FOTOS Y VIAJES DE UNA VIDA ...del Vitoko

Península de Hel (Polonia 4)

Después de atravesar el puerto de Gdansk y navegar durante una hora por el golfo, llegamos a Hel. Éste era nuestro destino, un pequeño pueblo de pescadores situado al final de una península de unos 80 kilómetros. La excursión no nos defraudó, pues vimos desde focas hasta restos de la II Guerra Mundial. Todo ello sin olvidarnos del ámbar y del mar Báltico. Un día prácticamente perfécto que supuso la segunda jornada completa del Komando Gorteak en Polónia, la última antes de retornar a casa.

 

Durante el viaje en barco no dejó de llover en ningún momento. Incluso había ratos en los que el aguacero iba a más. No tuvimos más remedio que pasar el resto del recorrido bajo cubierta. Aprovechamos para poner a punto el diario de viaje y para comer algo. Así, cuando llegáramos a Hel, nos podríamos dedicar en cuerpo y alma al destino.

 

Dos horas después de salir de Gdansk, llegamos al puerto de Hel

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Barcos pesqueros nos dieron la bienvenida entre la incesante lluvia

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Cuando pusimos pies en tierra firme, la lluvia era cada vez más intensa. Por unos instantes nos tuvimos que resguardar en un pequeño tejadillo. Parecía que la cosa no iba a mejorar, así que nos escondimos en los chubasqueros y nos fuimos a conocer este pequeño pueblo marinero.

 

Las casas de colores intentaban poner la luz a un día oscuro

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El pueblo no es demasiado grande. A decir verdad, es poco más que una calle. Pero Hel tiene unas cuantas cosas por ver. A parte de ser el punto final de esta península del norte de Polonia, es conocido por unos peculiares habitantes: las focas. Así que sin pensarlo demasiado nos fuimos en busca del "focario".

 

De camino, se hizo la luz y dejó de llover ¿Magia en el golfo de Gdansk?

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A las puertas del focario vimos la primera foca en foto

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El focario de Hel es un espacio donde viven varias focas en cautividad. Es una especie de cercado donde se enseña a la gente el modo de vida de estos animales. Aquí también se hace hincapié en la necesidad de cuidar el medio ambiente para que otros habitantes puedan seguir viviendo. Vamos, una especie de "Paca" y "Tola" pero en formato marino, salvando las distancias, claro está.

 

Panorámica del focario de Hel, uno de los objetivos de la expedición

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Estuvimos un rato disfrutando de los movimientos de estos animales

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La visita al focario fue toda una sorpresa. A parte del precio de la entrada, unos 50 céntimos, su interior nos acercó un poco más al modo de vida de estos curiosos animales que viven en los alrededores de este pueblo. También comprendimos el dicho ese de que estas como una foca. Que cosas.

 

Con uno de los objetivos de la excursión cumplidos, continuamos paseando por Hel. Ya habíamos visto las focas, pero todavía nos quedaban unas cuantas cosas pendientes. Así que seguimos caminando sin rumbo y en busca de pistas que guiaran nuestros pasos. No fue difícil encontrar la dirección correcta.

 

Haciendo apología del asturianismo en la precampaña electoral

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Camiando entre casas y vías del tren

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No dejamos escapar ningún detalle, por pequeño que fuese

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Y poco a poco, nos acercamos a la calle principal de Hel

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Eran algo así como las cuatro de la tarde. Teníamos por delante unas tres horas antes de que el barco partiese rumbo a Gdansk, así que planeamos el recorrido para aprovechar nuestra estancia al máximo. Lo primero fue tomar un café que nos despertó al instante. Lo segundo, dirigirnos en busca del mar Báltico.

 

Una vez más, nos guiamos por las señales

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De pronto, nos metimos de lleno en el bosque

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Era como si estuviéramos perdidos en un lugar fuera del mapa

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Pero estábamos en el buen camino, hacia el faro

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Cuando llegamos a las puertas del faro no nos costó mucho decidirnos por entrar en su interior. Era una manera de poder contemplar la península en todo su explendor y desde las alturas. Desde allí arriba, se aprecia perfectamente el pueblo de Hel, el final de la estrecha franja de arena y las aguas del mar Báltico y del golfo de Gdansk rodeando la zona. Un espectáculo inolvidable.

 

Mira hijo, todo lo que ves a un lado y al otro es agua

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Tras las vistas panorámicas seguimos rumbo al mar

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Desde el faro no había ningún sendero señalizado ni nada parecido para llegar hasta las playas del mar Báltico. Sólo había que aplicar el sentido común y un poco de orientación. Unos minutos después, llegábamos al final de Polonia por el norte.

 

Saludamos al Báltico, un antiguo conocido de otros viajes

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Cuando llegamos al mar, tocamos el agua, hicimos un pequeño intento de baño y decidimos seguir la línea costera hasta Hel. Era un camino mucho más largo que el que habímos realizado, pero nos permitiría llevarnos otra imágen del lugar. Además, descubriríamos el lugar donde se acaba esta península, el mismo sitio donde se unen las aguas del golfo con el mar abierto.

 

El final de la península, uno de los puntos más remotos de Polonia.

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Continuamos el paseo buscando piedras de ámbar entre la arena

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La verdad es que íbamos como auténticos críos en busca de un tesoro. Fue muy divertido e incluso conseguimos pescar unas cuantas piedras de esta piedra semipreciosa. Eso si, fueron piedras bastante pequeñas. 

 

Después de la búsqueda a pie de playa, dimos con un sendero marcado. Seguimos este recorrido y acabamos llegando a una de las muchas construcciones militares que se erigieron durante la Guerra Mundial y que todavía son visibles en la zona. Fue como volver atrás en el tiempo pero con el sonido de las bombas únicamente en nuestra imaginación.

 

Restos de la maquinaria bélica en formato monocromo

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Dentro de uno de los pasadizos

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A cada paso nos encontrábamos restos de la historia entre el bosque

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Complétamente emboscados, continuamos con nuestro paseo por Hel. Fuímos dejando atrás los restos de la contienda y nos aceramos de nuevo al pueblo. A ratos íbamos junto a las playas y otras veces caminábamos entre la vegetación y las trincheras.

 

Las gaviotas marcaban que el puerto estaba cerca

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Pequeño mapa ilustrativo de la zona

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Al llegar al pueblo encontramos un parking. Por suerte íbamos caminando

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Y al poco, entramos de lleno en el puerto pesquero de Hel

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Rincón portuario con los muros gritando por la solidaridad

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Y otro pintoresco apartado del puerto de Hel

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De nuevo estábamos en el lugar en el que comenzamos nuestro recorrido por este núcleo polaco. Todavía faltaba media hora larga para que partiese el barco a Gdansk, así que buscamos una taberna en la que saciar nuestra sed. Aprovechamos para hacer recuento del ámbar pescaso. De unas 30 piedras capturadas, tan solo cuatro daban la sensación de material semi - preciosos.

 

Tras la cervecita de medio litro, nos fuimos a embarcar

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El sol se despidió de nosotros durante el viaje de vuelta

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Entramos en el puerto de Gdansk de noche

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Ya habíamos disfrutado de lo lindo del puerto cuando salíamos rumbo a Hel. Aun así, decidimos salir a cubierta para cubrir esta última parte del viaje en barco. El movimiento de las grúas era mucho mayor que por la mañana. Otro espectáculo difícil de olvidar. Tanto como la llegada a la ciudad por mar.

 

Gdansk nos recibió con su puerta grua envuelta en la niebla

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Dimos un paseo por las misteriosas calles

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La ciudad parecía distinta y más después de llegar navegando

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Cuando llegamos a la ciudad eran más de las diez de la noche. Todavía no habíamos cenado, así que buscamos un lugar en el que calmar nuestro apetito. Una vez más, las horas hicieron que desistieramos en nuestro intento. Acabamos comiendo una pizza, lo único que encontramos abierto, en la plaza principal, junto a Neptuno.

 

Era la última noche en Gdansk y eso se notaba en el ambiente

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La ciudad nos despidió igual que nos dió la bienvenida, pero con niebla

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Aquella noche también dormimos como niños. El día siguente sería el último de este viaje en Polonia. El avíón partía por la tarde, así que tuvimos tiempo para apurar y explorar los alrededores de la ciudad. En el próximo capítulo: Sopot y Oliwa.

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