Antes de ponerme con el viaje familiar a Amsterdam y con la aventura marroquí de hace unos días, quiero compartir con vosotros una selección de fotos del mes de enero. El primer mes del año estuvo marcado por la nieve. Y por ello esta tanda de imágenes está plagada de blanco. Hago un pequeño refrito de fotos que saqué durante el temporal. Espero que sean de vuestro agrado.
Después de varios días anunciando nieve a nivel del mar, se cumplió la previsión. El nueve de enero San Esteban y el resto del Bajo Nalón se despertaron cubiertos de blanco. Me tiré de la cama cuando todavía no había salido el sol. Me abrigué y me fui a sacar unas cuantas fotos. Aquí una pequeña selección.
San Esteban (y la huerta) cubierta de una ligera capa de nieve
La playa de los Quebrantos desde el mirador del Espíritu Santo
Carretera del Espíritu Santo a la altura de Muros de Nalón
La playa de Aguilar vestidita de blanco
Hice un montón de fotos, os dejo solo un par de ellas para no aburrir
Somao nevado con el mar Cantábrico al fondo
También estuvo nevando en Cudillero
Fue un día plagado de tormentas, ésta vista desde casa
El día siguente, 10 de enero, me hicieron un encargo bastante peculiar en el periódico. La orden fue la siguiente: "Lee la nota del 112 con los pueblos aislados. Elige uno y vete a hacer un reportaje". Lo peor de todo es que me avisaron a la una de la tarde cuando en poco más de tres horas volvería a helar.
Por suerte Myriam libraba y me acompañó. No perdimos ni un segundo y nos fuimos a Castañedo del Monte, en el concejo de Santo Adriano. Después de más una hora de viaje (lo normal es poco más de 30 minutos) llegamos al lugar desde el que parte la carretera de acceso a Castañedo. Cinco kilómetros de placa de hielo nos separaban de nuestro objetivo. Nos apeamos y subimos caminando.
El 205 no tenía tracción para circular sobre el hielo
Vistas de la carretera hacia Teverga
A mayor altitud, mayor cantidad de nieve
Un coche que se salió de la carretera y fue parado por un árbol
Eva y Daniel llegando a Castañedo del Monte
La imagen del pueblo era plenamente invernal
Para el que le apetezca, el reportaje está en el siguiente enlace.
http://www.lne.es/asturias/2010/01/11/bulnes-lado-oviedo/857987.html
Poco después, me fui hasta Somiedo para hacer otro reportaje. En esta ocasión la intención era pasar una jornada con los encargados de las quitanieves. Estaba claro que el año no podía comenzar de manera más blanca.
Por suerte, aquel día no nevaba demasiado
Oscar Feito poniendo las cadenas al camión
Nieve como para aburrir en Valle de Lago, a 1.200 metros de altitud
Francisco Feito a los mandos de la quitanieves
Una más desde el interior del camión
El reportaje completo también lo podeis leer en el siguiente enlace:
http://www.lne.es/asturias/2010/01/14/asturias-angeles-gelidos-carreteras/859333.html
Aprovechando que estaba por allí y después de bajarme de la quitanieves, me fui hasta el pueblo de El Puerto para ver como llevaban el invierno. Por suerte, el Alcalde me acompañó y me subió en todo terreno, pues la carretera estaba más que complicada. Antes de subir a las alturas (el pueblo está a 1.500 metros de altitud), nos acercamos a un mirador cerca de La Pola para tener una visión de conjunto.
Pola de Somiedo desde las alturas
De camino al puerto nos sorpendió un alud de nieve
Esperando a que las máquinas abrieran camino para poder pasar
Panorámica del pueblo de La Peral en el Parque Natural de Somiedo
Finalmente llegamos a El Puerto, con más de dos metros de nieve
Llegó un momento en el que me creí estar en Alaska
En principio, la idea era hacer un reportaje de cómo vive la gente a 1.500 metros de altura. Pero cuando llegamos todo cambió de repente. Nos avisaron de que había un parto de vaca. Así que allí nos fuimos. Cuando me quise dar cuenta estaba metido en una cuadra con más de cien animales. Allí los vecinos peleaban para colocar la placenta a la madre parturienta. Para evitar herir sensibilidades y vómitos omitiré detalles y solo subiré dos fotos. Para mi fue lo más natural que he visto a pesar de las salpicaduras.
Los vecinos de El Puerto colaborando en el parto
Tras el trabajo bien hecho, llega el descanso
Cuando quisimos salir de allí era de noche. Solo tuvimos tiempo de regresar al coche y bajar hasta la Pola. El viaje duró más de media hora dadas las condiciones de la calzada. Eso si, el pueblo de El Puerto se mostró puramente invernal.
Salimos de la cuadra con nocturnidad y alevosía
Estampa de blanco y amarillo luminoso
La carretera estaba de esta guisa..... despacito y buena letra
Un último vistazo a El Puerto, el pueblo más alto de Somiedo
También os dejo el enlace al reportaje que salió publicado:
http://www.lne.es/occidente/2010/01/26/nieve-vive-puerto/864465.html
Después de tanta nieve y a pocos de días de irme a Amsterdam con mi madre y mis hermanos, llegaron las inundaciones. Los ríos asturianos se desbordaron y provocaron numerosos daños. En la siguiente imagen, que utilizo para cerrar el capítulo, el río Nalón desbordado a su paso por Pravia.
Con el agua al cuello, el río inundó el polideportivo
Espero que os hayan servido para recordar que aún estamos en invierno. En breves, más, mejor y más variado. Amsterdam ya está al caer.
El de diciembre fue un mes de temporales de mar y de nieve. La mar estuvo revuelta buena parte del mes y la nieve llegó a cotas bajas en toda Asturias. Aquí os dejo unas cuantas fotos de este mes en las que hay un poco de todo. Desde imágenes de la fuerte marejada en San Esteban hasta una excursión de medio día que nos marcamos por Somiedo. También hay alguna que otra foto de la comarca del bajo Nalón cubierta por la nieve y las nieblas. Que las disfruten.
Las olas saltaron, una vez más, por encima del faro de San Esteban
Era prácticamente imposible caminar por toda la barra
Las olas chocaban con fuerza y estruendo
Y la mar se mostraba bravía e indomable
Un día que nevó en cotas bajas, nos fuimos a dar una vuelta por la comarca para ver la nieve sin tener que movernos demasiado. Así que nos acercamos hasta la zona de Ablanedo, en Pravia. Allí la nieve nos ofreció paisajes de ensueño.
Panorámica de Pravia desde Recuevo
La niebla jugando con la nieve cerca de Malleza (Salas)
La nieve y la niebla dieron paso a unos cuantos vinos por la zona
También en diciembre, aprovechamos un día descanso para hacer una pequeña incursión a la nieve. La helada que cayó ese día hizo que el viaje a Somiedo, que normalmente dura un poco más de una hora, se convirtiera en un peregrinaje de más de dos horas. Aun así, la ruta mereció la pena. Una vez en Somiedo nos fuimos hasta Coto de Buenamadre para hacer una pequeña excursión invernal. Nos dirigimos hacia la braña de Mumián.
Llegando a pie a Coto de Buenamadre
¡Caramba! ¡Qué carámbanos!
Myriam sopesando un buen "chupitel"
Panorámica invernal de Urria, Somiedo
Vista general del pueblo de Coto de Buenamadre
La nevada era considerable, más de medio metro
No era la primera vez que hacíamos esta ruta. Sin ir más lejos, el año pasado la hice en otoño. La ruta discurre por una pista que obviamente aquel día no se veía. Hicimos el recorrido sin problemas y sin perdernos. Eso si, caminar por la nieve no fue tarea fácil. A pesar de que íbamos siguiendo las huellas marcadas, a veces nos clavábamos hasta la cintura. Verídico.
Atravesando el hayedo vestido de blanco
Seguíamos subiendo a buen ritmo y cada vez encontrábamos más nieve
El lugar inspiraba tranquilidad y naturaleza a borbotones
Finalmente salimos del bosque en busca del collado
Allí el viento creaba formas y dibujos
Pasos profundos sobre el manto de nieve
Desde el collado divisamos montañas hasta el mar Cantábrico
La ventisca era tan fuerte que nos impedía avanzar hacia la braña de Mumián
Así que hicimos unas fotos y regresamos por donde habíamos subido
A la bajada se repitieron las postales invernales
Nieve pura pisada únicamente por los animales del bosque
Ya en Coto, la ventisca volvió a aparecer para nuestro disgusto
Serían las cuatro de la tarde cuando llegamos al coche. Ya estaba helando, así que no nos entretuvimos demasiado y regresamos a casa. La jornada, aunque corta, había sido tan intensa como gratificante. Como para repetir.
A finales de noviembre y aprovechando una mañana de descanso, nos acercamos a Santo Adriano para realizar una de las rutas más conocidas de Asturias: la ruta de las Xanas. Después de cuatro años por estos lares, todavía no había hecho este recorrido, así que no nos lo pensamos demasiado y optamos por aprovechar la mañana en el monte. A eso de las nueve ya habíamos aparcado el coche en el aparcamiento.
La ruta de las Xanas recorre un expectacular desfiladero que al final se hace corto. La duración de la ruta, que se puede realizar de manera circular o por el mismo recorrido, supone más o menos tres horas. Además, su trazado la hace apta para todo tipo de público, si bien hay que tener cuidado con los más pequeños dado lo expuesto del sendero. Es una muy buena opción para salir al monte cuando apenas hay tiempo para excursiones más largas e intensas. Además, está muy cerca de Oviedo.
Aparcamos cerca de Villanueva, capital del concejo de Santo Adriano
No tardamos en entrar en el desfiladero de Las Xanas
Primeros vistazos al profundo corte
Caminando entre rocas de colores
El paisaje abrupto marcaba el paso y el ritmo
En las zonas más expuestas, las cuerdas aseguran al caminante
Vista general del valle con el camino a la izquierda
De vez en cuando volvíamos la vista atrás para seguir disfrutando
El paseo fue transcurriendo con tranquilidad. En toda la mañana solamente nos encontramos con dos paseantes y con otros dos vecinos. La zona es muy apacible aunque en verano y los fines de semana suele estar más concurrida. El desnivel no es muy intenso y el paisaje va cambiando mientras se sube. Nosotros marcamos un buen ritmo desde el principio. Quizás por el mono de monte.
Llegando a la parte más espectacular de la ruta
La ruta de las Xanas, conocida como el pequeño Cares
Abriendonos paso entre piedras calizas
Entre rocas y literalemente colgados del abismo
Cruzando el último de los túneles y abandonando el desfiladero
Tras el cortado llega el turno del bosque
El castañedo nos recibió vestido de otoño
El río aportando magia y misterio al paseo
Colores y frutos del otoño
Dicen que aquí aparece la xana, hada mitológica que vive en aguas cristalinas
Por el bosque dimos con este majestuoso haya
Y con escaleras hechas con traviesas de tren
Una vez que se abandona la zona del desfiladero, la ruta trasncurre por el bosque. Al final de éste se bifurcan los caminos. Lo más lógico es seguir subiendo hasta que se llega a un collado próximo al pueblo de Pedroveya (Quirós). En este punto se puede continuar con otros recorrido más largos por las proximidades de la sierra del Aramo. El lugar es de esos que enamoran.
Llegando al collado con el desfiladero al fondo
Panorámica del núcleo de La Rebollada desde el collado
El majestuoso tejo de Pedroveya, uno de los puntos más altos de la ruta
La ruta de las Xanas se puede realizar de múltiples maneras. Desde hacer la ida y la vuelta por el mismo camino hasta realizar varias rutas circulares. Nosotros optamos por seguir el recorrido hasta Dosango para bajar desde allí al aparcamiento donde habíamos dejado el coche. Pero hay más opciones, todas muy interesantes.
Callejeando por Pedroveya y buscando el camino a Dosango
Panorámica del núcleo de Dosango (Santo Adriano)
La ruta de bajada desde Dosango tiene su aquel. Está claro que no es tan espectacular como caminar por el desfiladero, pero sirve para entender un poco mejor el paisaje y el paisanaje de la zona. Como toda zona kárstica, cuenta con simas, rios ciegos y demás. Primero se baja por una carretera y luego por una empinada pista que cruza un bosque de castaños.
Una buena manada de buitres salió a nuestro encuentro
Castañedo coloreado y visto desde las alturas
Los últimos pasos fueron por bosque
Cuando llegamos al coche eran las doce de la mañana. Habíamos logrado aprovechar el escaso tiempo libre de aquel martes. Y habíamos rendido tributo a una de las rutas más conocidas de Asturias. Sin duda, un recorrido que merece la pena.
A principios del mes de noviembre organizamos la tradicional quedada de los amigos del otoño. Un año más nos reuníamos para disfrutar del colorido, la montaña y los frutos del bosque. Sin embargo, en esta ocasión el tiempo nos jugó una mala pasada y la excursión se tuvo que amoldar a una pésima climatología. Nieve, granizo, lluvia... Un fin de esos en los que salir al monte es una locura. Aun así, lo intentamos. Nos fuimos hasta Lanestosa para conocer la cabaña de "El Carni" y allí planificamos una ruta por los collados del Asón. Fue un fin de semana donde a parte de la montaña también hubo cultura y diversión. Para repetir. Eso si, con mejor tiempo.
El viernes nos fuimos directos a Ramales de la Victoria (Cantabria). Allí habíamos quedado con mi hermano Alberto, con Jon Otoño y con su tío, al que hacía tiempo que no veíamos. Mientras llegaron los contactos, nosotros nos dedicamos a tomar vinos por los bares del pueblo. Luego nos fuimos a Lanestosa, donde tomamos la última. Con la noche bien entrada, finalmente llegamos a la cabaña del Carni. Todo un lujo en un paraje impresionante y tranquilo.
Durante la noche del viernes conseguimos que "Angie", se uniera a la excursión de amigos del otoño. Hiciese como hiciese, intentaríamos dar un pequeño paseo por los collados del Asón. Así lo hicimos.
El sábado amaneció lluvioso camino de los collados
La premisa fue clara. El paseo terminaría cuando nos mojáramos los gayumbos. Sin embargo, nada más salir del coche ya estábamos completamente empapados. Así que planeamos una excursión más o menos corta para no quedarnos con las ganas de monte. "Angie" hizo de anfitrión y nos guió como un auténtico profesional.
Empezamos el recorrido calados hasta los huesos
La lluvia era tan intensa que desbordaba los riachuelos
El paseo transcurrió entre fuertes aguaceros. Eso impidió que sacara más fotos de la zona. Llovía tanto que tenía miedo a estropear la cámara. Aun así, el recorrido mereció la pena. "Angie" nos llevó hasta una zona concida como "Manhatan". Una especie de cueva donde se ve como dos enormes piedras se alzan y se juntan en la parte superior. Un lugar de esos a los que hay que volver.
La única parada que hicimos fue en la cueva para comer. Allí aproveché la coyuntura y el sotechado para sacar la cámara y tirar unas cuantas imágenes. No me podía ir de allí sin traeros unas cuantas fotos para mostrar este lugar tan increible.
Moviendo los carrillos junto a un desnivel de aúpa
Formas kársticas junto al comedor que encontramos
Cueva por la que siguió el recorrido por los collados del Asón
Los collados del Asón, es uno de los lugares más mágicos de Cantabria. Se trata de una zona donde abundan las cuevas, las simas, las dolinas y todo lo que tiene que ver con la roca caliza. El lugar es sobrecogedor y tiene miles de recovecos. Un sitio al que hay que volver de todas todas.
Después de la comida tuvimos que reptar por la cueva de la foto superior. Cuando salimos del agujero, nos encontramos un fuerte desnivel cubierto de granizo. La bajadita fue peligrosa y nos tuvimos que agarrar a las hierbas para poder bajar sin caérnos. Un despiste hubiese significado un buen susto.
Superado el susto, siguieron las emociones
Caminando entre altos paredones
Alberto con las manos congeladas por la bajada
Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos más o menos fuera de aquel laberinto kárstico. Solamente nos quedaba bajar de la montaña y llegar hasta el coche. Cuando creímos que no tendríamos más sustos, el cielo se estremeció. Un enorme trueno nos hizo apresurar el ritmo de la bajada.
Todavía nos quedaba una hora de tormenta por delante
La nieve y el granizo no impidieron que disfrutasemos de las vistas
La expedición bordeando unas peculiares rocas
Myriam llegando al peñón conocido como el pequeño Urriello
"Angie" posando para la eternidad en un inolvidable día de monte
Al mirar abajo ya intuíamos el final de la excursión
Después de casi tres horas de marcha llegamos al coche. Estábamos más que empapados. Eso si, la escursión había merecido mucho la pena. Nos cambiamos y aprovechamos para acercarnos a ver la cascada del nacimiento del río Asón.
"Angie" inmortalizando el momento
La cascada se mostraba exhuberante
Todavía con la humedad en el cuerpo, regresamos a la cabaña del tío de Jon. Allí nos fuimos turnando para ducharnos mientras los cocineros preparaban la comida. La ducha fue como el climax de la excursión por los collados del Asón.
Contraluces en la cabaña de Jose "El carni"
Jon y Carni mirando a traves de la puerta como seguía lloviendo
Alberto dando buena cuenta de los champiñones regados con vino
Después de la ducha y la comida, aprovechamos para ir a conocer el resto de las cabañas del barrio. Alberto se quedó echando una siesta y Jon, Carni, Myriam y yo nos fuimos a conocer un par de cabañas que esta cuadrilla tiene en Lanestosa. Una auténtica gozada.
Una intrigante imagen de la cabaña de "Estrope"
Después de la escursión de la tarde, en la que no faltó el paseo en todoterreno, regresamos a la cabaña de Carni. Luego bajamos a Lanestosa a tomar unas degustaciones y unas cuantas espuelas. Allí pasamos buena parte de la noche entre risas, pequeñines y tragos. Además, conseguimos hacer un buen grupo para visitar, al día siguente, la cueva de Covalanas.
El domingo nos acercamos hasta esta cavidad situada entre Ramales de la Victoria y Lanestosa declarada Patrimonio de la Humanidad por la Hunesco. El lugar en el que se encuentra es impresionante, pero aún más son sus pinturas rupestes, de una gran calidad artística.
Panorámica de los alrededores de la cueva
La cuadrilla camino de la cueva de Covalanas
Entrando en la cavidad (perdon por la fotografía)
Lo de visitar la cueva de Covalanas fue todo un acierto. El guía nos hizo una soberbia explicación de todo lo que pudimos ver. A parte de las características de esta y otras cuevas, hizo mucho hincapié en la importancia de las pinturas que allí se guardan. No hay duda de la calidad pictórica de quienes hicieron estas pinturas prehistóricas. A pesar de su antiguedad, ya se ve en ellas aspepectos tan modernos como la perspectiva. Todo un derroche de creatividad y misterio. Una vez más, gracias al guía por la interesantísima visita y perdón por las fotografías.
Tras la visita nos fuimos a tomar el vermouth a Lanestosa
Y aprovechamos para conocer este pueblo de Bizkaia
Balcones en el lejano oeste del País Vasco
Jon departiendo con una vecina del pueblo
Una de las viviendas muchas casas tradicionales de Lanestosa
La Pampa, el bar en el que pasamos el fin de semana
Una curiosa piedra aparecida recientemente
Cuando nos quismos dar cuenta eran las tres de la tarde y seguíamos con el vermouth. El tiempo ya corría en nuestra contra y nos fuimos a la cabaña a comer. Allí pasamos las últimas horas del fin de semana mientras las nubes seguían acechando la zona.
Oscuros nubarrones marcaban el primer temporal de invierno
Luces divinas como aperitivo a la comida
Después de comer, hicimos las mochilas y emprendimos el viaje de vuelta a nuestros respectivos hogares. Alberto se fue para Valladolid, y Jon, Myriam y el que suscribe nos acercamos hasta Laredo para comprobar si el temporal también afectaba a la mar.
Una toma artística del temporal para concluir el fin de semana

Regresamos a casa recordando lo bien que lo habíamos pasado. La excursión montaraz fue muy gratificante a pesar de la lluvia. Y también lo fue la estancia en Lanestosa. En la cabaña del Carni nos sentimos como en casa, y en el pueblo nos trataron como si nos conocieramos de toda la vida. Enseguida formamos parte de la cuadrilla. Así que no queda otra que repetir. Seguro.