FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

Bucarest II, sorpresas entre lo megalómano (Rumanía)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 13-04-2011 en General. Comentarios (0)

Después de conocer el casco histórico de Bucarest, teníamos por delante casi toda la tarde para introducirnos en la zona moderna. También aprovecharíamos para recorrer las principales calles de la ciudad, esas donde se obserba su riqueza arquitectónica. La capital de Rumanía nos estaba causando una buena sensación a pesar de los altos bloques, la ruina de muchas de sus casas y la mezcla de estilos sin orden ni concierto. Pero la ciudad tenía aún más que ofrecernos.

 

Al cruzar el río llegamos a una parte de la ciudad completamente moderna. Se trata de una zona destruida por Ceaucescu que en su día fue casco histórico pero que el dictador convirtió en zona residencial llenándola de edificios comunistas y de obras megalómanas. El deseo de lider rumano de quedar para la historia como un hombre grande es patente en este barrio.

 

Edificio del Parlamento, un edificio tan enorme como impresionante

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El parlamento fue construido entre los años 1984 y 1989 y sus cifras son de escándalo. Para poder ser levantado, por poner solo un ejemplo, se derribaron cerca de 7.000 viviendas. Es considerado el segundo edificio más grande del mundo después del Pentángono. Sin duda, sus dimensiones asustan casi tanto como su coste. Todavía hay quien no entiende como se gastó tanto en esta obra cuando la pobreza seguía enquistada en muchos sectores de la población rumana.

 

Frente al Parlamento, el bulevard Unirii, de unos tres kilómetros de longitud

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Edificios de corte comunista en los alrededores del Parlamento

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El parque Izvor, también en las proximidades del Parlamento

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Dimos un paseo por la zona para comprobar las enormes dimensiones del palacio. Pero como el lugar no ofrece mucho más encanto que la grandilocuencia, pronto optamos por abandonar la zona y buscar lugares más interesante. Así que regresamos al casco histórico y nos preparamos para comenzar un nuevo recorrido que nos llevaría por las calles Victoriei y el bulevard Nicolae Balcescu, consideradas las más bellas de la ciudad en cuanto a arquitectura se refiere.

 

De vuelta al casco antiguo no tardaron en aparecer las viviendas históricas

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Escena cotidiana en uno de los pasos de peatones de la ciudad

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Edificio del Archivo Estatal, otra de las joyas escondidas de Bucarest

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Vendedora de pañuelos en el Bulevar de la Reina Elisabeta

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Un buen lío de cables en pleno centro de Bucarest

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La red eléctrica de la ciudad nos llamó mucho la atención. Además de los numerosos postes repletos de cables, también era llamativa la red de las viviendas. Había terrazas y casas enganchadas directamente a los postes por cables que sobrevolaban las calles. Aun así, entre tanto cable, nosotros seguíamos paseando disfrutando de la variada arquitectura de la urbe. Muchos de estos edificios contaban con un pequeño letrero en el que se describían sus características, su arquitecto y su fecha. Una manera muy didactica de conocer más de cerca la ciudad.

 

Edificios de corte neoclásico en el centro de la capital rumana

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El Palacio Real reflejado en una lujosa tienda de complementos

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Un vistazo a uno de los edificios de la Universidad

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Antes de iniciar el recorrido por las calles señeras de la ciudad hicimos un pequeño descanso para tomar fuerzas. Las horas pasaban y los kilómetros se acumulaban en nuestres piernas. Así que de nuevo hicimos un alto en el camino en una cervecería para probar otra de las muchas cervezas locales. Con fuerzas renovadas emprendimos este recorrido que según el mapa turístico nos llevaría unas tres horas.

 

La calle Victoriei está repleta de edificios históricos como el de la imagen

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Una vez más la mezcla de estilos era la tónica dominante

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El palacio Cantacuzino, modernismo a raudales

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La calle Victoriei atesora un buen puñado de intereantes edificaciones. Abundan los edificios de corte neoclásico y también hay algún que otro edificio de corte modernista. El palacio Cantacuzino es, sin duda, uno de los más llamativos de todos. Es en esta zona de la ciudad donde uno puede observar su mayor riqueza arquitectónica. Aquí también es donde se da por bueno el dicho que compara Bucarest con el Paris del Este.

 

El estilo que más abunda es el neoclásico

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Aunque también existen otros estilos más modernos

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Caminando sin pausa llegamos a la piata Victoriei

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Según el mapa turístico que nos guiaba, en este punto la ruta viraba. A partir de aquí la ruta atraviesa un enorme bulevard que lleva tres nombres distintos en cada uno de sus tramos. Esta es otra de las vías más interesantes de la ciudad. De nuevo abundan los edificios históricos. El pasado próspero de finales del siglo XIX y principios del XX hace sombra a las viviendas descuidadas. Aunque hay de todo, como en botica.

 

Una de las suntuosas embajadas de la zona

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Mezcla de estilos a pie de bulevard

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Neoclasico, ecléctico, art-deco, bloques comunistas.... todo vale en Bucarest

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Otro vistazo arquitectónico del bulevard

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Una peculiar edificicación modernista con una llamativa iglesia al fondo

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Entorno de la piata Romana, clara mezcla de estilos en poco espacio

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Cuando llegamos a la Piatta Romana buscamos un sitio para comer. La idea era picar algo para engañar al estómago y aguantar hasta la hora de la cena. Entonces sí que nos daríamos un buen homenaje con comida caliente. Después de apurar una hamburguesa, continuamos con nuestro recorrido. Pero nos desviamos del bulevard indicado en el mapa. Esta zona ya la habíamos pateado por la mañana. Así que buscamos calles aledañas para seguir encontrando rincones llamativos de Bucarest. La elección no nos defraudó. Conocimos una urbe menos céntrica pero más humana.

 

Viviendas de corte neo-gótico

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Una peculiar barriada de Bucarest

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Sin darnos cuenta la luz del sol se fue apagando. Estábamos merodeando por una zona que no nos daba mucha confianza, así que aprovechamos la ocasión para regresar al centro. Una vez allí, apuramos el paseo hasta que la noche llegó completamente.

 

Caminando sin prisas por el casco histórico de Bucarest

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Un vistazo seminocturno al centro, cerca del Museo de historia rumana

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Una útlima foto para dar por concluido el paseo

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Llegados a este punto nos dimos cuenta de que estábamos más que cansados. Habíamos caminado más de diez kilómetros sin apenas parar. Así que optamos por tomar un café y cerrar así el amplio paseo por Bucarest. Después del refrigerio, regresamos al albergue.

 

Y de camino nos sorprendió la iglesia rusa

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Antes de llegar al albergue, encontramos un supermercado 24 horas donde compramos comida para llevar y una botella de vino del país. Estábamos tan cansados que pensamos que lo mejor sería cenar tranquilamente y si luego teníamos ganas, saldríamos a tomar algo. No podíamos liarnos, pues a la mañana siguiente tendríamos que madrugar para tomar nuestro avión de regreso a Madrid. Muy a nuestro pesar, el viaje por Rumanía llegaba a su fin.

Bucarest I, rebuscando en el casco histórico (Rumanía)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 06-04-2011 en General. Comentarios (1)

Aquel 31 de enero nos despertamos en Bucarest después de una plácida noche de sueño. Atrás quedaba el periplo rumano por Transilvania y el viaje llegaba a su segunda y última parte. Por delante teníamos una larga jornada en la que patearíamos la capital de Rumanía casi sin descanso. Teníamos que apurar al máximo, pues a la mañana siguiente nuestro avión partía hacia Madrid. Así que aquella mañana madrugamos, desayunamos y salimos prestos a la calle. Bucarest tenía mucho que enseñarnos.

 

Pasadas las ocho y media de la mañana salimos de nuestro albergue. La mañana era fría: uno de los pocos termómetros que vimos durante el viaje marcaba siete grados bajo cero. Para no congelarnos marcamos un buen ritmo de paso y nos dispusimos a conocer la ciudad. La primera parte de la mañana la dedicaríamos a conocer la parte antigua de Bucarest. Una zona no muy grande, descuidada y donde la mezcla de estilos arquitectónicos es la tónica dominante.

 

Como en cualquier gran ciudad, abundan las grandes avenidas

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De vez en cuando aparecían iglesias llamativas como esta

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Entre los altos rascacielos también había escondidas interesantes viviendas

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Bucarest es una ciudad con más de dos millones de habitantes. Se trata de una urbe extensa donde las distancias son importantes. Para que os hagais una idea, al final del día habíamos caminado más de diez kilómetros. Lo más interesante, como suele pasar, está en el centro de la ciudad. A pesar de que no es una ciudad turística y de que no cuenta con demasiados reclamos, atesora viviendas, calles, plazas e iglesias reseñables. Eso si, lo que abundan son los grandes edificios. Hay que rebuscar, no es la típica ciudad donde todo lo que hay que ver está en la palma de la mano.

 

El agua de los canalones convertido en pistas de hielo

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Biserica Cretulescu, reformada y fechada en 1722

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Los frescos de la iglesia, copia de los originales

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La iglesia estaba cerrada, pero vimos el interior a través de la puerta

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Poco a poco nos acercamos hasta el congelado parque Cismigiu

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Y fueron apareciendo ante nosotros las escenas más típicas de la ciudad

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Mezcla de estilos arquitectónicos a pie de calle

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El palacio militar, uno de los edificios más señeros del centro de Bucarest

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Caminar por las calles era una ventura: un descuido y !zumba! al suelo

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La mañana avanzaba y seguíamos inmersos en la zona delimitada como el casco histórico. Sin embargo todavía no habíamos dado con el meollo de la zona, donde abundan las viviendas de corte neoclásico. Con la ayuda del mapa y con fuertes dosis de improvisación, fuimos acercándonos a la plaza 21 de diciembre de 1989, conocida como el punto cero de la ciudad. Su nombre recuerda el inicio de la revolución que derrocó a Ceausescu.

 

Un llamativo edificio cerca del centro central de la ciudad

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Una vez dimos con la zona antigua, comenzamos a callejear

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El casco histórico de Bucarest es un espacio reducido donde abundan las viviendas de estilo parisino. Hay peculiares casas y edificios de corte modernista y neoclásico. Sin embargo, como podreis ver en las siguientes fotos, casi todas están en proceso de ruina. La zona está siendo rehabilitada, pero pasarán años hasta que esta parte de la ciudad recupere el aspecto que lucia antes del terremoto de 1977 y antes de los daños ocasionados por la segunda guerra mundial.

 

Paseando por una de las calles principales de la zona centro

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Algunos edificios intentan evitar el paso del tiempo

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Otras casas se conservan en la ruina

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Una de las plazoletas del casco histórico de Bucarest

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El abandono reina en casi toda la zona centro

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Y junto a las viviendas descuidadas aparece altiva la Caja de Ahorros

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Sin comerlo ni beberlo nos vimos ante el Caru cu Bere, un restaurante constuido en 1879 en estilo neogótico. El local es como un museo donde uno puede intuir lo que era la vida en la Bucarest de entreguerras. El lugar nos llamó tanto la atención que quisimos conocerlo por dentro. También aprovechamos la parada para descansar. Después de caminar durante más de dos horas y media por la ciudad sin descansar, se agradecía un pequeño reposo.

 

Aspecto exterior del Caru cu Bere

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Una vez en el interior, catamos una cerveza de la casa

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Tras el breve descanso, el paseo continuó entre obras e iglesias ortodoxas

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Una de las calles principales del centro, con algunas viviendas reformadas

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Otras casas igual de llamativas corrían otra suerte

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La nieve, a veces, oculta todo, hasta la basura

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Cuando volamos de regreso a casa matuvimos una peculiar converación con un rumano residente en España. Hablamos sobre nuestro recorrido y sobre la impresión que nos había causado el país. Le respondimos que al estar cubierto de nieve, su aspecto era casi bucólico. Él nos replicó que la nieve suele tapar todo: la basura, la pobreza... 

 

Restos de la ciudad medieval en pleno centro histórico

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La iglesia del antiguo tribunal, considerada la más antigua de la ciudad

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Interior del templo, donde se coronaba a la realeza

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A estas alturas habíamos pateado casi todas las calles del casco antiguo. Estábamos muy cerca del río Dambovita, cauce que delimita el centro urbano de Bucarest en zona antigua y zona moderna. Así que no lo pensamos. Dimos por concluido el paseo histórico y comenzamos la segunda parte de nuestro recorrido por la ciudad.

 

La plaza de Unirii, tan grande como sus edificios

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Vendedora junto al río Dambovita, Bucarest

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Fue cruzar el puente y entrar en otro mundo. Ante nosotros se abría una zona marcada por la actuación urbanística de Ceausescu. Grandes edificios de corte comunista, enormes avenidas y construcciones tan gigantes como absurdas. Bucarest todavía tenía muchas sorpresas que desvelarnos. Tantas como para un capítulo aparte.

Aproximación a Bucarest (Rumanía)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 04-04-2011 en General. Comentarios (0)

Después de una mañana heladora en Brasov y una breve visita al monte Tampa, nos enfrentábamos a un largo viaje en tren que nos llevaría a Bucarest. Por delante teníamos unas tres horas de camino que aprovechamos para disfrutar de los paisajes. Cuando llegamos a la capital de Rumanía ya era de noche. A pesar del cansancio y del frio, aprovechamos la velada para dar un primer paseo de reconocimiento por la ciudad. No podíamos llegar a una ciudad desconocida y encerrarnos en el albergue.

A eso de las dos y media de la tarde llegamos a la estación de Brasov. Antes de subirnos en el tren compramos una especie de sandwich calientes y alguna cerveza para hacer más ameno el trayecto. Luego compramos los billetes y esperamos la llegada de nuestro convoy.

 

Pasajeros al tren: a eso de las tres de la tarde partíamos a Bucarest

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Alrededores de Brasov vistos desde el tren

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Otro vistazo a los paisajes invernales de Transilvania

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A pesar del día soleado, el ambiente era frío, congelado

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El viaje iba transcurriendo sin problemas. Comimos unos bocatas, intentamos descansar algo y hasta entablamos conversación con una pareja que también iba a Bucarest. Las paradas eran contínuas y a veces tediosas. Así que de vez en cuando aprovechábamos para apearnos del convoy para echar un cigarrito. Cuando el tren reanudaba la marcha dejábamos que nuestra mirada se perdiera en el horizonte, en los paisajes nevados o en las construcciones tradicionales.

 

Las paradas del tren a veces superaban los veinte minutos

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Una peculiar construcción de madera que nos llamó la atención

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Cuando nos quisimos dar cuenta, el sol estaba a punto de ponerse

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El espectáculo, aunque visto a través de un cristal, fue maravilloso

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Sobre las seis de la tarde llegamos a la estación norte de Bucarest

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Lo primero que hicimos al llegar a Bucuresti fue tomar un café para entrar en calor y despertar del letargo en el que nos había sumido el viaje en tren. Mientras salíamos de la modorra, pensamos cómo llegar hasta el albergue que habíamos reservado esa misma mañana. Optamos por tomar un taxi para que nos llevara hasta la puerta. El mapa se presentaba algo complicado y la oscuridad y el frío no animaban a divagar por la ciudad. El taxi nos llevó hasta el The Midlan Youth Hostel 2, ubicado en un edificio de corte neogótico - modernista. El conductor aprovechó la situación y nos dio un pequeño rodeo para aumentar la tarifa.

 

Una vez en el albuerge dejamos nuestros bártulos y preparamos las camas. El hombre de recepción hablaba castellano y nos explicó con todo lujo de detalles lo que podíamos ver y hacer en Bucarest, una ciudad poco turística. Cogimos los mapas, los estudiamos durante un rato, descansamos brevemente y no tardamos en salir a conocer la ciudad. La idea era dar un pequeño paseo por los alrededores y volver pronto para dormir. El día había sido muy largo y a la mañana siguiente queríamos madrugar para conocer a fondo la capital rumana.

 

Interesante arquitectura en los alrededores del alberge

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La noche era fría y las calles estaban completamente congeladas

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Caminar se convirtió en una auténtica odisea

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Edificios de corte soviético cerca del alberge

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La ciudad de Bucarest atesora una interesante arquitectura. Durante finales del siglo XIX y principios del XX recibió una importante influencia de París. De ahí que se puedan encontrar llamativos edificios de corte clásico y modernista. Según nos informaron en el alberge, había dos calles en las que estos estilos eran más patentes. Dimos un pequeño paseo por una de ellas a modo de entrante. 

 

Noctambuleando por la calle Victoriei

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Oscuridad y hielo, resumen nocturno de Bucarest

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La escueta iluminación de la ciudad nos puso dificil tomar fotos nocturnas. A todo ello se unía un frío que se metía por los huesos y que amenzaba con paralizarnos. Quizás por ello no paramos de caminar. Así llegamos al Bulevard Lascar Catargiu, una zona donde abundan las embajadas de numerosos paises. Todas ellas estaban bastante protegidas y contaban con garitas y policía.

 

De la que tomábamos una foto de un llamativo edificio se acercó a nosotros un policía para pedirnos la documentación. La situación se volvió surrealista cuando después del interrogatorio el policía hizo las veces de guía turísitco explicándonos las peculiaridades del edificio fotografiado. Este hecho nos hizo pensar que la presencia de turistas en Bucarest no suele ser habitual. Ni turistas ni melenudos...

 

El policía nos propuso un mejor ángulo para tomar la fotografía

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Aspecto nocturno de la plaza Romana

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Callejeando sin prisas ni pausa llegamos al Ateneo Rumano

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Sin darnos cuenta llegamos a la plaza George Enescu

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La noche avanzaba y cuando nos quisimos dar cuenta habíamos caminado más de lo previsto. Estábamos en la zona céntrica de la ciudad y a algo más de un kilómetro del alberge. Estábamos cansados y tampoco queríamos agotar la ciudad en la primera noche. Preferíamos conocer Bucarest con luz diurna. Así que buscamos un bar por la zona para descansar y catar la cerveza local.

 

Quedamos a las puertas del centro, puertas que cruzaríamos al día siguiente

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Cervezas de medio litro con la liga española en la televisión

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Mientras departíamos animadamente en el bar llegamos a la conclusión de que estábamos realmente cansados. Teníamos las piernas dobladas de tanto caminar. Así que optamos por la decisión más correcta: regresar al albergue para cenar algo y descansar. De vuelta a casa encontramos un supermercado 24 horas y allí compramos algo para cocinar. Con este frío había que comer caliente. Aquella noche caimos rendidos en la cama. Al día siguiente tocaba conocer a fondo esta extensa ciudad.

Despedida aérea de Brasov (Rumanía)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 24-03-2011 en General. Comentarios (0)

Después de pasear por las calles de Brasov aquella mañana heladora, llegaba el momento de abandonar esta ciudad. Antes de dejar la capital de Transilvania quisimos apurar la visita subiendo en teleférico hasta el monte Tampa. Allí nos despedimos de esta urbe que nos había acogido durante dos noches. Las panorámicas fueron insuperables. Tras esta breve excursión, regesamos al albergue a por nuestras mochilas y partimos hacia la estación de tren. Bucarest, la capital de Rumanía, estaba apenas a unas horas vista.

 

No teníamos mucho tiempo. Habíamos superado el mediodía y nuestro tren hacia Bucarest partía a eso de las tres de la tarde. Así que fuimos directos a la taquilla del telecabina, compramos los billetes y nos subimos al artilugio. El viaje para salvar los más de trescientos metros de desnivel duró poco más de dos minutos.

 

En lo alto del monte la naturaleza era desbordante

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Caminando hacia el mirador sobre la ciudad de Brasov

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El monte Tampa tiene una altura que ronda los mil metros. Se levanta altivamente junto a la ciudad, que parece crecer bajo su sombra. El entorno está poblado de bosques y también de animales. De hecho, en primavera y verano suele ser frecuente ver osos merodeando por los contenedores de la basura de la ciudad. A parte de su legado natural, el monte ofrece unas inmejorables vistas sobre Brasov y su entorno.

 

Llegando al cartel de Brasov con la ciudad abajo. Menudo vértigo

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Las siguientes fotografías forman parte de una panorámica completa

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Es como si giraseis la cabeza y pudierais observar toda la ciudad

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Un poco más hacia la derecha....

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Y una última toma con el monte Tampa asomando por la derecha

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Para llegar desde la estación superior del teleférico al mirador hay que caminar unos diez minutos. Una vez en el mirador uno puede estar horas contemplando la ciudad y su entorno. Como nosotros no teníamos demasiado tiempo, continuamos con la visita sin detenernos demasiado. Desde el mirador pusimos rumbo al punto más alto de la montaña. Seguimos el sendero congelado con cautela para no resbalar.

 

Ascendiendo entre enormes manchas boscosas

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Y así llegamos al punto más alto del monte Tampa

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Las vistas desde este punto eran simplemente sobrecogedoras

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Naturaleza a diestro y siniestro 

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Y también hielo, mucho hielo

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Tras la breve estancia en la cumbre, iniciamos el descenso hacia el teleférico

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Imagen de Brasov durante el descenso en telecabina

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Nos quedamos con ganas de pasar lo que quedaba de día enredando por el bosque. Hasta hubiésemos bajado de la montaña caminando si no hubiese sido por la falta de tiempo. Cuando llegamos a la ciudad, quisimos dar un último paseo por Brasov. Todavía teníamos pendiente una de las joyas de la urbe: la iglesia negra, un enorme templo gótico cuya piedra se volvió de color negruzco a causa de un incendio. De camino quisimos atrapar la ciudad en fotografías. Como si con ello evitáramos tener que abandonar la capital de Transilvania.

 

Otro bastión medieval, este propiedad de los laneros

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Un último vistazo a las vistosas y decoradas casas de Brasov

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El monte Tampa y su letrero visto desde la ciudad

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Inmortalizando la plaza Sfatului a modo de despedida

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Así llegamos a la iglesia negra, aquí su ábside principal

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Sus dimensiones son de aúpa, solo hay buscar a Myriam en la foto

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La torre de la iglesia e indicaciones hacia el albergue

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Los domingos, inchis, o lo que es lo mismo, dominicalmente cerrado

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La verdad es que nos quedamos con las ganas de visitar esta iglesia. No contábamos con que el domingo, día de rezo también en la iglesia católica, el templo estaría cerrado. Eso si, aprendimos que nunca se puede dejar para lo último una de las visitas más interesantes de la ciudad. Lo peor fue no poder contemplar el interior de este majestuoso edificio. Otra vez será.

 

No nos quedó otra que regresar al albergue a por las mochilas

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Y allí mismo tomamos un bus que nos llevó a la estación de tren

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Muy a nuestro pesar, el viaje por Transilvania tocaba a su fin. Habíamos pasado dos noches en Brasov y nos quedamos con ganas de conocer otras ciudades como Sibiu o Sighisoara. Aunque seguro que hay más ocasiones, la zona lo merece. Mientras tanto, el viaje por Rumanía entraba en su segunda parte. Bucarest nos esperaba.

Mañana heladora en Brasov (Rumanía)

Escrito por viajaresunreflejodelplacer 22-03-2011 en General. Comentarios (1)

Aquella mañana de finales de enero nos levantamos pronto para aprovechar al máximo la jornada. Ya habíamos conocido Bran, Rasnov y la ciudad de Brasov de noche. La primera parte del día la dedicamos a conocer la capital de transilvania de día. Luego hicimos una incursión en el monte Tampa, que hace las veces de muralla y mirador para la ciudad. Finalmente dimos por concluida la jornada viajando hasta Bucares y durmiendo en la capital de Rumanía. Vamos, que el día se presentaba cargadito.

 

Según teníamos pensado, la primera parte del día la dedicaríamos a explorar lo que nos quedaba por ver en Brasov. La idea era dar un paseo mañanero antes de subir al monte Tampa y marchar hacia Bucarest. Salimos a la calle a eso de las ocho y media de la mañana. El termómetro marcaba quince grados bajo cero. A pesar del frío no perdimos las ganas de conocer los rincones más señalados de la ciudad.  

 

La mañana se presentaba más que fría, congelada

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Un vistazo a la iglesia ortodoxa de San Nicolás

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Este templo, situado muy cerca de nuestro albergue, es uno de los muchos puntos fuertes de la ciudad. Fue la primera iglesia ortodoxa que se construyó en Transilvania, allá por el siglo XVI. Durante los siglos posteriores sufrió varias reformas, de ahí su amalgama de estilos. Dentro de todo el conjunto sobresalen los frescos que se conservan en uno de sus laterales y su interior ricamente ornamentado.

 

Las primeras luces asomando tras el vigilante monte Tampa

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El paseo siguió buscando el sol para intuir el calor

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La plaza central, a estas horas todavía sombría

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La catedral ortodoxa, en la plaza Sfatului 

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A estas horas de la mañana el frío era casi insoportable. No encontramos otra opción que seguir caminando para no perder calor. A todas estas, aprovechábamos para entrar en las iglesias como hacían los locales. Eso si, nosotros en vez de rezos buscábamos conocimiento y algo de calor. Los ritos y las misas son muy diferentes, con varios párrocos y la gente yendo de un lado para otro. Pena de gospel.

 

La piata Sfatului vista desde uno de los callejones aledaños

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La ruta continuó por las calles principales de Brasov

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Donde la arquitectura no nos dejaba de sorprender

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También nos acercamos a uno de los parques urbanos

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Y llegamos a otra iglesia que solo vimos por fuera, tanto culto era demasiado

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La mañana avanzaba y el frío seguía acompañándonos. Ya habíamos paseado por la plaza central y por las calles principales. Y también habíamos visto las iglesias más interesantes, salvo la iglesia negra, que dejaríamos para el final. Así que optamos por salirnos un poco de la zona central para acercarnos hasta el castillo de Brasov. Buscamos una ruta alternativa que finalmente nos alejó de nuestro destino. Eso si, esta especie de atajo mereció la pena.

 

La riqueza artística de los edificios era más que palpable

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A lo tonto, casi nos salimos de la ciudad

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Vistas sobre los tejados de la ciudad de Brasov

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En esta zona más apartada encontramos varios edificios de corte modernista

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Tras casi media hora caminando fuera del mapa turístico llegamos a la conclusión de que estábamos lejos del castillo. No teníamos mucho tiempo, pues a eso de las tres de la tarde teníamos pensado partir hacia Bucarest. Así que regresamos al centro.

 

De vuelta a la civilización el sol seguía sin calentar

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Un vistazo a la calle Republicii, con la iglesia negra al fondo

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Otro vistazo gélido e invernal de la calle principal de Brasov

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A eso de las diez y media de la mañana encontramos un bar abierto para tomar un café. Estábamos de suerte. El lugar era uno de los edificios modernistas más interesantes de la ciudad. Aquí disfrutamos de las curvas, de la decoración floral y de los detalles de principios del siglo XX. La cafeina nos ayudó a despertar y a entrar en calor. También aprovechamos la parada para poner a punto el diario de abordo.

 

Interior de la cafetería del Hotel Corona

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Tras el café, seguimos paseando mientras otros se preparaban para esquiar

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Dejamos la vía principal y empezamos a callejear

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El llamativo colorido de las viviendas subía la temperatura del ambiente

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Un clásico Dacia, vehículo construido en Rumanía

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El reloj no dejaba de correr en nuestra contra. No obstante todavía teníamos pendiente una cosa antes de abandonar la ciudad. Nuestra intención era subir en teleférico hasta el monte Tampa, la montaña que domina la urbe y donde se encuentra el típico cartel de estilo hollywoodiense con el nombre de Brasov.

 

Pistas de tenis, de hielo y un peculiar edificio de madera cerca del teleférico

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El bastión de los tejedores, fuerte defensivo construido en 1420

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Ambiente sombrío y natural en las laderas del monte Tampa

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Una vez dimos con el telecabina, compramos los billetes y nos subimos. No teníamos mucho tiempo para disfrutar de este mirador natural. Aun así pasamos un buen rato en su cumbre y nos despedimos de la ciudad desde las alturas. Las panorámicas son tan espectaculares que merecen un capítulo a parte.