fin. Pero lo bueno fue todo lo demás, desde la hospitalidad y el carácter polaco a todo lo que habíamos visto y disfrutado durante este fin de semana alargado.

 

Después de dos horas de avión, llegamos al aeropuerto de Frankfurt. Era algo así como las doce de la noche, y nos acercamos a un hotel que hay junto a las terminales. Nustro vuelo a Santander salía el día siguiente a las once de la mañana y después del tute del viaje no era muy recomendable pasar la noche en el aeropuerto. Hicimos cola durante más de media hora y cuando llegó nuestro turno la joven de recepción nos comentó que no tenía habitación.

 

La joven nos debió ver cara de necesitados, porque nos comentó la posibilidad de dormir en una "meeting room" o sala de reuniones. En un principio creímos que era una sala donde dejaban dormir a la gente que no tenía habitación reservada. Así que pagamos los 24 euros de rigor con desayuno incluido y nos fuimos a nuestro aposentos. La sorpresa llegó cuando abrimos la puerta.

 

¿Cómo van esos rendimientos? Pues habrá que dormir aquí

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Fue el colofón de un gran viaje, con televisión y todo. En el próximo capítulo, unas cuantas fotos del vuelo de vuelta a Santander. El final de un recorrido que nos llevó por Luxemburgo, Polonia y un poco de Alemania.

Península de Hel (Polonia 4)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 29-06-2009 en General. Comentarios (0)

Después de atravesar el puerto de Gdansk y navegar durante una hora por el golfo, llegamos a Hel. Éste era nuestro destino, un pequeño pueblo de pescadores situado al final de una península de unos 80 kilómetros. La excursión no nos defraudó, pues vimos desde focas hasta restos de la II Guerra Mundial. Todo ello sin olvidarnos del ámbar y del mar Báltico. Un día prácticamente perfécto que supuso la segunda jornada completa del Komando Gorteak en Polónia, la última antes de retornar a casa.

 

Durante el viaje en barco no dejó de llover en ningún momento. Incluso había ratos en los que el aguacero iba a más. No tuvimos más remedio que pasar el resto del recorrido bajo cubierta. Aprovechamos para poner a punto el diario de viaje y para comer algo. Así, cuando llegáramos a Hel, nos podríamos dedicar en cuerpo y alma al destino.

 

Dos horas después de salir de Gdansk, llegamos al puerto de Hel

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Barcos pesqueros nos dieron la bienvenida entre la incesante lluvia

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Cuando pusimos pies en tierra firme, la lluvia era cada vez más intensa. Por unos instantes nos tuvimos que resguardar en un pequeño tejadillo. Parecía que la cosa no iba a mejorar, así que nos escondimos en los chubasqueros y nos fuimos a conocer este pequeño pueblo marinero.

 

Las casas de colores intentaban poner la luz a un día oscuro

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El pueblo no es demasiado grande. A decir verdad, es poco más que una calle. Pero Hel tiene unas cuantas cosas por ver. A parte de ser el punto final de esta península del norte de Polonia, es conocido por unos peculiares habitantes: las focas. Así que sin pensarlo demasiado nos fuimos en busca del "focario".

 

De camino, se hizo la luz y dejó de llover ¿Magia en el golfo de Gdansk?

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A las puertas del focario vimos la primera foca en foto

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El focario de Hel es un espacio donde viven varias focas en cautividad. Es una especie de cercado donde se enseña a la gente el modo de vida de estos animales. Aquí también se hace hincapié en la necesidad de cuidar el medio ambiente para que otros habitantes puedan seguir viviendo. Vamos, una especie de "Paca" y "Tola" pero en formato marino, salvando las distancias, claro está.

 

Panorámica del focario de Hel, uno de los objetivos de la expedición

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Estuvimos un rato disfrutando de los movimientos de estos animales

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La visita al focario fue toda una sorpresa. A parte del precio de la entrada, unos 50 céntimos, su interior nos acercó un poco más al modo de vida de estos curiosos animales que viven en los alrededores de este pueblo. También comprendimos el dicho ese de que estas como una foca. Que cosas.

 

Con uno de los objetivos de la excursión cumplidos, continuamos paseando por Hel. Ya habíamos visto las focas, pero todavía nos quedaban unas cuantas cosas pendientes. Así que seguimos caminando sin rumbo y en busca de pistas que guiaran nuestros pasos. No fue difícil encontrar la dirección correcta.

 

Haciendo apología del asturianismo en la precampaña electoral

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Camiando entre casas y vías del tren

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No dejamos escapar ningún detalle, por pequeño que fuese

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Y poco a poco, nos acercamos a la calle principal de Hel

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Eran algo así como las cuatro de la tarde. Teníamos por delante unas tres horas antes de que el barco partiese rumbo a Gdansk, así que planeamos el recorrido para aprovechar nuestra estancia al máximo. Lo primero fue tomar un café que nos despertó al instante. Lo segundo, dirigirnos en busca del mar Báltico.

 

Una vez más, nos guiamos por las señales

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De pronto, nos metimos de lleno en el bosque

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Era como si estuviéramos perdidos en un lugar fuera del mapa

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Pero estábamos en el buen camino, hacia el faro

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Cuando llegamos a las puertas del faro no nos costó mucho decidirnos por entrar en su interior. Era una manera de poder contemplar la península en todo su explendor y desde las alturas. Desde allí arriba, se aprecia perfectamente el pueblo de Hel, el final de la estrecha franja de arena y las aguas del mar Báltico y del golfo de Gdansk rodeando la zona. Un espectáculo inolvidable.

 

Mira hijo, todo lo que ves a un lado y al otro es agua

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Tras las vistas panorámicas seguimos rumbo al mar

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Desde el faro no había ningún sendero señalizado ni nada parecido para llegar hasta las playas del mar Báltico. Sólo había que aplicar el sentido común y un poco de orientación. Unos minutos después, llegábamos al final de Polonia por el norte.

 

Saludamos al Báltico, un antiguo conocido de otros viajes

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Cuando llegamos al mar, tocamos el agua, hicimos un pequeño intento de baño y decidimos seguir la línea costera hasta Hel. Era un camino mucho más largo que el que habímos realizado, pero nos permitiría llevarnos otra imágen del lugar. Además, descubriríamos el lugar donde se acaba esta península, el mismo sitio donde se unen las aguas del golfo con el mar abierto.

 

El final de la península, uno de los puntos más remotos de Polonia.

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Continuamos el paseo buscando piedras de ámbar entre la arena

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La verdad es que íbamos como auténticos críos en busca de un tesoro. Fue muy divertido e incluso conseguimos pescar unas cuantas piedras de esta piedra semipreciosa. Eso si, fueron piedras bastante pequeñas. 

 

Después de la búsqueda a pie de playa, dimos con un sendero marcado. Seguimos este recorrido y acabamos llegando a una de las muchas construcciones militares que se erigieron durante la Guerra Mundial y que todavía son visibles en la zona. Fue como volver atrás en el tiempo pero con el sonido de las bombas únicamente en nuestra imaginación.

 

Restos de la maquinaria bélica en formato monocromo

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Dentro de uno de los pasadizos

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A cada paso nos encontrábamos restos de la historia entre el bosque

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Complétamente emboscados, continuamos con nuestro paseo por Hel. Fuímos dejando atrás los restos de la contienda y nos aceramos de nuevo al pueblo. A ratos íbamos junto a las playas y otras veces caminábamos entre la vegetación y las trincheras.

 

Las gaviotas marcaban que el puerto estaba cerca

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Pequeño mapa ilustrativo de la zona

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Al llegar al pueblo encontramos un parking. Por suerte íbamos caminando

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Y al poco, entramos de lleno en el puerto pesquero de Hel

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Rincón portuario con los muros gritando por la solidaridad

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Y otro pintoresco apartado del puerto de Hel

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De nuevo estábamos en el lugar en el que comenzamos nuestro recorrido por este núcleo polaco. Todavía faltaba media hora larga para que partiese el barco a Gdansk, así que buscamos una taberna en la que saciar nuestra sed. Aprovechamos para hacer recuento del ámbar pescaso. De unas 30 piedras capturadas, tan solo cuatro daban la sensación de material semi - preciosos.

 

Tras la cervecita de medio litro, nos fuimos a embarcar

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El sol se despidió de nosotros durante el viaje de vuelta

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Entramos en el puerto de Gdansk de noche

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Ya habíamos disfrutado de lo lindo del puerto cuando salíamos rumbo a Hel. Aun así, decidimos salir a cubierta para cubrir esta última parte del viaje en barco. El movimiento de las grúas era mucho mayor que por la mañana. Otro espectáculo difícil de olvidar. Tanto como la llegada a la ciudad por mar.

 

Gdansk nos recibió con su puerta grua envuelta en la niebla

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Dimos un paseo por las misteriosas calles

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La ciudad parecía distinta y más después de llegar navegando

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Cuando llegamos a la ciudad eran más de las diez de la noche. Todavía no habíamos cenado, así que buscamos un lugar en el que calmar nuestro apetito. Una vez más, las horas hicieron que desistieramos en nuestro intento. Acabamos comiendo una pizza, lo único que encontramos abierto, en la plaza principal, junto a Neptuno.

 

Era la última noche en Gdansk y eso se notaba en el ambiente

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La ciudad nos despidió igual que nos dió la bienvenida, pero con niebla

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Aquella noche también dormimos como niños. El día siguente sería el último de este viaje en Polonia. El avíón partía por la tarde, así que tuvimos tiempo para apurar y explorar los alrededores de la ciudad. En el próximo capítulo: Sopot y Oliwa.

Gdansk a fondo (Polonia 2)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 03-06-2009 en General. Comentarios (1)

Después de una mañana de paseos por la ciudad, nos dispusimos a continuar la visita. La verdad es que la zona central de Gdansk se recorre fácilmente y en un día. Pero como habíamos decidido quedarnos allí durante toda la estancia en Polonia, teníamos tiempo de sobra para conocer más a fondo este lugar. La tarde la dedicaríamos, básicamente, a museos e iglesias. Una jornada muy instructiva que terminó con un paseo al atardecer y con una cena a base de sopa - pan.

 

Antes de seguir con el paseo, nos dejamos caer por la oficina de turismo. Allí nos dieron unos cuantos mapas y nos recomendaron lugares para visitar, entre ellos un par de museos. Pero como todavía no era temporada alta, muchos lugares estaban en obras o cerrados. Aun así teníamos para entretenernos toda la tarde.

 

Un último vistazo a la calle principal antes de abandonar el centro

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Uno de los lugares que nos recomendaron fue el museo arqueológico de la ciudad, algo alejado de la zona central y ubicado en un antiguo granero. Allí se explica la historia de la ciudad con datos de excavaciones. También se hace un repaso a lo que era la vida en la edad media y se muestran vídeos sobre la importancia que siempre tuvo la navegación en Gdansk.

 

Lo más llamativo son las muchas piezas medievales que se exhiben

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La visita no duró demasiado, lo justo para conocer un poco más de cerca el pasado de este lugar. A parte del museo, muy didáctico y divertido para los peques, vale la pena una visita a los alrededores. El centro se hubica en una zona donde todavía quedan restos de antiguos graneros.

 

Fachada de los graneros de Gdansk

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Desde el museo arqueológico regresamos caminando a la zona central. Ahora nos tocaba visitar otro centro de gran interés, el museo del ámbar, que comparte local con el museo de las torturas. Este si que es un lugar imprescindible en una visita a esta zona, pues os permitirá conocer todos los secretos de esta piedra mágica.

 

¡Saca los grilletes que estos son peligrosos!

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El museo del ámbar se ubica en la torre de prisión y guarda una colección única en Polonia. Gdansk es conocida como la capital de esta piedra semi - preciosa. Puede presumir, además, de un interesante museo en el que se guardan algunas de las piezas más increiblemente talladas en este material. El museo se organiza en plantas y en cada una de ellas se ofrece un aspecto del ámbar. En la primera hay grandes piedras con insectos en su interior. La segunda se dedica a las joyas.

 

Cualquiera rompe un vaso en este garito

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En la tercera planta se muestran piezas de ambar más modernas. Y en la última hay trabajos en este material ligado a las nuevas tecnologías, moda y todo lo que os podaís imaginar. Para nosotros, la planta de las joyas es la clave del museo.

 

Otro de los tesoros del museo del ámbar

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Tras la visita al museo, el recorrido continúa por lo que en su día fueron las salas de torturas. Allí se muestran artilugios diseñados para hacer sufrir y se cuenta cómo se asesinaba de múltiples maneras. El lugar sobrecoge y más teniendo en cuenta que la muestra se complementa con una musiquilla tenebrosa y gritos.

 

En las celdas quedan grabados realizados por los presos antes de morir

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Nada más salir del museo dimos con la puerta alta de la ciudad

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Luego nos dirigimos hacia la zona de la estación central de tren

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En este punto hicimos otra pequeña parada para descansar. Cambiamos los museos por unas cervezas y planeamos un recorrido alternativo por Gdansk. Ya habíamos visto la zona central, pero aún nos quedaba mucha ciudad por explorar. Era el momento de acercarnos hasta las iglesias principales de la urbe.

 

Pero antes, nos dejamos caer por el gran molino de gran tejado

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Donde disfrutamos de su gran porte y de sus alrededores

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La primera iglesia que visitamos fue la de San Nicolas, un templo que sobrevivió intacto a de los misiles de la guerra. Lo más destacable es su decoración del siglo XVII. Pero no pudimos disfrutar a fondo del lugar, pues en su interior se desarrollaba un boda. ¡Viva los novios!

 

Iglesia de San Nicolás, la más antigua de Gdansk

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Cuando salimos de la iglesia, las tripas nos volvieron a dar una señal de alarma. Era la hora de comer, lo quisiéramos o no. Así que nos acercamos a una tienda de ultramarinos y compramos productos locales para saciar nuestro hambre. Comimos casi a la puerta de la tienda y sin cubiertos.

 

Ensaladilla polaca con pepinillo y embutido variado regado con cerveza

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Tras la comida, entramos en una de las iglesias más impresionantes de la ciudad, la de Nuestra Señora. Se dice de este templo que es el más grande de Europa construido en ladrillo y en su interior cuenta con numerosas obras de arte.

 

El Reloj astronómico finalizado en el  año 1470

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Marca días, horas, fiestas, fases lunares y hasta signos del zodiaco

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Un altar mayor rico y decorado

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A parte de las obras de arte que hay en su interior, el templo impresiona mucho por sus dimensiones. A cada paso encontrábamos un detalle nuevo o un cuadro llamativo. Es otra de esas visitas que valen la pena hacer, y más en un país como Polonia, donde la población es católica practicante en su mayoría.

 

Y luego van y tienen al Cristo colgado del techo

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Parte trasera del altar, reversible y cambiante

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Cuando salimos de la iglesia nos acercamos al albergue a darnos una buena ducha. Llevábamos un montón de horas caminando por la ciudad y el día había sido casi veraniego. Fue una especie de puesta a punto antes de reencontrarnos con Gdansk, que ya nos esperaba vestida con los colores del atardecer.

 

La zona del embarcadero teñida de colores y sombras

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La calle principal también sucumbió al ocaso

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La ciudad se vistió de gala para la ocasión

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También nos acercamos hasta el antiguo mercado, casi en la oscuridad

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Y acabamos junto al canal del Radunia en busca de nuevos barrios

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Cuando llegamos a este punto la noche estaba próxima a su cierre. Aun así decidimos dar un buen paseo siguiendo este canal. Durante más de una hora estuvimos caminando por barrios más alejados y quizás algo más autóctonos.

 

Parecía que estábamos en una ciudad distinta

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Y de repente, las primeras gruas del puerto

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Llegó un momento que pensábamos que nos habíamos salido de la ciudad. Pero no estábamos perdidos, todo lo contrario. El canal acaba desembocando en el río Motlawa, por lo que habíamos cerrado una especie de círculo entorno a la ciudad.

 

Los primeros reflejos aparecieron en el río Motlawa

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Y siguiendo el cauce, la ciudad nos regaló este espectáculo nocturno

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Como ya era complétamente de noche pensamos en buscar algún lugar para cenar. El problema, una vez más, fueron las horas en las que nos movíamos. A pesar de que los polacos disfrutan en una relativa vida nocturna, eran algo más de las diez de la noche, así que muchos restaurantes ya estaban cerrados.

 

En busca de pitanza paseamos por la nocturan calle Mariacka

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Al final encontramos un restaurante en el que la cocina estaba abierta, aunque no le quedaba mucho tiempo. Así pues pedimos una sopa, algo bastante típico en la cocina polaca, y una ensalada. Habíamos oído que las raciones en este país eran grandes, por lo que no pedimos segundo plato. La sorpresa llegó cuando nos sirvieron la sopa.

 

Un pan lleno de sopa de verduras y pollo

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Cuando terminamos de cenar dimos un último paseo por las calles de la ciudad para hacer la digestión. Había mucha gente en la calle con ganas de marcha y los bares de fiesta estában casi a rebosar. Nosotros, al contrario, estábamos cansados de una intensa jornada, así que dejamos la fiesta para otra ocasión.

 

Antes de regresar al albergue hicimos una parada junto a Neptuno

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Sobre la una de la mañana llegamos al albergue, donde caímos rendidos. Llebávamos poco más de un día en Gdansk y la ciudad ya nos había cautivado. Además ya pensábamos en el día siguiente, donde el barco seria el principal medio de transporte.