FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

La ciudadela de Rasnov (Rumanía)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 18-03-2011 en General. Comentarios (1)

Después de conocer el castillo de Bran, tocaba acercarnos hasta la ciudadela de Rasnov, otro de los muchos puntos de interés de la región de Transilvania, en Rumanía. La jornada avanzaba y queríamos apurar las horas de luz. Esta segunda parte del día la dedicamos íntegramente a conocer este pueblo y su pasado medieval. Transilvania ya nos había cautivado y Rasnov fue el colofón de la jornada.

 

Cuando llegamos a Rasnov el reloj marcaba más de las dos de la tarde. Según nuestros cálculos, todavía teníamos unas algo más de tres horas de luz. Así que no nos detuvimos demasiado y fuimos a tiro fijo. Bajamos del autobús y seguimos la calle principal de Rasnov hacia la ciudadela, que parecía mirarnos desafiante desde las alturas.

 

La ciudadela de Rasnov, altiva en la montaña

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Caminamos por las calles de Brasov, núcleo de origen sajón

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Detalles, iglesia gótica y ciudadela medieval

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Rasnov es una localidad situada a unos 15 kilómetros de la ciudad de Brasov. A parte de su entramador urbano, de clara influencia germánica, destaca su ciudadela de origen sajon y fechada en torno al siglo XIV. Además, Rasnov posee una interesante iglesia gótica a la que entramos previo pago de medio euro por persona. En el interior no se podían hacer fotografías y la encargada del templo no nos quitaba ojo. Así que solo puede tomar una instantánea.

 

Detalles góticos en el interior de la iglesia de Rasnov 

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Tras la breve visita, continuamos paseando por las calles de Rasnov

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Una peculiar vivienda que nos encontramos de camino a la ciudadela

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Según nuestros cálculos, desde la parada del autobus hasta la ciudadela tardaríamos en llegar algo más de media hora. Buscamos la dirección correcta y fuimos en busca de la entrada a esta fortaleza. De camino no solo disfrutamos de la arquitectura del lugar. También gozamos con los extensos y frondosos bosques de la zona. Toda una delicia.

 

Con paso ligero hacia la fortaleza para no perder el calor

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Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en el aparcamiento de acceso a la fortaleza medieval. Allí nos esperaba un peculiar transporte público que nos llevaría hasta la entrada a la ciudadela y nos ayudaría a salvar el desnivel existente. El vehículo en si se promocionaba como el tren turístico de Transilvania.

 

El tractor con remolque y cadenas que nos llevó hasta la ciudadela

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Cetatea Rasnov o la ciudadela de Rasnov

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Entrada principal de la fortificación

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Lo primero de todo fue llegar a la zona más alta

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En la parte más alta de la ciudadela, que hoy sirve de mirador, hicimos una parada. Aprovechamos para comer en las alturas mientras el sol nos pegaba en la cara. Nos hicimos unos bocadillos mientras disfrutamos de unas vistas de vértigo. Todo lo que teníamos a nuestro alrededor eran paisajes nevados.

 

Vista parcial de la ciudad de Rasnov desde la ciudadela

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Otra de las panorámicas invernales que nos brindó la fortaleza

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Y un último vistazo a la zona más montañosa y boscosa

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Después de llenar el estómago, continuamos con la visita a la ciudadela de Rasnov. Esta fortaleza, construida por los caballeros de la orden teutona, permaneció en activo hasta el año 1850, cuando se abandonó por su estado ruinoso. Hoy en día está siendo rehabilitada y varias de las casas reconstruidas albergan tiendas de souvenirs. Según cuenta la leyenda, la fortaleza únicamente fue invadida en una ocasión.

 

Callejeando por la ciudadela medieval de Rasnov

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Rosenau: Rasnov en sajón

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Jugando con los reflejos de la plaza principal de la ciudadela

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Y otro vistazo a la plaza de la fortaleza

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A decir verdad, la ciudadela es bastante manejable. Los visitantes pueden caminar por poco más de dos calles. De ahí que la visita se pueda realizar en poco más de una hora. No obstante, nosotros nos lo tomamos con calma. Disfrutamos de los miradores, paseamos con tranquilidad y aprovechamos nuestra estancia sin apenas aglomeraciones. A pesar de su proximidad, esta ciudadela no es tan conocida ni tan frecuentada como el castillo de Bran.

 

Colgados del abismo y oteando la ciudad baja de Rasnov

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Vista aérea de la iglesia gótica de la localidad

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El pasado medieval y defensivo es patente en todo momento

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Observando el bosque desde una de las ventanas de la fortaleza

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Cuando prácticamente habíamos recorrido toda la ciudadela, llegó un auténtico aluvión de gente. Por suerte volvíamos a dejar un castillo cuando se llenaba de visitantes. Así que nos dirigimos a la salida para dar por conlcuida la excursión por la ciudadela. Aunque quedaba algo de luz, todavía teníamos que bajar de las alturas, cruzar la ciudad y encontrar un autobús que nos llevara de regreso a Brasov.

 

La ciudadela impresiona por su historia y también por su entorno

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Y un último vistazo a la fortaleza a modo de despedida

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Myriam con cara de susto durante la bajada en tractor suicida

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Junto al aparcamiento, después de bajar del tractor turístico, dimos con un pequeño bar. Aprovechamos para tomar un café y para entrar un poco en calor. La tarde caía y el frío iba aumentaba. Bastaba con echar un vistazo a través de la ventana para comprobar que estábamos en invierno y que el ambiente era helador.

 

Carámbanos vistos desde el cálido interior del bar

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Tras el café bailamos un poco de bakalao para entrar en calor

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Como curiosidad os contaremos que la música bakalao es como una religión en Rumanía. En todos los bares que estuvimos ponían esta machacona cantinela. Ni las cafeterías se libraban de esta plaga. Lo más sangrante nos lo encontramos entre la ciudadela y la ciudad de Rasnov. Allí vimos una pista de patinaje completamente vacía pero con la música a tope. El pum - pum retumbaba en todo el valle.

 

Postal invernal rumana en las proximidades de Rasnov

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Los últimos rayos de sol iluminando el bosque

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Tras la caminata, llegamos a Rasnov, arriba la ciudadela

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Otra escena cotidiana antes de abandonar la ciudad de Rasnov

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Y el último vistazo a la ciudadela en la que nos encaramamos

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Llegamos a la parada de autobus y al poco apareció un vehículo con dirección a Brasov. Fue una suerte, pues haber tenido que esperar a pie quieto nos hubiera congelado. El viaje hasta destino duró como media hora. Cuando llegamos, el sol ya se había marchado. Eso sí, el hielo permanecía.

 

Estación de autobuses de Brasov en una larga exposición

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Cuando nos bajamos del autobús fuimos a una parada próxima para tomar un bus de línea hasta el centro. Nos equivocamos y tuvimos que tomar otro que nos dejó más lejos de lo que pensábamos. Tuvimos que caminar hasta al albuergue. Una vez en casa, nos cambiamos y optamos por salir a la calle para cerrar la jornada con una cena típica del país. Antes de entrar a cenar paseamos por las gélidas calles más próximas al albergue. El termómetro marcaba ocho grados bajo cero. Y bajando.

 

Callejuelas en las proximidades del albergue

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Fuimos a cenar a un restaurante que nos recomendaron en el albergue. Probamos la trucha, la sopa y también un variado de embutidos. Todo estaba bastante especiado. Era como si utilizaran el picante para entrar en calor. También catamos el vino del país, muy bueno, por cierto. Y dimos por concluida la velada tomando tuica, un licor tradicional parecido al aguardiente pero con sabor a cereza.

 

Tuvimos que pasear tras la cena para bajar los licores

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Después del paseo de rigor, optamos por regresar al albergue. La jornada había sido intensa y estábamos algo cansado. Además, a la mañana siguiente pretendíamos madrugar para conocer un poco más la ciudad de Brasov antes de regresar a Bucarest. El viaje por Rumanía llegaba prácticamente a su ecuador.

El castillo de Bran (Rumania)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 07-03-2011 en General. Comentarios (4)

El castillo de Bran es una de las principales joyas turísticas de Rumanía. A parte de su más que cuestionable relacción con Drácula, lo más llamativo de esta fortaleza es su historia y su arquitectura. Fue construido durante la edad media si bien fue reformado en varias etapas posteriores. Como ya nos había comentado la gerente del albergue de Brasov, visitar Rumanía y no acercarse hasta esta fortaleza era casi como un delito.

 

La visita al castillo cuesta unos cinco euros por persona y se puede realizar en una hora cómodamente. Todas las estancias cuentan con paneles explicativos, en rumano y en inglés, en los que se cuenta la historia de cada dependencia. Nosotros optamos por realizar la visita sin guía y sin prisas. Por suerte todavía era pronto y el castillo no estaba saturado de turistas.

 

El castillo domina un paso clave en Transilvania

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El entorno en el que se levanta es naturalmente impresionante

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Cruzando una puerta medieval de regreso a pasado

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Los detalles históricos y artísticos abundan por doquier

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Esta fortaleza fue construida en el siglo XIII por un caballero perteneciente a la orden teutona. Fue un puesto de defensa y de cobro de aduanas hasta hace apenas unos siglos. Posteriormente pasó a ser ocupado como residencia real. Como pudimos entender en los carteles explicativos, también perteneció a la princesa Iliana de Rumanía. En la época comunista fue incautado y finalmente se devolvió a su propiedad. Su estado de conservación es muy bueno y sirve para imaginarse como era la vida en la edad media por estos pagos.

 

Todas las estancias tienen su propia chimenea

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Pasadizos secretos comunicando las habitaciones

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Una suntuosa sala reflejo de la riqueza histórica del lugar

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La fortaleza desde uno de los balcones interiores

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La terraza, uno de los lugares más agradables del castillo

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Fuimos recorriendo todas las depencencias visitables sin prisa. Además, lo hicimos prácticamente solos. Únicamente nos cruzamos con un par de familias de Rumanía que también visitaban la fortaleza. Leímos detenidamente las explicaciones y disfrutamos de los detalles de cada habitación.

 

Observando un peculiar armario labrado en madera

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Todo son puertas, pasadizos, habitaciones y estancias

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El castillo de Bran suele ser conocido como el castillo de Drácula, aunque en realidad no es así. Según cuentan, el autor de la novela de Drácula se pudo inspirar en la figura de un personaje real: Vlad III en empalador, también conocido como Vlad Tepes o simplemente Vlad Draculea. Este personaje, que fue príncipe de Valaquia, luchó contra el avance de los turcos hacia centro Europa y se caracterizó por empalar vivos a sus enemigos. Esta figura real pasó poco más de una noche en el castillo de Bran.

 

Comparando perfiles con el empalador ¿Seré de su linaje?

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En la última planta del castillo se habla de este personaje y de su posible relacción con la novela de Bram Stroker. En esta zona también hay fotografías y carteles en las que se ve la promoción que tuvo el castillo en forma de películas sobre el Conde Drácula, los vampiros y Transilvania.

 

Continuamos la visita disfrutando del panorama que rodea al castillo

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Un vistazo al horizonte desde otra dependencia de la fortaleza

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Escaleras serpenteantes y estrechas

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Uno de los salones regios con una estufa de cerámica a la derecha

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Escudo de Rumanía en una bandera centenaria

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Los salones y las habitaciones reales se encuentran prácticamente en su estado original. Abundan la decoración, que varía desde lo medieval a lo moderno. También hay salas en las que se habla sobre los propietarios del castillo y otras en las que se recuerda el pasado belicoso de este enclave.

 

La princesa Iliana en pose modernista

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Sala dedicada a la vestimenta real y militar

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Armaduras y armas de guerra en otra de las dependencias

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Un vistazo al castillo desde el corredor interior que une las torres defensivas

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Desde el patio interior mirando hacia el cielo

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La visita resultó más que interesante. A pesar de su tamaño no demasiado grande, el castillo tiene atractivo para pasar en su interior más de una hora. A eso de las doce del mediodía, cuando nosotros estábamos terminando la visita, llegó un aluvión de turistas, sobretodo rumanos. Nosotros optamos encontes por abandonar la fortaleza y continuar con la excursión por Transilvania.

 

Bajando del castillo por una rampa congelada

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Junto al castillo hay una especie de museo etnográfico con varias edificacioneshttp://viajaresunreflejodelplacer.blogspot.es/img/10000yq24.jpg 

 

Estaba cerrado, pero conocimos un poco más de cerca la vida rural rumana

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Después de dar un paseo por esta especie de museo al aire libre salimos del entorno del castillo y paramos en la zona de souvenirs para ver si tenían alguna cosa interesantes. A parte de las típicas camisetas, tazas y demás artilugios, encontramos unos peculiares vendedores de queso. Al final trajimos de regalo un par de quesos tradicionales conservados y curados en madera. Tras las compras salimos a la carretera para encontrar la parada de autobús. Nuestra idea era continuar con la ruta hacia la ciudadela de Rasnov. Así que nos fuimos a la parada y esperamos la llegada de nuestro autobús. Durante esta espera los pies se nos congelaron a pesar del vino caliente que nos tomamos.

 

Las construcciones de Bran seguían llamándonos la atención

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La parada de bus de Bran con el castillo al fondo a la derecha

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Y una última toma del castillo a modo de despedida

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Tras media hora de espera, emprendimos viaje por un paisaje invernal

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El viaje desde Bran a nuestro próximo destino no duró ni media hora. Durante el trayecto aprovechamos para calentar los pies y para disfrutar de los paisjes de Transilvania, que vestidos de blanco eran aún más espectaculares. La zona ya nos había cautivado. Pero aún quedaban más sorpresas. La ciudadela medieval de Rasnov nos esperaba.

De Brasov a Bran (Rumanía)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 02-03-2011 en General. Comentarios (1)

Después de la primera noche de aclimatación en Brasov, llegaba el momento de disfrutar de Rumanía a tope. Aquel sábado 29 de enero iba a ser nuestra primera jornada completa en el país. Y como no podía ser de otra manera, lo íbamos a aprovechar al máximo. Aquella jornada conoceríamos Bran, su castillo y la ciudadela de Rasnov. Fue una jornada repleta de alegrías y de descubrimientos. Lo primero que hicimos fue acercarnos hasta la localidad de Bran, a algo más de media hora de Brasov. El viaje fue de esos que se quedan para siempre en la memoria.

Aquella mañana madrugamos para aprovechar las horas de luz. La noche anterior habíamos estado hablando con la encargada del albergue sobre nuestra ruta a seguir. En un principio teníamos pensado acercarnos a alguna otra ciudad medieval de Rumanía. Pero al final optamos por un recorrido menos ambicioso. La nieve y el poco tiempo que estaríamos en el país nos hicieron modificar la ruta. Estaba decidido: pasaríamos dos noches en Brasov y otras dos en Bucarest.

 

Con las primeras luces salimos del albergue

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Un vistazo diurno a la plaza mayor de Brasov

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La idea de aquella jornada era recorrer los principales enclaves del entorno de Brasov, corazón de Transilvania. Para ello, como nos recomendaron en el albergue, madrugamos y seguimos una ruta más o menos definida. Antes de partir, buscamos un supermercado para avituallarnos y comprar comida. De camino, disfrutamos de una ciudad que ya nos había cautivado la noche anterior. Sin duda, elegir Brasov como destino había sido un acierto.

 

Una de las calles principales de Brasov con la ciudadela al fondo

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De camino a la estación pasamos junto a uno de los bastiones de la ciudad

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La arquitectura de Brasov seguía sorpendiéndonos

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La biblioteca municipal, muy cerca de la parada de bus

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Viviendas residenciales en el entorno de la parada de autobuses

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El plan de aquella mañana era simple. Teníamos que acercarnos a la parada de buses urbanos. Desde allí, un autobús nos llevaría hasta una de las estaciones de la ciudad. Una vez en este punto, deberíamos buscar el bus con destino a Bran. Aprovechamos este recorrido para tomar fuerzas y desayunar.

 

El frío se palpaba en el ambiente: había que entrar en calor comiendo

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El interior del autobus de línea estaba congelado, como la mañana

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No tardamos en llegar a la Gara número 2 de Brasov

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La estación de la que parten los autobuses con destino a Bran está algo apartada del centro de Brasov. Llegamos sin problemas ni sobresaltos. Al poco de arribar, apareció un vetusto autobús que parecía tener como destino Bran. Tuvimos suerte y apenas esperamos para salir. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en ruta y subidos en un peculiar bus repleto de oriundos donde la música tradicional de la zona no dejaba de sonar. Fue de esos recorridos memorables.

 

Subidos en el autobus con destino a Bran, un viaje al pasado

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Escena cotidiana del medio rural rumano carromato incluido

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La ciudadela de Rasnov, que luego conoceríamos, vista desde el autobus

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El viaje hasta Bran duró algo más de media hora. Nosotros, por desconocimiento o quizás por las ganas de caminar, nos bajamos antes de lo previsto. Como no sabíamos exáctamente donde íbamos, en cuanto vimos aparecer el cartel de Bran, nos apeamos del autobus. Luego nos dimos cuenta de que nos habíamos bajado como un kilómetro antes de nuestra parada. Aun así, aprovechamos el paseo mañanero para entrar en calor y para conocer un poco más de cerca la región de Transilvania.

 

Caminando por una carretera de arcenes congelados

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Proximidades de Bran, uno de los principales focos turísticos de Rumanía

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Los paisajes invernales eran prácticamente idílicos

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Pasito a pasito, nos fuimos acercando hasta el castillo de Bran

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El castillo de Bran es una de las atracciones turísticas más famosas de Rumanía. Es la fortaleza que todo el mundo relacciona con Drácula. De ahí que sea prácticamente un lugar de peregrinaje tanto para turistas internacionales como locales. Los alrededores están plagados de tiendas de recuerdos.

 

Una peculiar casa en las proximidades del castillo

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Y aquí otra curiosa construcción de la localidad de Bran

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Llegamos al mundo del souvenir, con el castillo, por fin, al fondo

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Aquí todo se vende o el turismo desvirtuado

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Entre tanto regalo, solo teníamo ojos para las casas

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La verdad es que nos quedamos un tanto perplejos al ver el montaje que hay entorno al castillo de Bran. Estábamos un poco descentrados, asi que antes de entrar a conocer el interior de esta fortaleza, optamos por tomarnos un café. Hasta los bares tienen referencias a Drácula y al terror. En el que estuvimos, por ejemplo, las mesas eran ataudes. Eso si, el café nos salió a tres euros por barba.

 

Interior de la taberna en la que nos empalaron

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El castillo, como os contaremos en breve, es una auténtica delicia. A nosotros, lo que verdaderamente nos llamaba la atención era la construcción en si misma. La historia medieval nos atrajo más que la historia de Drácula. Obviamos las múltiples tiendas de souvenirs y nos fuimos directos a la entrada. Compramos los tickets y nos sumergimos en un universo ancestral.

 

Venta de máscaras a la entrada del castillo

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La visita a la fortaleza fue tan interesante que dedicaremos un capítulo a parte. En breve, más y mejor o el Komando Gorteak en el mal llamado castillo de Drácula. Transilvania al por mayor.

Noche de aclimatación en Brasov (Rumania)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 23-02-2011 en General. Comentarios (0)
Tras un viaje de casi 24 horas por fín habíamos llegado a Brasov. Eran las seis de la tarde y todavía teníamos tiempo para conocer esta ciudad rumana considerada la capital de Transilvania. Así pues, aquella noche la dedicamos a aclimatarnos a un país distinto y a un clima muy frío. Paseamos por las calles heladas de la urbe, catamos las primeras cervezas locales y palpamos la vida de esta interesante ciudad. La idea era no liarnos mucho, más que nada para descansar del largo viaje y tener fuerzas para el resto del recorrido rumano. Estuvimos a punto de prepararla. La historia de esta ciudad y su ambiente animaban a ello.

Nada más llegar a la estación de tren de Brasov, tomamos un autobus de línea que nos acercó hasta el casco histórico. La ciudad cuenta con algo más de 250.000 habitantes y con un centro antiguo, de origen sajón, muy asequible para paseantes. Brasov está situada prácticamente en el centro del país. Rodeada de bosques y montañas es también es conocida por la estación de esquí Poiana Brasov, situada a unos 4 kilómetros.

Buscando el camino a nuestro albergue en la plaza del Consejo

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Llegamos a la piatta Sfatului y buscamos una cafetería para centrarnos y entrar en calor. Observamos los mapas y pronto dimos con la ubicación del albuergue. No tardamos en llegar a las puertas del Old Town Hostel, situado a unos diez minutos de la iglesia negra. Dejamos las mochilas, charlamos sobre el recorrido rumano con la recepcionista, nos abrigramos y salimos a patear. A pesar del frío, estábamos ansiosos por conocer la ciudad.

 

Preparando el atuendo a las puertas del albergue

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Puerta de Santa Catalina, constuida en 1599

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Strada Sforii o calle de la cuerda, la más estrecha de la ciudad

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Un casco histórico repleto de señas de identidad y hielo

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La historia de la ciudad es bastante intensa y variada. Solo hace falta ver la cantidad de nombres que tiene para comprobar sus múltiples influencias: Brasov en rumano, Kronstadt en alemán, Corona en latín, Braszow en polaco y Brassó en húngaro. Hasta fue llamada La Ciudad Stalin entre 1950 y 1960. Todo este pasado se ve reflejado en las calles del casco antiguo, plagado de referencias medievales.

 

Calle de la República, la principal vía comercial del centro de Brasov

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La mezcla de estilos e influencias a pie de callehttp://viajaresunreflejodelplacer.blogspot.es/img/10000ys7.jpg 

 

Las referencias históricas son contínuas

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Paseando entre hielo dimos con el placio de Justicia 

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Parecíamos críos pisando un país nuevo, aquí jugando con la nieve del parque

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Una exposición de mosaicos junto al edificio del Municipio

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La nocher era fría, pero estábamos muy a gusto caminando. Después de casi un día entero de viaje para llegar a Brasov, lo mejor era un buen paseo para estirar las piernas. Fuimos alternando las calles del centro, los parques y las zonas algo más alejadas sin mirar el mapa. De nuevo, la intuición fue la que marcó la pauta.

 

Una de las fuentes de la ciudad durante la hibernación

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La calle Dupa Ziduri junto a las murallas medievales

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Tras el paseo extramuros, regresamos al centro de la ciudad

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Vistazo nocturno a la iglesia negra de Brasov

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El frío iba en aumento, así que optamos por cobijarnos en un bar. Ya cerca de la plaza del consejo, aunténtico centro neurálgico del casco histórico, dimos con el Pub Temple. Allí celebramos nuestra llegada a Rumanía con un par de cervezas locales.

 

Entrando al pub Temple por uno de los callejones de la ciudad

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Tras el breve descanso, continuamos con la ruta: Plaza del Consejo

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Atemperándonos a la noche por el casco antiguo de Brasov

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Caminamos sin prisa y con los ojos bien abiertos

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El callejeo nos llevó de nuevo a la piatta Sfatului

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Las horas fueron pasando y cuando nos quisimos dar cuenta era la hora de ir buscando un sitio para cenar. Dimos una vuelta por el entorno de la plaza para dar con el restaurante más asequible. A pesar de que los precios son más bajos que en España, había que afinar el presupuesto. Acabamos cenando una ensalada y una pizza. Después de la cena, continauamos paseando. Queríamos apurar la noche antes de irnos a dormir al albergue.

 

Otro vistazo a la via principal del casco historico

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Nuestros pasos tras la cena no fueron desencaminados. Íbamos buscando un bar que ya habíamos visto durante nuestro primer paseo y que anunciaba una actuación musical. Acabamos dando con el Blue Train, un peculiar bar de jazz y blues donde actuaba una potente banda con armónica incluida. Disfrutamos como los que más del concierto y bailamos de lo lindo. La gente del bar no tardó en percatarse de nuestra presencia. Y llegó un momento en el que casi tuvimos que salir corriendo para no acabar liándonos a chupitos con la parroquia. No tenemos solución ni en Rumanía.

 

Saliendo del Blue Train a un paso de mangarla

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Un último vistazo nocturno a la calle principal de casco antiguo

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A lo tonto y a lo bobo, cuando salimos del bar eran más de las doce y media de la noche. Así que decidimos que lo más sensato era regresar al albergue para descansar. A la mañana siguiente teníamos pensado madrugar para aprovechar nuestra estancia en el país. Optamos por la decisión más coherente, aunque en el fondo la noche de Brasov nos animaba a seguir con la celebración.

 

Apurando la noche, al fondo a la izquierda, la torre blanca

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Brasov y su letrero hollywoodiense

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Antes de entrar en el albuergue comprobamos la temperatura ambiente

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Ni que decir tiene que aquella noche caímos completamente rendidos en la cama. No nos dió tiempo ni a recordar todo lo que ya habíamos vivido durante el viaje. Y eso que solamente estaba empezando. Todavía estábamos aterrizando.

 

Aproximación a Rumanía, de Muros de Nalón a Brasov

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 21-02-2011 en General. Comentarios (0)

La tarde del 27 de enero de 2011 iniciamos el ya tradicional viaje de cumpleaños. En esta ocasión nos decantamos por conocer Rumanía, un destino un tanto desconocido y a la vez atrayente. Con una pequeña mochila y abundante ropa de abrigo emprendimos un recorrido de cuatro noches que nos llevó a conocer lugares como Brasov, Rasnov, Bran o Bucarest. En este primer capítulo de aproximación os narramos, a modo de entrante, lo que fue el viaje desde Muros de Nalón a Brasov, conocida como la capital de Transilvania.

 

Partimos de Muros de Nalón a eso de las ocho de la tarde. Nos acercamos al aeropuerto de Asturias y una hora después estábamos embarcando con destino a Madrid. Una vez llegamos a Barajas, comimos unos bocadillos y buscamos un lugar para dormir. Nuestro avión hacia Bucarest partía a las seis y media de la mañana. La noche pasó sin sobresaltos y con las primeras luces del día partimos a Bucarest.

 

Tras tres horas de vuelo llegamos al aeropuerto de Baneasa

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Pasamos los controles pertinentes y fuimos en busca de la parada de autobuses. De camino algún taxista nos ofreció viaje hasta Bucarest o Brasov. Nuestra idea era llegar a la capital del país para tomar allí un tren hacia nuestro destino, así que desechamos los ofrecimientos y esperamos la llegada del bus de línea.

 

Panel de salidas y llegadas en la estación norte de Bucarest

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Otra perspectiva de la Gare du Nord

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A estas alturas del viaje ya nos habíamos percatado de que la nieve y el frío serían nuestros compañeros durante los próximos días. Desde que nos bajamos del avión, todo era hielo y nieve. Una vez en la estación, compramos unos billetes hacia Brasov. Nuestro tren partía en una hora y tardaría en llegar unas tres horas. Antes de volvernos a meter en un medio de transporte, aprovechamos para estirar las piernas dando un breve paseo por el entorno de la estación.

 

Aprendiendo a caminar sobre hielo

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Una de las calles próximas a la estación norte de Bucarest

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Una peculiar casa que nos encontramos durante el corto paseo

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Antes de regresar a la estación, entramos a tomar un café en un bar. Luego buscamos un supermercado para avituallarnos. Corrían casi las dos de la tarde (hora local) y la idea era aprovechar el viaje en tren para comer.

 

Llegamos a nuestro andén, cubierto por completo de hielo y nieve

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Buscamos nuestro tren, nuestro vagón y continuamos con el viaje

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Durante el recorrido disfrutamos como niños de los paisajes nevados

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Tras la meseta de Valaquia pronto llegó la montaña

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Uno de los pasos más estrechos del recorrido

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Y aquí una de las habituales paradas del convoy durante el trayecto

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La verdad es que el viaje de Bucarest a Brasov se nos hizo largo y pesado. Veníamos de volar en dos ocasiones y de pasar una noche en Barajas. Además nos veíamos en un país muy llamativo que estábamos deseando conocer. Para cubrir los cerca de 170 kilómetros de distancia entre ambas ciudades necesitamos unas tres horas y media. Cada cierto tiempo, el tren paraba y esperaba a cruzarse con otro convoy. Por suerte, los paisajes nos hicieron el recorrido más llevadero.

 

Los bosques eran especialmente frondosos, aun en invierno

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Uno de nuestros compañeros de compartimento

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El tren parado en una de las estaciones del trayecto

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Y aquí esperando el turno de paso en la estación de Sinaia

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Los Cárpatos, al fondo con sus agrestes cumbres, haciendo acto de presencia

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Escena rural en las estribaciones de los Cárpatos

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Durante un ratos estuvimos a punto de tocar las montañas con los dedos

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Una partida de cartas para hacer más ameno el viaje

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Compartimos viaje con otras cuatro personas. Dos de ellos eran jóvenes. Los otros, una madre y un travieso y jovial hijo con el cual nos reimos de lo lindo. Tuvimos tiempo para intercambiar impresiones y para acercarnos al lenguaje rumano. No entendíamos ni papa, y de repente, escuchábamos una palabra conocida. Al final, las ganas de conversación fueron suficientes para dialogar, cantar o jugar a las cartas.

 

Pedreal, el pueblo más alto de Rumanía

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Muy cerca de Brasov la luz comenzó a ser más fría y la nieve más intensa

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Y a eso de las cinco y media de la tarde llegamos a Brasov

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Por fin estábamos en tierra firme después de casi 24 horas de viaje. Una vez en la estación, tomamos un autobus que nos llevó al casco histórico. Allí tuvimos que encontrar el albergue que habíamos reservado para aquella noche. A pesar del frío, solamente pensábamos en dejar las mochilas y salir a conocer la ciudad.