FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

Despedida aérea de Bucarest

El viaje por Rumanía tocaba a su fin. Atrás quedaban los paseos por Brasov, por su entorno y por las calles de Bucarest. Sin embargo, todavía teníamos por delante unas horas en la capital rumana antes de dar por finalizado el viaje. En este breve capítulo os narraremos fotográficamente lo que fueron esas últimas horas en Bucarest y el posterior vuelo a Madrid. Una vez en España, quisimos apurar el último día de viaje para celebrar con nuestras amistades la Anunciación. Sin duda, la ocasión merecía la pena. Aunque ello derivase en la pérdida del vuelo a Asturias.

 

Después de recorrer durante todo el día la ciudad de Bucarest, llegamos exhaustos al albergue. Habíamos comprado comida para cenar caliente. Mientras uno cocinaba, el otro se daba una ducha reconstituyente. Como no podía ser de otra manera, las viandas fueron acompañadas por un suculento vino del país.

 

La cocina del albergue en el que nos alojamos en Bucarest

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Uno de los enormes radiadores del albergue

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Un vistazo a la zona común del establecimiento

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Aquella noche estábamos tan cansados que apenas hicimos otra cosa que cenar y hacer fotos del albergue, de corte modernista. A la mañana siguiente teníamos que madrugar para tomar el avión de regreso a España y no queríamos liarla. Aun así, sacamos fuerzas suficientes para regresar a las calles y buscar un bar próximo al albergue. La idea era celebrar el cumpleaños de Myriam y no encontramos mejor manera de hacerlo que tomando un suculento vodka con naranja.

 

Sabores rumanos para celebrar la efeméride

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Tras el par de copas de rigor, regresamos al albergue. Dejamos las mochilas preparadas antes de dormir y luego caimos rendidos en la cama. A la mañana siguiente nos despertamos sobre las siete y media de la mañana. A esas horas sólo el recepcionista estaba despierto. Aprovechamos la circunstancia para desayunar, asearnos y finalmente salir a la calle.

 

El techo de la entrada al albergue, también de corte modernista

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Un último vistazo a la arquitectura de la ciudad

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Aquella mañana salimos a la calle y nos fuimos directos a la parada de autobus. El termómetro marcaba cerca de diez grados bajo cero. Aun así, sudamos la gota gorda para tomar nuestro vehículo con destino al aeropuerto. Nos confundimos de parada y como íbamos con el tiempo justo, tuvimos que echar una carrera de infarto para llegar a la parada adecuada. Al final, el bus nos hizo esperar pero llegamos a tiempo.

 

El viaje en bus nos permitió conocer el arco del triunfo de Bucarest

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Y los parques de la ciudad, que seguían vestidos de blanco hielo

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Una vez en el aeropuerto, fuimos directos al puesto de control. Apenas tuvimos tiempo de comprar algún que otro souvenir antes de partir corriendo hacia la puerta de embarque. Ahora, definitivamente, el viaje por Rumanía tocaba a su fin.

 

Un último cigarro antes de abandonar Rumanía

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El viaje desde Bucarest a Madrid duró unas tres horas y media en las que hubo de todo. Aprovechamos para sestear, para charlar, para poner a punto el diario de abordo y también para disfrutar de las vistas aéreas que nos ofreció el trayecto.

 

Estribaciones de las montañas de Rumanía

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Sobrevolando los Cárpatos rumanos

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Montañas cubiertas de nieve y hielo

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Las sierras y cordales se sucedían uno tras de otro

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La costa de Croacia a vista de pájaro

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Cuado llegamos a Madrid la hora local rondaba la una de la tarde. Nuestro avión con destino a Asturias partía a las diez y media de la noche, así que teníamos un montón de horas por delante antes de volver a volar. Optamos por acercarnos de Barajas a Madrid y así aprovechar la visita para quedar con Manu. Lo llamamos y hubo suerte. Podía escaparse del curro un rato para tomar un café con el Komando Gorteak. Nos veríamos en las proximidades de la plaza Mayor.

 

Entrada modernista cerca de la plaza Mayor

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Mientras tomábamos un refrigerio con Manu, llamamos a Elisa, que por suerte, también estaba por la zona. Una vez todos juntos, anunciamos la noticia del año. Y como estábamos de celebración, pues seguimos tomando cañas. Eso si, Manu tuvo que regresar al trabajo. Las cañas fueron cayendo y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos a punto de perder el avión de vuelta a casa. No importaba, la Anunciación lo merecía. Así que finalmente nos quedamos en Madrid para celebrar con nuestros amigos el último día del viaje. Al final de la noche, también se unió al grupo Juanillo, otro de los grandes que habitan en la capital.

 

Uno de los bares por los que procesionamos aquella noche

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Fuimos eligiendo los bares por sus tapas y su antiguedad

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Foto de grupo: Gloria, Elisa, Juan y Manu... nos vemos en breve

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También tuvimos tiempo para pasar por el bar del viejillo

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La noche se alargó más de la cuenta. A eso de las dos de la mañana pensamos que ya era hora de irse a dormir. Aunque más de uno se quedó con ganas de seguir con la celebración. Manu y Gloria nos ofrecieron, una vez más, su casa en la calle Fomento, donde dormimos como niños. A la mañana siguiente, después del tradicional desayuno a base de porras, partimos con destino a la estación de autobuses. Al haber perdido el vuelo de regreso a Asturias, tuvimos que tirar de Alsa para llegar a casa.

 

El viaje se presentaba largo y tedioso, así que lo mejor fue dormir

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Cuando llegamos a Oviedo tuvimos que tomar otro autobus que nos llevó al aeropuerto de Asturias. Allí nos fueron a recoger y dimos por finalizado un viaje por Rumanía tan breve como intenso. Para repetir, con nieve o sin ella.

 

Comentarios

Recuerdo perfectamente ese día, las cañas, los vinos (cómo no), vuestras caras al tomar forma la idea de perder el avión de vuelta a Asturias, el bar del viejillo y los últimos katxis, mi resaca en el curro al día siguiente y sobre todo el regreso a los viejos tiempos. Como bien dices... nos vemos en breve!!!

Hola, Enhorabuena por tu blog. He llegado a él buscando información sobre las focas de Hel (Polonia) porque estamos en Gdansk y mañana partimos hacia allí. He pasado un rato muy divertido curioseando tus fotos y la información que compartes. Muchas gracias.

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