FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

Amsterdam en familia, segunda parte

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 22-02-2010 en General. Comentarios (2)

El viaje familiar por Amsterdam había llegado a su ecuador. Pero todavía quedaban cosas por ver y por disfrutar. En esta segunda parte del viaje apuramos la última noche en la capital de Holanda y el día siguiente fuimos a ver los molinos de Zaanse Schans. Ese mismo día, lunes, regresamos a Weeze (Alemania) donde pasamos la noche antes de volar de regreso a Valladolid. Fue algo así como el sprint final del recorrido.

 

Aquel domingo de enero había sido muy intenso. Estuvimos caminando toda la mañana por la ciudad casi sin parar. Y luego, para rematar, hicimos un crucero por los canales. También dimos un pequeño paseo por el barrio rojo y pronto pensamos que sería buena idea regresar al hotel. Así lo hicimos.

 

De camino a casa no faltaron las largas exposiciones

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La cena en el hotel fue a base de ensaladas y bocadillos made in supermarket

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Después de cenar, la expedición se dividió nuevamente. Las mujeres se quedaron en el hotel mientras que mi hermano y yo nos fuimos a dar un paseo por la ciudad. Era una manera de apurar las últimas horas  en Amsterdam, un lugar que engancha de verdad. Nos dedicamos a pasear por los canales y a conocer los bares del lugar.

 

Alberto sujetando unas casas inclinadas

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Reflejos en un bar cercano a la estación de tren

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La verdad es que aquella noche no nos movimos demasiado. No llegamos ni a salir del barrio donde estaba el hotel. El brother andaba cansadillo y no era cuestión de forzar la máquina. Así que buscamos los bares menos alejados. Aun así, la noche fue entretenida y agradable. Para repetir, vamos. Tras las primeras cervezas salimos a la calle para retratar los canales nocturnos.

 

Mi hermano también hizo las veces de modelo

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Amplia panorámica de uno de los múltiples canales de Amsterdam

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El brother aguantando el tipo sin moverse ni un pelo

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Una más de Amsterdam en la noche, la última para no aburrir

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Tras la sesión de fotos, fuimos en busca de otro bar para tomar las últimas cervezas. Muy cerca del hotel dimos con un peculiar garito donde, como no podía ser de otra manera, nos pincharon un par de temas de Golden Earring. Allí estuvimos un buen rato charlando y echándonos unas risas. El bar estaba lleno de señales de lo más variopintas en varios idiomas. Además, en el techo tenía colgado sillas y mesas. Así que mirar hacia arriba era como ver el establecimiento al reves. Toda una locura.

 

La noche pasó rápida y casi sin darnos cuenta

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Apuramos el trago y pensamos en regresar al hotel. Eran algo así como las doce de la noche y mi hermano estaba que no podía con el alma. Aun así dimos un último paseo a ver si encontrábamos algún otro bar. Tiramos las últimas fotos y nos fuimos a descansar. El cansancio pudo con los pocos bares abiertos que encontramos.

 

La última toma nocturna antes de ir a domir

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A la mañana siguiente también madrugamos para aprovechar jornada. Era nuestro último día Amsterdam y teníamos que despedirnos de la ciudad como se merecía. Para ello me llevé a la tropa a Zaanse Schans, un pequeño pueblo situado a 15 kilómetros donde se pueden ver varios molinos. En sus tiempos, esta zona fue una de las más pujantes del país gracias a cientos de molinos que aprovechaban el viento como energía. Hoy en día es un enclave turístico de primer orden. Allí se puede apreciar el modo de vida tradicional del país. Aunque demasiado enfocado al turismo, es un lugar que merece la pena visitar.

 

Tomamos un tren y en menos de media hora estábamos en destino

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La niebla envolvía los primeros molinos

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La tropa llegando al pueblo de Zaanse Schans, muy cerca de Amsterdam

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El día era realmente frío. Había mucha niebla y la sensación térmica era heladora. Los canales del pueblo estaban completamente helados. Había restos de nieve y hasta el río era una placa de hielo. A pesar de la temperatura, disfrutamos de lo lindo de este enclave que a mi hermana la encantó.

 

Alberto y Anavel posando para la posteridad junto a uno de los molinos

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Postal invernal de Zaanse Schans, el pueblo de los molinos

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Vero haciéndose la guapa entre nieblas y molinos holandeses

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La decisión de visitar Zaanse Schans no fue casual. Por un lado quería que la familia conociese este lugar lleno de encanto. Además, teníamos en mente entrar en uno de los molinos para conocer su interior. Primero probamos en uno que estaba en obras. Finalmente, acabamos entrando en uno de reciente construcción. Se levantó hace dos años para utilizar el viento para cortar troncos. Antes de entrar, su dueño nos explicó su historia y nos recomendó ver un vídeo en el que se contaba la construcción de este particular molino. También vimos un museo sobre la madera, sus usos y el pasado industrial del pueblo.

 

El molino era un aserradero de madera

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El viento movía con fuerzas las aspas

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Ilusiones ópticas desde la atalaya del molino

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Vista general y vertical del molino en cuestión

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Tras la visita al museo, seguimos con el paseo por el pueblo. La mañana avanzaba y el tiempo corría en nuestra contra. Aun así quisimos hacer un último recorrido por Zaanse Schans para acernos una idea de cómo era la vida rural hace varios cientos de años.

 

El frío seguía siendo más que intenso

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Una vida marcada por la ganadería y la agricultura

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No podía faltar la típica foto de asiática junto al hielo

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Y una última panorámica de la zona envuelta en la niebla

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Con tanto frío teníamos los pies congelados. Así que pensamos que había llegado el momento de regresar a Amsterdam. Buscamos una cafetería por la zona y finalmente acabamos en la estación de tren. Allí esperamos unos minutos hasta que llegó nuestro convoy.

 

La espera fue más fría que larga

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Ya en el tren, Vero nos echó una foto a los dos hermanos

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Después de media hora de viaje llegamos a la estación central de Amsterdam. Allí preguntamos las posibilidades que teníamos para ir hasta Nigmegen. Por suerte, encontramos unos billetes con descuento para un tren que partía a las cuatro de la tarde. Todavía teníamos por delante un par de horas antes de abandonar la capital de Holanda. Antes de nada, entramos en un bar typical spanish llamado "Joselito".

 

Aunque sonrientes, estábamos algo tristes por tener que dejar la ciudad

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En el bar de Joselito entramos en calor. Y también pudimos pedir en castellano, algo que agradecieron mis hermanos y mi madre. Después del aperitivo, regresamos al hotel a recoger nuestras mochilas.

 

Vero guardando las maletas mientras Alberto se agenciaba una camiseta

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La expedición rumbo la estación: llegaba la hora de dejar Amsterdam

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Antes de montar en el tren, compramos unos bocadillos calientes. También llevábamos un poco de queso y pan para comer. Cuando llegó el tren, nos subimos y buscamos asiento. Cuando salimos de la ciudad dimos buena cuenta de las viandas. Una hora después de partir, llegamos a la estación de tren de Nigmegen.

 

Los cuatro mosqueteros reflejados en un espejo de Nimega

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Nos bajamos del tren y fuimos directos a la parada de los buses que van hacia el aeropuerto. Allí preguntamos si era posible viajar hasta Weeze. El vehículo iba lleno, así que nos tocó esperar en la ciudad holandesa una hora hasta que llegase el siguiente. A eso de las seis salíamos de Nigmegen con destino al aeropuerto alemán. Una vez llegamos a destino, preguntamos por la mejor manera de llegar hasta la pensión Rongen, que ya habíamos reservado por internet. En información nos comentaron que lo mejor era ir en taxi. Así que así lo hicimos. Diez minutos después estábamos en este familiar Bed & Breakfast.

 

Este baño tan lujoso hay que probarlo

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Después del aseo, fuimos a cenar algo. La expedición estaba cansada del día y del resto del viaje, así que había aprovecharíamos nuestra corta estancia en Alemania para descanar. Más aún cuando al día siguiente nuestro avión partía sobre las nueve y media de la mañana. Buscamos una pizzería y allí cenamos copiosamente. Después, nos fuimos a dar un pequeño paseo por el pueblo para bajar la cena.

 

Entre el frío, la oscuridad y el cansancio no tardamos en regresar al hotel

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Aquella noche dormimos plácidamente y en habitaciones separadas. A la mañana siguiente, martes, nos despertamos a eso de las siete y media. Desayunamos algo y salimos a la calle. Mientras llegaba el taxi que nos dejaría en el aeropuerto, aprovechamos para despertar y para tomar alguna foto más de Weeze.

 

La plaza de este pequeño pueblo, muy próxima al hotel

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Foto de grupo de la expedición durante la espera para embarcar

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El viaje de vuelta a casa fue tranquilo y relajado. Incluso hubo quien se pegó una buena siesta debido al madrugón y al cansancio acumulado. Cuando llegamos al aeropuerto de Villanubla solamente tuvimos que esperar a que llegase nuestro abuelo Alfonso para recogernos. Luego nos bajó a casa.

 

Lo primero que hizo mi hermana fue pillar su cama. ¡Qué ganas tenía!

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Una vez en casa, contamos al abuelo algún que otro cotilleo de Amsterdam. Después, comimos y el que suscribe inició el viaje de vuelta a Asturias. El recorrido por Amsterdam había terminado dejando un buen sabor de boca y bastante cansancio. Hubo parte de la expedición que tardó un par de días en recuperar el ritmo. Y es que así son los viajes del Komando Gorteak: intensos hasta el último minuto.

Amsterdam en familia, primera parte

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 19-02-2010 en General. Comentarios (0)
El pasado mes de enero me llevé a mi madre y a mis dos hermanos a Amsterdam. La idea era hacerles un regalo diferente por Navidad, así que pensé en un viaje. Cuadramos fechas y nos fuimos para allá el fin de semana del 16. Fue un viaje tan intenso como divertido. No pasamos en la capital holandesa ni dos días. Aún así mereció la pena. Nos lo pasamos de vicio y la familia pudo conocer una de las ciudades más vivas y jóvenes de Europa. La diversión y el frío estaban servidos.

 

 

Para llegar a Amsterdam tuvimos que hacer un recorrido algo rocambolesco. Usamos una línea de bajo coste para llegar a Weeze, un aeropuerto alemán muy próximo a la frontera de Holanda. Mediante autobuses y trenes llegamos a destino. Al final, unas cinco horas de viaje por unos 80 euros por persona, ida y vuelta, claro.

 

Llegamos al aeropuerto alemán con el frío pisándonos los talones

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La idea era llegar a este aeropuerto y tomar un autobús a la ciudad holandesa de Arhem. Pero cuando aterrizamos conocimos una mejor opción. Un hombre nos explicó que era mejor viajar a Nigmegen (Nimega), ya que el autobús nos dejaba en la misma estación de tren. Así lo hicimos. Durante el viaje, de una hora, charlamos con un asturiano que es guía de montaña en los Picos de Europa. Cuando llegamos a Nigmegen, compramos los billetes a Amsterdam. En un periquete estábamos subidos a un convoy de dos pisos.

 

Aprovechamos el recorrido para comer, el estómago hacía piruetas

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Tuvimos que hacer trasbordo en Utrecht a causa de unas obras y a eso de las seis de la tarde llegamos a Amsterdam, que nos recibió con abundante lluvia. Estába claro que el mal tiempo nos iba a acompañar durante las próximas jornadas. Desde la estación de tren fuimos directos al hotel "My Home", donde teníamos reservada una coqueta habitación para los cuatro.

 

Dejamos las maletas, nos cambiamos los calcetines y salimos a la calle

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El primer paseo nocturno por Amsterdam estuvo pasado por agua. Nos llovió de lo lindo. Así que lo primero que hicimos fue comprar un paraguas. Luego nos fuimos directos al barrio rojo para que la familia conociese el mundo de las ventanitas.

 

Entre sex - shops, agua y olor a marihuana

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El barrio de las luces rojas nos recibió con sus mejores galas

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Del barrio rojo nos dirigimos a la plaza Dam por la calle principal

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Tanto mi madre como mis hermanos estaban algo perdidos y despistados con el trazado de la ciudad. Por suerte, yo ya había estado por allí durante un viaje por Europa con Myriam que algún día os relataré. Así que no solo hice de intérprete ligüístico, también tuve que hacer de guía turístico. A pesar de la presión y de la responsabilidad, fue todo un placer. Seguro que habrá más viajes de este tipo.

 

Llegó un momento en el que la lluvia se tornó nieve

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Estábamos calados hasta los huesos, así que no nos quedó otro remedio que entrar en un bar para secar un poco. Allí nos pedimos unas cervezas locales mientras veíamos por la ventana como las calles se cubrían de blanco. Cuando salimos del bar la ciudad parecía otra.

 

Vero dejando claro el amor que siente por "su cosi", alias Juan

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La noche no estaba para tirar cohetes. No dejaba de nevar y parte de la expedición estaba cansada del viaje. A parte de las cinco horas de trayecto, había que sumar el paseo de un par de horas por Amsterdam. Así que pensamos que lo mejor sería regresar al hotel, cenar algo allí mismo y descansar. Naturalmente así lo hicieron Vero y mi madre. Alberto y yo nos fuimos a dar un paseo para disfrutar de la noche después de la cena. Uno no pasa un sábado en Amsterdam así como así.

 

A parte de las luces, disfrutamos de la arquitectura y de los canales

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Alberto patinando sobre hielo en la plaza del mercado nuevo

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Callejeando entre canales, callejas y puentes

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El paseo duró más de dos horas en las que disfrutamos de lo lindo. A parte de alucinar con las casas torcidas y con los canales helados, también tuvimos tiempo para tomarnos un refrigerio en uno de los muchos bares abiertos. A eso de las dos de la mañana regresamos al hotel para descansar. Al día siguiente tocaba conocer la ciudad de día y en toda su intensidad. El domingo madrugamos para aprovechar la jornada. A eso de las nueve y media ya estábamos en la calle y desayunados.

 

Vero posando junto a uno de los canales helados de la ciudad

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Madre y Vero junto a la casa de Ana Frank

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No hace falta explicar que la mañana era fría

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El paseo transcurrió entre canales y casas históricas de diversos estilos. Ellos seguían tan perdidos como la noche anterior, así que el planing del recorrido me lo volvieron a dejar a mi. Aproveché para salir de la zona más céntrica y conocer la parte más alejada. También hice lo posible por seguir una especie de ruta modernista de la que ya tendreis noticias en próximos post. De todas las maneras, el paseo se fue cocinando sobre la marcha y a golpe de objetivo fotográfico.

 

La ciudad se mostraba tranquila, casi dormida

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Las construcciones que encontramos eran mucho más que llamativas

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"Chache" hazme una foto, que diría "La Vero"

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Paseando por la plaza de Rembrandt en una mañana sin color

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Después de caminar y caminar, el cansancio fue llegando a nuestros cuerpos. Había llegado el momento de hacer una pequeña parada para descansar. De la que buscábamos una cafetería, dimos con el mercado de plantas de Amsterdam. Allí estuvimos flipando con todo tipo de flores y especies.

 

Fue como entrar en un universo de color a pesar del cielo gris

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Después de pasear entre bulbos, tulipanes y buganvillas, encontramos una cafetería. Allí nos tomamos un café y un chocolate para entrar en calor. A madre le picó el gusanillo del estómago y se pidió un crepé para acompañar.

 

¡¡¡Mmmm!!!! ¡Qué buena pinta tiene esto!

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Tras el café, seguimos con el paseo por el mercado de las flores

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En el mercado compramos unos cuantos tulipanes y alguna que otro bulbo a modo de souvenir. Luego continuamos con el paseo por los canales y las calles de Amsterdam. Poco a poco fuimos dejando la zona más alejada para regresar al centro de la ciudad. De nuevo el recorrido se improvisó sobre la marcha.

 

Madre e hijo retratándose junto a un idílico canal

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Y Vero dándole al disparador con el río Amstel al fondo

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El panorama, al igual que la mañana, era helador

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Nuestros pasos nos llevaron hasta el barrio chino de Amsterdam

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Entre paseos y fotos no nos habíamos enterado de que la mañana iba pasando. Fue al mirar el reloj cuando supimos que ya eran las dos de la tarde. La verdad es que el tiempo había pasado volando y había que ir pensando en comer algo. Aun así, apuramos el paseo y nos fuimos hasta la zona de la estación de tren.

 

La catedral de Amsterdam y la estación en una foto

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Allí hicimos una parada en un tradicional café con enormes ventanales

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Después del piscolabis regresamos al hotel para comer algo. De camino entramos en un supermercado y compramos ensalada, fruta y pasta para hacer al microondas. Dimos buena cuenta de ello y tras la comida, Anavel se hechó una pequeña siesta. Los hijos aprovechamos para jugar un rato al billar que había en la recepción del hotel. Tras el breve descanso, regresamos a la calle con la idea de dar un paseo en barco.

 

Bajando las empinadas escaleras del hotel, también típicas en Amsterdam

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Ya en la calle, pronto aparecieron los reflejos

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Del hotel nos fuimos directos a la estación de tren. De allí parten la mayoría de los cruceros que recorren la ciudad. Miramos los horarios y las compañías varias veces. Al final, después de cruzar el mismo paso de cebra hasta en tres ocasiones, nos decidimos por el crucero de Holland International. La idea era conocer la ciudad desde otro punto de vista, sin cansarnos y sin pasar frío.

 

Pasajeros a bordo o atentos a la pareja de la derecha... eso es amor

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La catedral y un restaurante flotante desde las aguas

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La noche nos pilló por sorpresa en el interior del barco

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El recorrido duró algo así como una hora. No pude hacer muchas fotos debido al movimiento del barco y a la oscuridad. Aun así, el paseo fue entretenido y didáctico. Durante todo el trayecto nos explicaron las peculiaridades de la ciudad. Así que además de conocer Amsterdam desde el agua aprendimos algo más sobre su historia y sus costumbres, sus casas barco, sus canales...

 

El paseo terminó en la estación de trenes, donde empieza la ciudad

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Tras el crucero pensamos en dar otro paseo por el barrio rojo. Como decía mi madre, había que ver niñas. Mi hermana se escandalizó y dijo que éramos unos pervertidos, así que el paseo no duró demasiado. Después de un rato fuimos a parar a un bar de la zona donde tomamos unas especialidades de la zona.

 

El cansancio se hacía notar en el ecuador del viajehttp://viajaresunreflejodelplacer.blogspot.es/img/1000ci35.jpg 

 

Después de la degustación fuimos tirando hacia el hotel. La expedición estaba cansada de tanto caminar en una jornada marcada por el inteso frío. Aunque quedaba noche por delante, al día siguiente tocaba iniciar la vuelta a casa. Continuara...

Enero de nieves

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 08-02-2010 en General. Comentarios (1)

Antes de ponerme con el viaje familiar a Amsterdam y con la aventura marroquí de hace unos días, quiero compartir con vosotros una selección de fotos del mes de enero. El primer mes del año estuvo marcado por la nieve. Y por ello esta tanda de imágenes está plagada de blanco. Hago un pequeño refrito de fotos que saqué durante el temporal. Espero que sean de vuestro agrado.

Después de varios días anunciando nieve a nivel del mar, se cumplió la previsión. El nueve de enero San Esteban y el resto del Bajo Nalón se despertaron cubiertos de blanco. Me tiré de la cama cuando todavía no había salido el sol. Me abrigué y me fui a sacar unas cuantas fotos. Aquí una pequeña selección.

 

San Esteban (y la huerta) cubierta de una ligera capa de nieve

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La playa de los Quebrantos desde el mirador del Espíritu Santo

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Carretera del Espíritu Santo a la altura de Muros de Nalón

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La playa de Aguilar vestidita de blanco

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Hice un montón de fotos, os dejo solo un par de ellas para no aburrir

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Somao nevado con el mar Cantábrico al fondo

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También estuvo nevando en Cudillero

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Fue un día plagado de tormentas, ésta vista desde casa

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El día siguente, 10 de enero, me hicieron un encargo bastante peculiar en el periódico. La orden fue la siguiente: "Lee la nota del 112 con los pueblos aislados. Elige uno y vete a hacer un reportaje". Lo peor de todo es que me avisaron a la una de la tarde cuando en poco más de tres horas volvería a helar.

 

Por suerte Myriam libraba y me acompañó. No perdimos ni un segundo y nos fuimos a Castañedo del Monte, en el concejo de Santo Adriano. Después de más una hora de viaje (lo normal es poco más de 30 minutos) llegamos al lugar desde el que parte la carretera de acceso a Castañedo. Cinco kilómetros de placa de hielo nos separaban de nuestro objetivo. Nos apeamos y subimos caminando.

 

El 205 no tenía tracción para circular sobre el hielo

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Vistas de la carretera hacia Teverga

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A mayor altitud, mayor cantidad de nieve

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Un coche que se salió de la carretera y fue parado por un árbol

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Eva y Daniel llegando a Castañedo del Monte

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La imagen del pueblo era plenamente invernal

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Para el que le apetezca, el reportaje está en el siguiente enlace.  

 

http://www.lne.es/asturias/2010/01/11/bulnes-lado-oviedo/857987.html

 

Poco después, me fui hasta Somiedo para hacer otro reportaje. En esta ocasión la intención era pasar una jornada con los encargados de las quitanieves. Estaba claro que el año no podía comenzar de manera más blanca.

 

Por suerte, aquel día no nevaba demasiado

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Oscar Feito poniendo las cadenas al camión

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Nieve como para aburrir en Valle de Lago, a 1.200 metros de altitud

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Francisco Feito a los mandos de la quitanieves

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Una más desde el interior del camión

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El reportaje completo también lo podeis leer en el siguiente enlace:

 

http://www.lne.es/asturias/2010/01/14/asturias-angeles-gelidos-carreteras/859333.html

 

Aprovechando que estaba por allí y después de bajarme de la quitanieves, me fui hasta el pueblo de El Puerto para ver como llevaban el invierno. Por suerte, el Alcalde me acompañó y me subió en todo terreno, pues la carretera estaba más que complicada. Antes de subir a las alturas (el pueblo está a 1.500 metros de altitud), nos acercamos a un mirador cerca de La Pola para tener una visión de conjunto.

 

Pola de Somiedo desde las alturas

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De camino al puerto nos sorpendió un alud de nieve

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Esperando a que las máquinas abrieran camino para poder pasar

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Panorámica del pueblo de La Peral en el Parque Natural de Somiedo

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Finalmente llegamos a El Puerto, con más de dos metros de nieve

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Llegó un momento en el que me creí estar en Alaska

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En principio, la idea era hacer un reportaje de cómo vive la gente a 1.500 metros de altura. Pero cuando llegamos todo cambió de repente. Nos avisaron de que había un parto de vaca. Así que allí nos fuimos. Cuando me quise dar cuenta estaba metido en una cuadra con más de cien animales. Allí los vecinos peleaban para colocar la placenta a la madre parturienta. Para evitar herir sensibilidades y vómitos omitiré detalles y solo subiré dos fotos. Para mi fue lo más natural que he visto a pesar de las salpicaduras.

 

Los vecinos de El Puerto colaborando en el parto

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Tras el trabajo bien hecho, llega el descanso

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Cuando quisimos salir de allí era de noche. Solo tuvimos tiempo de regresar al coche y bajar hasta la Pola. El viaje duró más de media hora dadas las condiciones de la calzada. Eso si, el pueblo de El Puerto se mostró puramente invernal.

 

Salimos de la cuadra con nocturnidad y alevosía

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Estampa de blanco y amarillo luminoso

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La carretera estaba de esta guisa..... despacito y buena letra

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Un último vistazo a El Puerto, el pueblo más alto de Somiedo

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También os dejo el enlace al reportaje que salió publicado:

 

http://www.lne.es/occidente/2010/01/26/nieve-vive-puerto/864465.html

 

Después de tanta nieve y a pocos de días de irme a Amsterdam con mi madre y mis hermanos, llegaron las inundaciones. Los ríos asturianos se desbordaron y provocaron numerosos daños. En la siguiente imagen, que utilizo para cerrar el capítulo, el río Nalón desbordado a su paso por Pravia.

 

Con el agua al cuello, el río inundó el polideportivo

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Espero que os hayan servido para recordar que aún estamos en invierno. En breves, más, mejor y más variado. Amsterdam ya está al caer.