FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

Domingo de palacios e igleisias modernistas (Viena)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 30-12-2009 en General. Comentarios (0)

Aquel domingo 27 de septiembre iba a ser nuestra primera jornada completa en la capital de Austria. El día anterior ya disfrutamos de buena parte del centro de Viena, pero todavía nos quedaban unas cuantas interesantes por conocer. Por ello madrugamos y dividimos el día en dos partes. La primera parte la dedicamos al palacio de Schönbrunn y a conocer la iglesia am Steinhof, una de las obras más interesantes del arquitecto Otto Wagner. La segunda parte del día la dedicamos al centro histórico, la catedral y otros barrios periféricos. Una de esas jornadas intensas de viaje.

 

Lo primero que hicimos aquella mañana fue cambiar de alberge. Solamente teníamos una noche reservada en el "Do steep inn", donde habíamos dormido. Así que nos levantamos, desayunamos y dejamos el hostel para ir en busca de nuestro segundo hogar en la ciudad. El alberge "Rutensteiner", donde pasamos la segunda noche, no estaba muy lejos. Llegamos sin problemas y en un periquete.

 

Dejamos las mochilas y salimos a disfrutar de Viena

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Llegamos en tranvía hasta las puertas del palacio de Schönbrunn

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Este es uno de los palacios más visitados de la capital de Austria. Para muchos es como el Versalles de Viena. Lo que si que está claro es que es un lugar enorme donde uno puede pasar el día entero sin aburrirse. A causa del presupuesto ajustado, nosotros solamente visitamos lo gratuito.

 

Los jardines, tan llamativos como extensos

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Panorámica del palacio con parte de los jardines en primer término

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Ni que decir tiene que el palacio estaba hasta arriba de gente. Y eso que el reloj aun no marcaba ni las diez de la mañana. Aun así, su amplitud hace que no se sientan las aglomeraciones. Fuimos caminando hasta la zona de la glorieta, situada más o menos en el centro de un inmenso espacio verde.

 

Reflejos de la glorieta en uno de los muchos lagos artificiales del palacio

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Mirando hacia el palacio descubrimos la grandeza del lugar

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Ya que no teníamos pensado visitar el interior de este palacio utilizado por los Habsburgo, continuamos con el paseo por la zona de los jardines. En esta zona nos encontramos un poco de todo. Desde un zoo, a una recreación de una granja del tirol. Cosas de príncipes y princesas...

 

Reposando a las puertas de la granja

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Durante el paseo también dimos con una especie de jardín botánico dentro del jardín. Allí había centenares de árboles de todo tipo. En las proximidades, los jardines iban cambiando de formas y colores. Cada espacio estaba dedicado a un tipo de vegetación. A un lado el jardín alpino, al otro, el tropical y un poco más allá, hasta un jardín asiático.

 

Como si fuera un cuento chino, entre bonsais y plantas orientales

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Echamos un vistazo al exterior de la casa de las palmeras

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Y otro al interior de la casa de las mariposas

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Los jardines nos tenían completamente alucinados

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Panorámica de la zona oeste del palacio con el palmeario al fondo

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Cuando nos quisimos dar cuenta habíamos pasado casi tres horas paseando por el interior del palacio. A pesar de que no habíamos entrado en ninguno de los edificios, habíamos consumido media mañana. Pero había merecido la pena.

 

Tras la visita a Schönbrunn nos tomamos una café en una terraza cercana. Aprovechamos para descansar un rato y para planear el resto de la visita mañanera. Le dimos un par de vueltas al mapa y optamos por acercarnos hasta Kirke am Steinhof, una de las iglesias más flipantes de la capital de Austria. Llegar hasta allí no fue tarea fácil. Caminamos un par de kilómetros hasta una parada de autobus.

 

Al fondo nuestro autobús, bastante alejado del centro

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Al subir al autobus preguntamos al conductor si era la línea correcta para llegar a nuestro objetivo. Entendimos que si y que el nos avisaría cuando llegara el momento. El bus arrancó y se fue alejando más y más del centro de la ciudad. Nos habíamos salido del mapa que manejábamos.

 

Peculiar hospital cerca de nuestro destino

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Por fin llegamos al hospital psiquiátrico

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Según la guía de arquitectura, la iglesia se encontraba en lo alto de este hospital psiquiatra diseñado por Otto Wagner. Seguímos la estela de este precursor del modernismo en Viena y pronto dimos con el templo, tan peculiar como llamativo.

 

Solo pudimos rendirnos ante la imaginación del gran Wagner

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Había que fijarse en cada detalle

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Por unos instantes creimos que nos quedábamos sin ver el interior. Cuando llegamos, la iglesia estaba cerrada, así que nos dedicamos a dar un paseo por su alrededor para observar todo su exterior. Descansamos frente a su puerta y comimos un panecillo que habíamos comprado en una panadería cercana al palacio. Cuando nos íbamos, llegó una mujer que abrió la iglesia. Fue como si nos hubieran abierto las puertas del cielo.

 

Vista general del interior de la iglesia

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Las vidrieras, obras de Kolo Moser, otro de los grandes de Jungestil

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Una peculiar virgen blanca y pura vestida de oro

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Detalle del altar de la iglesia, finalizada allá por el año 1907

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Una mirada hacia el cielo en busca de la enórme cúpula

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Hasta los confesionarios tenían cierto aire modernista

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Al salir, solo pudimos dar las gracias

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Haber dado con esta iglesia modernista había sido todo un puntazo. Sin duda, había merecido la pena llegar hasta este lugar que habíamos conocido unas horas antes, cuando visitamos el museo de Otto Wagner. Y como estábamos por allí, pues nos dimos un paseo por el hospital psiquiátrico, también diseñado por este destacado arquitecto.

 

Un hospital espaciado y con terrazas en las habitaciones, todo un lujo

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Interior de uno de los edificios del hospital

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Detalle de una puerta o donde cada detalle cuenta

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Tras la visita a este complejo hospitalario de unos 15 edificios separados por jardines, acabamos un poco tarados. Veíamos el semblante de Otto Wagner a cada paso y no dejábamos de intuir sus puntos tan característicos. Antes de volvernos locos, abandonamos la zona en autobús.

 

En Ottakring tomamos el metro hacia el centro

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Antes de llegar al alberge, aprovechamos para hacer algo de compra en el único supermercado 24 horas que vimos en la ciudad. Luego nos fuimos al alberge, hicimos un poco de pasta y nos pegamos una buena ducha. Estábamos listos para la segunda parte de la jornada.

 

Salimos del alberge para disfrutar de la tarde de domingo

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Aquella tarde pasó entre el centro histórico, la catedral, el canal del Danubio, la noria de Viena y la última noche en la ciudad. Pero esto, sera otra historia.

Primer contacto nocturno con Viena

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 15-12-2009 en General. Comentarios (0)

Después de la llegada imperial a Viena, se acercaba el momento de pasar la primera noche en la capital de Austria. Los primeros paseos por esta ciudad nos habían servido para comprobar que esta urbe era mucho más señorial y distinguida que las que habíamos visitado durante el resto del viaje. No obstante, el lugar parecía muy tranquilo y con muchas cosas por disfrutar más allá de sus palacios. Aquella tarde - noche nos dejamos llevar por la intuición y acabamos perdidos en las calles más céntricas de Viena. La ciudad seguía sorprendiéndonos a cada paso. Estaba claro que llegar hasta la capital austriaca había merecido la pena.

Durante la primera parte de la jornada habíamos descubierto la zona más o menos próxima al centro de la ciudad. Pero todavía no nos habíamos metido de lleno con el centro histórico. Así que despues de conocer la zona de Karlsplatz, el palacio del Belvedere y los alrededores de Stadtpark, nos fuimos directos al centro de la capital.  

 

De camino, las últimas luces jugaban con los edificios

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Poco a poco nos acercamos al centro, donde abundan galerías como esta

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Reflejos del auténtico centro de la ciudad

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Nos fuimos guíando por las calles gracias a una alta torre, la de la catedral de San Esteban. Este templo es conocido por ser el verdadero centro neurálgico de la ciudad. En torno a él se agrupa el casco histórico, donde hay numerosas tiendas de alto nivel, callejuelas y comercios de chocolate. Continuamos el paseo en busca del palacio de Hofburg, otro de los principales lugares de la ciudad.

 

Una de las calles principales del centro de Viena

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Con la noche a cuestas y en busca del espíritu de Sisi emperatriz

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Entrada al palacio por la escuela de equitación española, en Michaelerplatz

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El palacio de Hofburg es la fortaleza más grande de la ciudad. Aquí vivió gran parte de la monarquía austriaca, incluida la conocidad Sisi emperatriz, a la que tienen dedicado un museo. Hoy en día, sus dependencias aglutinan una serie de edificios como la biblioteca, la escuela de equitación, varios salones imperiales o el palacio presidencial. Es uno de los lugares más visitados y peculiares de la capital austriaca.

 

Detalle de la cúpula y muestra de la opulencia y riqueza real

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Parte de las dependencias de Hofburg, con más de dos mil habiaciones

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Zona del palacio dedicada a la biblioteca desde la plaza de los héroes

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Después del breve recorrido por las dependencias exteriores del palacio, acabamos un poco aturdidos. No estábamos acostumbrados a tanto lujo, ni aunque solamente fuera para verlo. Continuamos el paseo caminando hacia la plaza de Maria Teresa, situada entre el palacio de Hofburg y la manzana de los museos. Allí, en unos agradables e imperiales jardines franceses, descansamos un poco. Junto a una fuente, estiramos las piernas cual príncipes austriacos.

 

Haciendo el animal junto al museo de historia natural

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A decir verdad, estábamos un poco cansados. Desde que llegamos a la ciudad no dejamos de caminar. Solo habíamos parado a tomar un café y poco más. Aún así, todavía quedaba noche por delante y quisimos apurar las fuerzas para seguir conociendo Wien. Aun nos esperaban unas cuantas sorpresas.

 

El Volskstheater, muy cerca de la plaza de los museos

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Curiosos reflejos nocturnos en un edificio singular

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Nos acercamos al Rathaus o Ayuntamiento, donde había otro circo

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Muy cerca disfrutamos del Burgtheater

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Y a partir de este momento nos dejamos llevar por la improvisación. Guardamos el mapa y seguimos el paseo por calles cada vez más oscuras. Llegó un momento en el que nos creíamos perdidos. Eso si, el recorrido fue tan divertido como entretenido.

 

La noche era cada vez más oscura

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Una peculiar exposición antifamélicas o la belleza está en tu cabeza

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Recuperando el rumbo en la noche vienesa

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O eso creíamos, pues la ciudad nos volvió a confundir en nuestro paseo

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Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos de nuevo en la zona más céntrica de la ciudad. Atrás quedaban calles oscuras y alejadas. Cuando llegamos a la parte antigua, callejeamos y callejeamos hasta que dimos con una curiosa plaza que nos llamó la atención. Allí vimos una terraza que nos atrajo desde el primer momento. Nos sentamos para disfrutar de la noche vienesa y también para descansar, que ya tocaba.

 

Nos tomamos unas cuantas cervezas del país tamaño medio litro

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Después de un buen rato y unas cuantas cervezas, pensamos que había llegado el momento de regresar al alberge. Todavía quedaba Viena para rato y no era plan de agotar todas nuestras fuerzas el primer día. Así que pagamos e intentamos buscar la boca de metro más cercana. Algo que se convirtió, casi, en una odisea.

 

Callejeando por un centro histórico nocturno y en busca del subterráneo

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La cerveza nos abrió el apetito y picamos algo antes de desfallecer

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Con tanto lío de calle, tanta cerveza y tantas risas, acabamos completamente perdidos. Llegó un momento en el que solamente dábamos vueltas en círculo. Seguíamos en las mismas calles y sin encontrar una boca de metro que nos llevara al albergue. Así que aprovechamos la ocasión para disfrutar de la noche vienesa y de las callejuelas más pintorescas y oscuras de la ciudad.

 

Callejones sin salida ni parada de metro

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De vez en cuando las calles se abrían y aparecían plazas como esta

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Tras casi media hora de paseo, logramos dar con una boca de metro, señalizadas con la letra U. Como el albergue estaba muy lejos, pensamos en ir en transporte público. Compramos un billete que nos permitía viajar durante las próximas 24 horas en bus, tranvía y metro y que aprovecharíamos el día siguiente. Tras la compra, no exenta de peculiaridades, bajamos al subsuelo para encontrar la dirección correcta.

 

Parada de Subtentor, en las proximidades de Stadtpark y fuera del centro

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Cuando llegamos al alberge solamente tuvimos tiempo para comer un buen bocadillo en la zona del bar. Serían las once y media de la noche y todas las estancias comenzaron a cerrar. Así que no nos quedó otra opción que echarnos a dormir. Al día siguiente, tocaba madrugar. Todavía quedaba mucha Viena por delante.

Llegada imperial a Viena

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 14-12-2009 en General. Comentarios (1)

Aquella mañana del 26 de septiembre traspasamos la frontera una vez más. Después de casi tres días en Budapest, había llegado el momento de viajar hasta Viena, la capital de Austria. Fue una jornada extraña, más que nada porque tuvimos que cambiar el chip. Budapest no es mejor ni peor que Viena. Simplemente son distintas y tienen ambientes muy diferentes. Por lo demás, la jornada fue igual de intensa que las anteriores, con una mañana de aproximación y una primera noche a la vienesa. Un primer acercamiento que nos sirvió para comprobar el ambiente señorial y palaciego de esta capital del centro de Europa.

Madrugamos para aprovechar la jornada. A eso de las ocho ya estábamos en pie. Desayunamos y abandonamos nuestro albergue en Budapest. Nos daba pena dejar atrás esta ciudad que nos había cautivado de lo lindo. Pero había que continuar con el viaje. Del albergue fuimos en metro hasta la estación de tren. Desde allí, a las nueve y media partió un tren hacia Viena. El viaje hasta la capital austriaca duró algó así como tres horas. Pasadas las doce y media llegamos a la ciudad del vals.

 

Lo primero fue dar con el alberge, próximo a la estación

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Ya habíamos reservado una noche en este lugar cercano a la estación del oeste (Westbahnhof). Llegamos, dejamos nuestas mochilas en la habitación y nos fuimos a recorrer la ciudad. Corría la una del mediodía cuando salimos a las calles de esta ciudad imperial que poco tiene que ver con Budapest.

 

Amplias avenidas y edificios de corte neoclásico

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La ciudad de Viena también tiene unas grandes dimensiones. Para llegar desde nuestro albergue hasta la zona del centro tuvimos que recorrer algo así como un par de kilómetros. La pateada diaria estaba asegurada por enésima vez consecutiva.

 

Camiando por la central y comercial Mariahiffer

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Edificios junto a una de las calles principales

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Pronto aparecieron los primeros reflejos de la ciudad

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En principio, teníamos la intención de pasar dos noches y tres días en Viena. Así que planificamos un poco nuestra visita. Aquellas primeras horas las dedicaríamos a conocer a grandes rasgos la zona del centro. Pero lo haríamos de una manera peculiar. El viaje por Europa había tomado unos tintes muy culturales y creimos conveniente seguir en esta línea. Así que lo primero que visitamos fue la casa de la Secesión. Era como continuar con el recorrido modernista, pero esta vez por la capital de Austria.

 

Uno de los laterales del edificio, proyectado por Joseph Maria Olbrich en 1898

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Pequeño homenaje creativo a la creatividad

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Panorámica del edificio con su peculiar cúpula dorada

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Este edificio fue construido para albergar las exposiciones de un variado grupo de artistas que conformaron el grupo de la secesión vienesa. Su meta era la renovación artística y la reinterpretación de los estilos pasados. Cansados del neoclasicismos dieron un nuevo aire al arte y a la arquitectura de la ciudad.

 

El paseo continuó por las proximidades, disfrutando de la ópera

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No tardamos en llegar a la plaza de Karls

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No llevábamos ni dos horas en la ciudad y ya habíamos caminado más de tres kilómetros. Además, el hambre comenzaba a hacer acto de presencia. Así que tuvimos que buscar un supermercado para comprar algo de comida. Elegimos la Karlsplatz para comer por ser un lugar céntrico. Pero sobretodo porque allí se levantaron los pabellones de metro más famosos de la ciudad, diseñados por Otto Wagner.

 

Visitamos su interior, dedicado al arquitecto

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En este museo conocimos un poco más de cerca la vida y obra de este arquitecto, uno de los precursores del modernismo en Viena. A partir de entonces, la visita a la ciudad se planearía siguiendo la estela de Wagner y otros arquitectos de la época.

 

La iglesia de Carlos, situada muy cerca de los pabellones del metro

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Escena cotidiana de verano a finales de septiembre

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Las grandes avenidas no dejaban de sorprendernos

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La verdad es que el cambio de ciudad y de país se hizo notar. Llevábamos tres días en Budapest y más o menos nos conocíamos sus calles y su estructura. Así que al llegar a Viena tuvimos que empezar de cero para entender la ciudad. Fue una experiencia algo confusa pero también gratificante.

 

A todas estas seguíamos pateando al ritmo de bici

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Sin darnos cuenta llegamos al palacio de Belvedere

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Donde sus dimesiones y riqueza nos acongojaron

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Viena también es conocida por ser la ciudad de los palacios. El de Belvedere es uno de los tres que marcan el caracter imperial de la urbe. Pasear por sus jardines fue como regresar a la época en la que los Habsburgo gobernaban casi toda Europa.

 

Los jardines de Belveder, un lugar perfecto para pasear en carruaje

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Parte posterior del Palacio, construido entre los años 1714 y 1723

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En el interior del palacio destaca una importante colección de pinturas. Entre todas ellas, una de la más llamativa y conocida es la representación del beso de Gustav Klimt, otro de los precursores del modernismo en Austria. Debido al precio de la entrada, una vez más nos tuvimos que conformar con la visita exterior gratuita. Luego continuamos con el recorrido vienés ayudándonos con una guía - mapa sobre la arquitectura de la ciudad.  

 

Konzerthaus, otro edificio de principios del siglo XX

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Casi sin darnos cuenta los kilómetros se iban acumulando en nuestras piernas, que a esas alturas estaban más duras que una piedra. Aprovechamos la coyuntura y paramos en un bar en el que ondeaban banderas piratas. Allí nos tomamos un café vienés y una cerveza del país. Brindamos por haber llegado a Viena, una ciudad que nos estaba causando una primera impresión muy buena.

 

Seguimos el paseo buscando más edificios modernistas

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Y así llegamos hasta Stadtpark, agradable zona verde

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Regierungs gebäude, uno de los edificios más portentoso edificio de la ciudad

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La verdad es que después de la visita a Budapest las comparaciones eran más que inevitables. Viena nos estaba gustando, pero quizas era algo más monótona. Sobretodo porque en sus calles predomina el estilo neoclásico. El hecho de ir buscando sus edificios modernistas fue una especie de antídoto contra la monotonía.

 

Oficina de correos, levantada según planos de Otto Wagner en 1905

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Un vistazo al interior en forma de reflejo modernista

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La tarde tocaba a su fin. El sol prácticamente había desaparecido pero aún quedaban muchas cosas por ver y conocer. La llegada imperial a Viena estaba más que consumada. Pero lo mejor de todo es que todavía, nos quedaba por delante la primera noche en la capital austriaca.

Budapest, despedida por todo lo alto y lo nocturno

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 10-12-2009 en General. Comentarios (0)

Nuestro tiempo en la ciudad de Budapest iba terminando. Después de una mañana entre sinagogas y baños termales modernistas, teníamos por delante la última tarde en la capital de Hungría. Aprovechamos las últimas horas de estancia al máximo subiendo a uno de los mejores miradores de la ciudad y dando un buen paseo nocturno. Muy a nuestro pesar, el periplo húngaro de este viaje por Europa tocaba a su fin.

Salimos de las termas más que relajados. Parecíamos otras personas, con piel y pelo nuevo. Pero el baño también nos abrió el apetito. Así que lo primero que hicimos fue buscar un restaurante en el que comer.

 

Para ello cruzamos el río y nos acercamos al centro

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En una de las calles peatonales, no muy lejos del mercado, dimos con un restaurante que nos convenció. En la puerta tenía una oferta de menú del día con dos platos por un precio módico. No lo dudamos y nos sentamos, aunque realmente no sabíamos en qué consistía el menú.

 

Cuando vino el camarero le hicimos entender que queríamos uno de cada uno. Fue muy gracioso, pues no sabíamos que habíamos pedido. Nos trajeron una jarra de cerveza de un litro, pan y unas sopas de primero. Como creíamos que aquello era el menú, nos comimos el pan entero. Luego llegó un segundo plato, con pollo y carne guisada.

 

Camarero, creo que hay un fideo en esta sopa

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Tras la comida y con las fuerzas repuestas, continuamos con el paseo de despedida. Todavía no habíamos subido hasta la estatua de la libertad de Budapest, situada en lo alto de una colina entre Buda y los baños Gellert. Así que hasta allí nos dirigimos.

 

Antes de subir entramos en una de las numerosas cuevas de la ciudad

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Concretamente, este lugar era una iglesia situada en el interior de una cueva. Entramos y salimos porque estaban dando misa. Aun así, la breve visita nos sirvió para conocer otra de las características que definen la capital húngara: sus cuevas.

 

Subimos la colina y pronto aparecieron las panorámicas

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Llegando a los pies de la estatua de la libertad

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La colina de Gellert es uno de los mejores miradores de la ciudad. Desde esta atalaya, muy utilizada durante las guerras para defender la urbe de la aviación enemiga, se divisa la gran capital húngara en todo su explendor. Las vistas son de esas que quitan el hipo. Tan ámplias que parecen infinitas.

 

Panorámica de la ciudad de Pest

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Una de las estatuas existentes en la zona con la ciudad de fondo

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Buda y Pest, como dos bolas separadas por el Danubio

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Desde las alturas estuvimos recordando el circuito que habíamos realizado por la ciudad. Podíamos ver todos y cada uno de los lugares que habíamos visitado. Con el recorrido visual corroborramos aquello de que la ciudad es enorme. También confirmamos lo mucho que habíamos caminado.

 

Detalle parcial de la gran Pest, al fondo a la derecha, la estación de Keleti

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Continuamos la visita por la ciudadela, con curiosas inscripciones bélicas

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Estándo en lo más alto, el atardecer comenzó a crear colores

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La cuidadela de Budapest es un fortín defensivo intensamente utilizado durante la última Guerra Mundial. Bajo este edificio de grandes muros se esconde una entrelazada red de pasadizos y cuevas. Cuando estábamos allí arriba, un par de aviones y helicópteros sobrevolaron la zona. Fue como retroceder en el tiempo hasta la contienda. Daba miedo.

 

Buda a la izquierda y Pest a la derecha, partidas por el río

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Tras la visita a la zona más alta de la ciudad, inciamos el camino de descenso hasta el albergue. Por el camino dimos con un muro lleno de fotografías históricas. Todo esto antes de que anocheciera completamente.

 

Imaginando el aspecto de la ciudad hace 160 años

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Bajamos por un parque y nos despedimos de las panorámicas

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Ya en el alberge, descansamos durante unos instantes. Nos duchamos, nos cambiamos, comimos algo y nos fuimos a recorrer la ciudad. Era nuestra última noche de estancia en Budapest y había que agotarla. Sería el último paseo por una ciudad que nos tenía completamente enamorados. Iba a ser difícil dejarla atrás.

 

La primera foto de la noche se la llevó el Danubio y sus reflejos

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Continuamos el paseo por el puente de las cadenas, al fondo el castillo

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Buda y la iglesia de San Matias mirándose en la noche del Danubio

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Durante este último paseo nocturno teníamos la intención de pasar por los lugares más interesantes de la ciudad. Fue como hacer una especie de resumen de lo visto y lo vivido en unas horas. Tras el puente de las cadenas, nos fuimos hasta la avenida Andrassy, otra de las joyas de Budapest.

 

Disfrutando de la decoración de sus edifcios

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Una zona muy lujosa con tiendas de alto standing

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Otro vistazo a la arquitectura neoclásica de la calle

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Caminamos por la avenida hasta que dimos con el molino rojo

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Luego nos metimos por la zona más oscura en busca de aventuras

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En realidad no íbamos buscando aventuras, sino un bar típico. La zona de Andrassy estaba llena de locales de caché. La gente iba vestida de traje y aquello no era lo más apropiado para nosotros. Así que nos metimos por las calles más oscuras en busca de uno de los muchos bares ruinas que hay por la ciudad. Al final tuvimos suerte.

 

En este bar con columpios degustamos unos cuantos vinos de la tierra

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En este peculiar bar, levantado sobre una caseta de obras en un solar, apuramos la noche. No queríamos irnos de la ciudad, así que cuando se nos acababa el vino pedíamos otro. Era una manera de alargar nuestra estancia en Budapest. También conocimos un poco más de cerca la vida nocturna del país y sus gentes.

 

Después de las copichuelas nos fuimos directos al alberge. Para ello recorrimos las calles más conocidas y el centro de Pest. Finalmente cruzamos el río por última vez.

 

Antes de dormir, no quisimos dejar de lado los reflejos de Danubio

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Al llegar al alberge, a eso de la una de la mañana, cenamos algo. Los dueños nos animaron a unirnos a una fiesta que hacían en un piso cercano. Pero desestimamos la oferta. El día siguiente había que madrugar para viajar hasta Austria.

 

Antes de dormir, reservamos una noche más de alojamiento en la capital de Viena. Y como el alberge reservado para el primer día estaba completo, tuvimos que buscar otro en las proximidades. La visita a Viena se presentaba movidita.

 

Entre sinagogas y termas modernistas (Budapest)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 03-12-2009 en General. Comentarios (0)

Aquel 25 de septiembre significaba el séptimo día de un viaje trepidante por Europa. Y como era el séptimo, pues tocaba descansar. Atrás quedaba Milán, el lago Magiore, Bérgamo, Bratislava y buena parte de Budapest. Y por delante, Viena y la vuelta a casa por la república Checa y Londres. Así que era descansar o morir. La jornada también fue la última que dedicamos íntegramente a la capital de Hungría. La mañana trascurrió entre sinagogas y baños termales modernistas.

Después del tute que nos pegamos el día anterior y un profundo sueño, despertamos a eso de las ocho de la mañana. Nos hicimos un poco los remolones y luego desayunamos antes de salir a patear de nuevo la ciudad. Era nuestro último día completo en Budapest y había que apurar la estancia. Todavía nos quedaba alguna que otra cosa pendiente, como una buena sesión de baños termales. Pero antes teníamos que realizar unas cuantas cuestiones viajeras.

 

Del albuergue, directos al metro

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Que nos llevó hasta la estación de tren de Keleti

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No solo teníamos que rentabilizar el billete diario que habíamos comprado, también teníamos que informarnos sobre los trenes hacia Viena, nuestro próximo destino. Ya en la estación compramos un billete hacia la capital de Austria para la mañana siguiente. Definitivamente, eran las últimas 24 horas en Budapest. Así que había que aprovechar.

 

Nos fuimos directos a la Sinagoga de la calle Doháni

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Esta sinagoga está considerada como las más grande de Europa y la segunda del Mundo. La verdad es que sus dimensiones impresionan. Casí tanto como la seguridad que la guardaba. El precio de visita lo creimos desproporcionado, casi tanto como las colas de turistas que tenía. Así que nos conformamos con su exterior.

 

¿Estará el dios judio también en el cielo?

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Luego nos fuimos a otra sinagoga próxima

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Más pequeña y también más asequible a nuestro presupuesto

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Estaba un poco descuidada

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Aunque tenía una belleza casi divina

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Tras la visita a esta peculiar sinagoga, bastante menos frecuentada por los turistas, nos dimos un paseo por calles que más o menos ya conocíamos. Así que fuimos directos a otro de los puntos que queríamos visitar antes de marcharnos.

 

Las galerías próximas a la calle París

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Detalle de la cúpula del edificio...de tanto mirar al cielo nos dolía el cuello

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Aquel paseo mañanero tenía un objetivo definido. Una de las cosas que tuvimos claras cuando preparamos el viaje, era que nos daríamos un homenaje a modo de baño termal en Budapest. Y es que la ciudad es también conocida por sus aguas medicinales que ya utilizaron los romanos. Aquella era la mañana elegida para el gran relax que las propias vacaciones ya exigían. Pero antes teníamos que pasar por el mercado central a comprar unos souvenirs variados.

 

Nos decantamos por la paprika, no por los manteles

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La ciudad cuenta con más de cien piscinas termales y otras tantas medicinales. Posee una veintena de centros termales, pero nosotros nos decidimos por uno en concreto, el de Gellert. Puede que sea uno de los más turístico, pero también es el más modernista. Y ya que estábamos puestos en la secesión...

 

Al fondo, los baños Gellert, en primer término, otra de las caras de la ciudad

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El tema de la pobreza en´Budapest y en Bratislava es algo que se ve en las calles. Quizás no haya demasiados transehuntes, pero todos los días vimos largas colas de personas esperando por un plato de comida caliente. Además, la mayoría de los vagabundos eran personas mayores.

 

Entramos a los baños Gellert sin aglomeraciones ni colas

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El lugar es de esos que cautivan a la primera

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Alucinados y cambiados, comenzamos el circuito

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Lo primero, un bañito refescante  en la piscina de olas

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Todo eran detalles y sensaciones

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Luego llegaron los chorros de agua caliente

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Nos tomamos la sesión con tranquilidad. Así que pasamos un buen rato en las piscinas exteriores, una de agua templada y otra caliente. Entre los chorros y las olas estábamos disfrutando de lo lindo y teníamos todo el día por delante. El circuito continuó por las piscinas interiores.

 

Las formas modernistas se multiplicaron

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Llegó un momento que parecía que estábamos en un sueño

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No solo era el baño, también el entorno

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Baño caliente, baño frío y así sucesivamente durante un rato. Luego nos tuvimos que separar para entrar en las termas, una de las partes más sensitivas del circuito. Creo que en este punto alcancé una especie de éxtasis secesionista.

 

Entrando a las termas no sabía a donde mirar

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A un lado piscina de 38 grados centígrados

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Y al otro un poco más fría, a 36º

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Todo en un espacio prácticamente idílico salpicado de formas y colores

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Fue uno de los baños más placenteros de mi vida

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Salimos del agua como pasas y nos perdimos por el edificio 

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Estuvimos en los baños Gellert casi tres horas. Así que cuando abandonamos las termas estábamos como un pez fuera del agua. Hasta nos perdimos a la salida, cuando en la puerta se agolpaban cientos de turistas para entrar. Sin duda, la visita y el circuito temprano por este edificio de principios del siglo XX había merecido la pena. Un relajante y relajado capricho.