FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

Azrou, inmersion en el Marruecos profundo

Atrás dejamos Fez y Meknes, dos ciudades imperiales que nos causaron una muy buena impresión. Pero aún quedaba viaje por delante. Ahora llegaba el momento de realizar una inmersión el Marruecos más profundo y natural. Aprovechamos nuestra estancia en la zona para conocer Azrou y sus bosques de cedros. Era la ocasión perfecta para descubrir una parte del país muy interesante y poco conocida entre los turistas, que no viajeros. Así que nos subimos en un bus y nos fuimos en busca de lo desconocido. A pesar de lo intrigados que estábamos, elegir este pueblo para continuar con la expedición fue todo un acierto.

 

Partimos de la estación de bus de Meknes sobre las doce y media en un autobús donde los únicos occidentales éramos nosotros. Durante las dos horas que duró el trayecto, fuimos la auténtica atracción y apenas nos atrevimos a mirarnos. A esta sensación se unía la intriga por llegar a un lugar desconocido del que solo conocíamos su nombre y poco más. Fue una recomendación del gran Chus que siempre le agradeceremos.

 

Llegamos a Azrou con los nervios a flor de piel

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A primera vista, el lugar no llamaba mucho la atención

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Eso si, las vistas de los alrededores eran sobrecogedoras

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Según el libro - guía que llevábamos con nosotros, Azrou era una ciudad de unos 50.000 habitantes. De origen bereber se levanta en las cercanías del Atlas Medio y sobresale por su entorno natural. En sus proximidades se encuentran algunos de los bosques y árboles más longevos del país. Había llegado la hora de dejar atrás el bullucio de las ciudades para respirar tranquilidad y naturaleza.

 

Lo primero que hicimos al llegar fue centrarnos. El viaje nos había desubicado y no nos encontrábamos en la ciudad ni en su mapa. El lugar no era como nos la habíamos imaginado y tenía pinta de ser muy autóctono. Todo el mundo nos miraba, bien por no ir cubiertos, bien por nuestras pintas, sobretodo las mías.  

 

Después de un rato, encontramos el centro y pronto dimos con un hotel. Allí preguntamos y nos ofrecieron una habitación doble por 15 euros. Aceptamos y aprovechamos para preguntar al joven sobre lugares interesantes por la zona. En un gran mapa nos explicó las distintas opciones. Eso si, la excursión deberíamos dejarla para el día siguiente. Eran casi las cuatro de la tarde y en un par de horas comenzaría a atardecer. Así que dejamos las mochilas y nos fuimos a dar un paseo por Azrou.

 

Lo primero de todo fue comer un menú del día

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Y para bajar la comida, nada mejor que un paseo tranquilo y sosegado

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Azrou significa peñasco. Resulta que esta ciudad se extiende a la sombra de una peculiar roca. Este lugar es frecuentado por los jóvenes de la zona y ofrece unas panorámicas increibles del lugar. Así que nos fuimos hasta allí.

 

Azrou, en el Atlas Medio y rodeada de bosques de cedro

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En lo alto del peñasco nos encontramos con este grupo de muchachos

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Después de obtener una visión general de la ciudad, fuimos a dar un paseo por sus calles. Pero antes de meternos en la medina, fuimos a parar a un peculiar mercado que nos dejó completamente marcados. Nuestros sentidos se abrieron al máximo.

 

Un mercado tan castizo como la propia ciudad

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Pasear por este lugar fue algo enigmático. Sin embargo no me atreví a sacar fotos. Me quedé como bloqueado. Así que optamos por dar un paseo por las callejuelas de Azrou para volver, un rato más tarde, a este peculiar rastro donde se vendía todo tipo de objetos. Eso si, la siguiente incursión sería con mayor ambición fotográfica.

 

Las luces del atardecer nos acompañaron

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Azrou o un mercado menos turístico y bullicioso

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Los niños seguían jugando en las calles cuando no se asustaban de nosotros

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Durante todo el paseo las miradas de los locales fueron constantes. Éramos los únicos extrajeros que andaban por la zona y eso se notaba en el ambiente. Hombres y mujeres se quedaban con nuestras caras descubiertas. Incluso hubo niños que se escondieron en las faldas de su madre al vernos.

 

Luces y sombras del Marruecos menos conocido

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Una de las puertas de entrada a la medina

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Tras el paseo por la medina, regresamos al rastro. Aquí una tienda

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Myriam posando en el sobrecogedor y surrealista mercado de Azrou

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La estrategia para sacar fotos fue muy simple. No queríamos molestar a los locales con nuestra cámara, así que Myriam hacía como que posaba mientras yo tiraba fotos a diestro y siniestro. En todo momento iba con la cámara desenfundada y sacaba fotos cuando parecía que solo la estaba sujetando. No podíamos irnos de allí sin unas cuantas fotos con las que describiros este intrigante lugar.

 

El suelo hacía de escaparate y agrupaba todo tipo de productos

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Otro de los puestos del mercado repleto de tecnología punta

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Cuando estaba sancando fotos, el tendero nos dijo algo así como que le diésemos dinero. Aceptamos y le dimos un euro. A cambio tiré todas las fotos que quise y alguna más. Era una tienda realmente impactante, así que me puse las botas. Finalmente, le pedí al hombre que se dejase retratatar. Dio su conformidad y se colocó un billete en la boca. Como si quisiese decir que era un auténtico crack de las ventas.

 

Mercader ataviado con el traje del ejército español

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Otra tienda y a la derecha una insólita barbería - peluquería

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Un último vistazo al mercado con el sol a punto de ponerse

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Salimos del mercado boquiabiertos. Fue una sensación muy impactante que hizo replantearnos muchas preguntas. Mientras en un lado del mundo la gente desaprovecha todo, en otros lugares los hay que apuran al máximo cada aparato. Pensando sobre la palabra necesidad seguimos con nuestro recorrido por las calles de Azrou. Todavía no estábamos recuperados y pronto nos vimos metidos en otra.

 

Callejuelas de la medina de Azrou

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Cuando estábamos paseando, un hombre se nos acercó hablando en castellano. Nos dijo que conocía a gente de España y se tiró un rato parlando con nosotros. Luego nos llevó a una tienda donde nos intentó vender de todo. Finalmente nos llevamos unas fundas para los cojines por un precio bastante módico, más aún teniendo en cuenta el trabajo artesanal de las piezas.

 

Antes de la venta, nos sentó y nos invitó a un te

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Cuando salimos de la tienda el día había terminado por completo

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Aprovechamos nuestra estancia en Azrou para ir a saludar a unos amigos de Chus. Fuimos hasta su tienda y estuvimos charlando un buen rato con ellos. Como buenos anfitriones, nos volvieron a obsequiar con un te. Vino el hermano, el padre y casi toda la familia. La verdad es que se alegraron de saber de sus amigos españoles y nos trataron como si nos conociesen de toda la vida. Nosotros también nos sentimos contentos por su acogida y amabilidad.

 

Después de tantos tes regresamos al hotel para abrigarnos

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Panorámica nocturna desde la terraza de la habitación

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En aquella ciudad hacía realmente frío. Durante la estancia en Fez y Meknes habíamos aguantado el invierno marroquí si mayores dificultades. Aquí, sin embargo, tuvimos que abrigarnos con ropa térmica y varias capas de camisetas. De la que elegíamos el modelito, estuvimos haciendo el tonto con una las sábanas de nuestra cama.

 

Visto lo visto, igual era buena idea salir a la calle cubiertos...

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Tonteando con el marcado estilo bereber

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Con casi toda la ropa de nuestras mochilas puesta, salimos a la calle. No había mucha animación y hacía un frío que pelaba. De hecho, como nos comentaron, hasta hacía un par de días hubo nieve en la ciudad. Optamos por ir a tomar unos dulces y un te a una pastelería que recomendaba la guía. Allí nos encontramos con un local lleno de hombres viendo un partido de fútbol: Sporting de Gijón - Barcelona. Menuda coincidencia.  

 

Cualquiera aplaudía al Sporting, más aún siendo la única chica del bar

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Tras el partido de fútbol salimos a dar un último paseo por el pueblo, que parecía desierto. No tardamos mucho en regresar al hotel para descansar. Al día siguiente tocaba madrugar para visitar el bosque de cedros gigantes.

 

Oscuridad plena y gélida en la noche de Azrou

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La plaza principal de Azrou a eso de las diez de la noche

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Ya en el hotel comimos algo y nos fuimos a la cama. Eso si, nos metimos vestidos del frío que hacía. Además nos pusimos por encima así como cuatro mantas. La calefacción no existía, así que había que prepararse para lo peor. A pesar de todo, descansamos plácidamente y nos despertamos con fuerzas para afrontar otra intensa jornada de viaje. Pero eso será otra historia.

Comentarios

Impresionante reportaje, muy buenas fotos y buen texto. Cuando uno encuentra algo no turístico da reparo hacer fotos. Yo me acuerdo cuando era pequeña y no me gustaba que los turístas nos hicieran fotos, era como meterse demasiado en nuestra vida, como si fuéramos algo exótico, cosas de ser de pueblo, en el buen sentido claro¡¡¡¡

jodr macho!!! ya toy deseando que acabes de escribilo... que ganas!!! a ver si curras un poco más...jajaja

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