Aquí os dejo la segunda parte del monográfico HECHO EN AGUILAR. Son todas las fotos que se exhibieron en la exposición homónima que se desarrolló en Muros de Nalón. Juntar de nuevo todas estas tomas no solo servirá para recordar la exposición a quienes la visitaron. También es un guiño a todos los que deseasteis pasaros por ella pero que, por una u otra razón, no pudisteis verla.
Solo espero que haya sido de vuestro agrado. Tanto como para mi el recibimiento y desarrollo que tuvo la exposición. De nuevo, gracias a todos, vecinos y foráneos. Gracias por vuestro apoyo y por vuestras muestras de ánimo. El placer fue mio.
A principios de agosto de 2011 llevé a cabo una exposición monográfica sobre la playa de Aguilar. La muestra, al aire libre, la realice en la plaza de Muros de Nalón, concejo en el que se encuentra este arenal. La exposición, que llevó por título HECHO EN AGUILAR y agrupaba de 65 fotografías en distintos tamaños y soportes, fue visitada por miles de personas. En este post y en el siguiente os incluyo todas las imágenes que conformaron esta muestra.
Sin títulos para dar aun más importancia a la imagen, aquí finalizo este primer capítulo sobre la exposición HECHO EN AGUILAR. En breves, la segunda y última parte.
Al poco de dejar el periódico, aproveché unos días relajados para retomar una vieja costumbre. Después de mucho tiempo sin salir a hacer fotos durante los atardeceres, encadené tres jornadas que dieron buenas tomas. El primero de los días me acerqué a la playa de Aguilar, en Muros de Nalón, encontrándome así con una vieja conocida. Al día siguiente me fui hasta la playa de San Esteban para disfrutar del atardecer en bajamar. Y finalmente regresé a Aguilar para cerrar este tridente de tardes fotográficas. Aquí os dejo las tomas que más me gustaron y las que mejor quedaron. Ahora espero vuestro veredicto para saber si mereció la pena retomar estas viejas costumbres tan divertidas y creativas.
Reflejos durante la bajamar en la playa de Aguilar
Las rocas del Castillo crando una composición llamativa
La vida marina también llamó mi atención
Y subido a las rocas busqué nuevas perspectivas
La tarde era divina, para el paseo y la fotografía
Otra toma de luces y colores por partida doble
Contraluz del Caballar, la peña estrella de Aguilar
Más luces, sombras y reflejos en la playa
Y una última toma para cerrar la jornada
Llevaba varios días sin utilizar la cámara. Salí a tomar fotos casi por instinto. Así que cuando me di cuenta de que me había quedado sin batería fue un poco chasco. Además quedé inutilizado cuando las noche empezaba a llegar. Así que para superar el "trauma" al día siguiente me acerqué hasta la playa de San Esteban, también en el concejo de Muros de Nalón.
Pozos en la playa de San Esteban durante la bajamar
Aprovechando las formas de la roca para crear perspectivas
La tarde avanzaba y con ella llegaban las largas exposiciones
El sol apurando sus últimos minutos antes de dormir en el Cantábrico
Y otra toma más del ocaso de aquella jornada
También tuve tiempo de esconderme en una cueva marítima
Las olas batiendo la costa del concejo de Muros de Nalón
Sus movimientos creaban una atmósfera mágica y misteriosa
Una última imagen, ahora más amplia, de la zona en la que me moví
La playa de San Esteban al final de la tarde
Después de aquella tarde seguía con mono de fotografía. Así que al día siguiente regresé a la playa de Aguilar para apurar las últimas horas de la tarde. Aquella jornada fue menos espectacular en cuanto a colorido y luces. Aun así logre tomar unas cuantas imágenes que me llamaron la atención y que ahora comparto con vosotros.
Un hombre paseando junto a la peña del Caballar
Jugando con el agua y la arena a las formas y las luces
La zona de las cuchillas durante la bajamar
Otra toma de las cuchillas con peña seis al fondo
La última toma de la tarde antes de regresar a San Esteban
Aquella tarde me fui de la playa más pronto de lo esperado. Por un lado Myriam salió a una hora pruedente de trabajar y había que celebrarlo con sidra. Por otro, me sentía poco a gusto en Aguilar. Había más gente de lo habitual a esas horas. Era como si la falta de paz y tranquilidad cohibiese la creatividad. Eso si, para cerrar el ciclo fotográfico seguí con la cadencia de los útlimos días. A la mañana siguiente me fui, aprovechando el buen tiempo, a tomar unas imágenes panorámicas de cara al próximo mercadillo de San Esteban. Aquí están algunas de las seleccionadas.
Panorámica del concejo: el Nalón, Muros y San Esteban en una toma
San Esteban con El Castillo en primer término
Barcas amarradas en el Nalón con Muros al fondo a la derecha
Aproveché la cercanía y me di un paseo junto al río
Los tradicionales embarcaderos de Soto del Barco a modo de cierre
Ni que decir tiene que después de estos días de fotos hubo más salidas. Pero para ello debereis esperar. También ando metido en un par de proyectos de los que en breve os hablaré. Si todo va bien, en poco más de una semana tendreis noticias.
El pasado mes de mayo aprovechamos un descanso entre semana para ir al monte. Una vez más nos marcamos el Parque Natural de Somiedo como destino. En esta ocasión la idea era atacar la cumbre de Pena Chana, de 2068 metros de altura. El día, más estable de lo que esperábamos, nos deparó una ruta circular donde pudimos mezclar la montaña con la etnografía. No sólo hicimos cumbre, también descubrimos lugares mágicos como la braña de Murias Llongas. Un jornada completa por los cuatro costados.
Aquella mañana madrugamos para iniciar pronto la ruta. A eso de las nueve y media de la mañana estábamos tomando un café en Pola de Somiedo. Después nos dirigimos a Valle de Lago, donde comenzamos esta ruta de unos 15 kilómetros de distancia. Allí aparcamos el coche y comenzamos a caminar.
La subida comienza por la ruta que lleva al Lago del Valle
Y tras una primera bifurcación a la derecha, continua por un hayedo
La ruta gana altitud y permite divisar el Valle de Lago en todo su explendor
Brañas de teito en las proximidades de Los Esperones
La ruta que realizamos no está señalizada. Sin embargo, con un buen mapa la navegación durante todo el recorrido no es complicada. Tampoco es una ruta dura a pesar de que se salven unos 850 metros de desnivel de subida y otros tantos de bajada. Eso si, no es un recorrido apto para poco avezados en la montaña.
La pradería de Murias LLongas, un lugar mágico repleto de colorido
Al llegar a esta braña tuvimos la suerte de ver un enorme rebaño de rebecos. Cuando se dieron cuenta de nuestra presencia echaron a correr. Nosotros buscamos el collado que nos llevaría hasta las proximidades de la base de Peña Chana. La cumbre estaba cada vez más cerca. Aun así nos tocó sudar.
El recorrido, cada vez más empinado
Más cerca del collado con el sol pegando de lleno
Llegamos al collado, abajo y el desnivel aumentó
Subiendo y subiendo llegamos a la cresta, que nos regaló vistas de infarto
Subiendo por la cara leonesa de la montaña
Y por fin, al fondo a la izquierda, la ansiada cumbre de Peña Chana
Panorámica aérea desde el cresterío de la montaña
¡Cumbre! Peña Chana, 2.068 metros de altura
Cuando llegamos a la cumbre hicimos un pequeño descanso. No solo teníamos que reponer fuerzas después de la subida. También había que aprovechar para disfrutar de las vistas que ofrece este montaña. Las nubes nos impidieron ver el Cantábrico. Aun así, disfrutamos de lo lindo con las panorámicas de las Ubiñas, del Lago del Valle, de la majada de Llaguezos y de todas las montañas circundantes. Un auténtico espectáculo.
Bajo la cumbre vimos la canal por donde debíamos bajar
Y divisamos, al fondo, Pola de Somiedo
El lago del Valle con Peña Ubiña al fondo a la derecha
Iniciamos la bajada por esta canal que resultó tan llamativa como divertida
A mitad de la canal con el collado del Muñon al fondo en el centro
Myriam salvando el desnivel de la bajada
Una toma más de la canal que descendimos desde abajo
Y una última imagen de la bajada desde el collado del Muñón
Una vez superada la canal, sin duda la zona menos fácil de la ruta, aprovechamos para comer. Lo hicimos en el collado del Muñón. Allí, junto a una charca, saboreamos unos bocadillos mientras nuestros ojos se debatían entre la mole de Peña Chana y las vistas a los valles somedanos. Al final, hubo tiempo para todo.
La ruta, ahora siempre descendente, nos llevaría a la braña de Sousas
Paisaje abrupto en la zona alta de Somiedo
La braña de Sousas, repleta de cabanos o corros de piedra
Ubicada en un circo glaciar de indudable belleza
Después de un breve descanso nos despedimos de este lugar bucólico
Desde la braña de Sousas, considerada una de las más interesantes del Parque dada su antiguedad, la ruta se hace más llevadera si cabe. El sendero se convierte en una pista que nos va llevando sin prisas ni fuertes pendientes hasta Valle de Lago. Durante este trayecto disfrutamos de la sombra del hayedo y de los miradores. Toda una delicia para cerrar una muy buena jornada de montaña.
Tras una jornada de sol abrasador, la espesura del bosque se agradecía
Teito solitario entre brezos, valles y montañas
Asomados al abismo del mirador de Peñafurada
Al divisar Valle de Lago comprendimos que la ruta tocaba a su fin
Cuando llegamos al coche, unas siete horas después de partir, comenzó a llover. Nos cambiamos las botas y bajamos en busca de un bar para cerar el día como se merecía: Una cerveza fresca mientras comentábamos una excursión de sobresaliente.